Opinión

Humanismo Mexicano, guía para el futuro que ya camina en la justicia

Ernestina Godoy Titular de la FGR

En un país que ha transitado de la memoria de sus luchas a la construcción concreta de instituciones más cercanas al pueblo, el liderazgo de la Fiscal General, Ernestina Godoy representa un ejemplo vivo del humanismo en acción. Bajo su dirección, la procuración de justicia no es solo un aparato técnico de persecución del delito, sino un instrumento de democratización real, una justicia que mira a las víctimas, desmantela estructuras de impunidad y coloca la dignidad humana en el centro de cada carpeta de investigación.

El reciente evento del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), donde se conmemoraron cincuenta años de esta institución fundamental para las ciencias penales, ofreció un espacio privilegiado para reflexionar sobre el rumbo de México. El Humanismo Mexicano no es una etiqueta retórica, es una tradición que hunde sus raíces en la Independencia, la Reforma, la Revolución y el constitucionalismo social, y que hoy encuentra expresión práctica en políticas que priorizan a los más desprotegidos.

Su gestión ha impulsado una transformación profunda, pasar de una justicia fragmentada, que perseguía hechos aislados, a una procuración estratégica que ataca fenómenos criminales de alto impacto. El Plan Estratégico de Procuración de Justicia 2026-2029 refleja precisamente este giro humanista, priorizar casos complejos, utilizar inteligencia y evidencia, y articular capacidades institucionales para comprender la estructura completa del daño. Facturación falsa, lavado de dinero, contrabando de hidrocarburos o defraudación ya no se tratan como incidentes aislados, sino como redes que afectan la hacienda pública, la competencia legítima y, en última instancia, los recursos destinados a salud, educación y bienestar social.

Uno de los aportes más significativos del liderazgo de la fiscal, ha sido precisamente “ver lo que por décadas fue invisible”. La Fiscalía ha avanzado en perspectivas de género, en la investigación integral de delitos que afectan a colectivos y en la articulación con otras autoridades para proteger bienes jurídicos superiores. El feminicidio dejó de ser un “crimen pasional” para ser reconocido como violencia estructural. De igual forma, las redes de corrupción fiscal o energética se investigan hoy con una lente que entiende su impacto social; cada peso defraudado es un hospital sin equipo, un camino sin mantenimiento o una beca que no llega.

Esta democratización de la justicia tiene como brújula el Humanismo Mexicano, la técnica al servicio de las personas; la inteligencia artificial como herramienta y no como sustituto de la ética; y el amparo como mecanismo vivo de protección frente al poder. Como recordó la reflexión en el INACIPE, el amparo, herencia de Rejón y Otero, sigue siendo esencial en la era digital. Toda forma de poder, incluso algoritmos o bases de datos, debe estar sometida a control constitucional.

En un mundo de tensiones geopolíticas, disputas por recursos y avances tecnológicos acelerados, México necesita esta brújula. El Humanismo Mexicano nos recuerda que la soberanía se ejerce protegiendo a los más vulnerables, regulando el poder económico cuando daña el interés colectivo, y manteniendo una política exterior de no intervención y respeto, como lo han encarnado las administraciones recientes.

Regresando al INACIPE, queda claro que formar juristas, ministerios públicos y peritos con criterio técnico y conciencia pública, es clave. La tarea no termina en aplicar el Código Penal, se trata de formar operadores que vean “el país dentro de una carpeta de investigación”. Que conviertan inteligencia en verdad jurídica, verdad en responsabilidad y responsabilidad en reparación.

El humanismo no es nostalgia. Es guía para el futuro porque protege más vidas, repara más daños y construye una República donde la dignidad no tenga que pedir permiso. En las manos de instituciones como la Fiscalía General de la República y el INACIPE, y bajo liderazgos comprometidos con esta tradición, ese futuro se vuelve no solo imaginable, sino tangible. México avanza. Y en esa marcha, la justicia humanista no puede ni debe llegar tarde.

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