
Con mucho interés leí la semana pasada un artículo publicado por el Dr. Adrián Soto, exalumno y ahora buen amigo y colega. El estudio analizó algunos aspectos que tienen que ver con el comportamiento entre mujeres y hombres en relación con la elección de la especialidad médica y las reglas alrededor del examen nacional de residencias médicas (ENARM), así como con las diferencias de estimación de desempeño personal entre hombres y mujeres. El estudio conjuntó a un grupo de colaboradores de diversas disciplinas, lo que enriqueció el trabajo.
El estudio publicado en la revista BMC Medical Education (doi.org/10.1186/s12909-025-07568-y) mostró datos claros de dos cosas. Una que suponíamos y la otra que ya sabíamos, pero de las cuales no existía la evidencia analizada. Qué refrescante es para un científico como yo, ver los datos que comprueban o rechazan una hipótesis que por años se ha tenido y más aún, cuando los datos emanan de nuestra propia población y no importada de otras latitudes.
La que suponíamos. Existen elementos que hacen inequitativa la forma en que las mujeres o los hombres optan por una especialidad médica. Dado que dicen los autores que las mujeres tienden a ser menos arriesgadas al aplicar a una residencia médica competitiva, analizaron el efecto de saber o no saber el resultado de su desempeño en el examen para esa toma de decisiones. Antes de 2021, los candidatos tenían que decidir la especialidad a la que aplicaban antes del examen. Esto cambió en 2021 y 2022, en que la decisión de a qué especialidad aplicar se hizo después de que él o la candidata conocieron su resultado. El estudio se concentró en las cuatro especialidades con ingreso más competitivo: medicina interna, cirugía, otorrinolaringología y oftalmología. Antes de 2021, la proporción de mujeres que aplicaban a medicina interna o cirugía era significativamente menor que en los hombres, diferencia que desapareció en 2021-22, en que las mujeres, ya conociendo su resultado, fueron más decididas a aplicar por estas residencias. Es interesante que, en las otras dos especialidades competitivas, la proporción entre hombres y mujeres era similar desde antes del 2021 y no cambió en 2021-22, pero las razones de las diferencias con medicina interna o cirugía no se analizaron.
La que ya sabíamos. Los hombres médicos somos más propensos a sobreestimar nuestro desempeño que las mujeres médicas y que los hombres o mujeres de otras licenciaturas (biociencias, nutrición y psicología). Dicho de otra forma, sin afán de ofender a nadie, los hombres médicos nos creemos más de lo que somos o tenemos más confianza en nosotros mismos. En los exámenes de estas licenciaturas, aunque el promedio de calificación obtenido por hombres y mujeres fue similar, los hombres médicos tienden a predecir calificaciones más altas de las que obtienen. Digo que es algo que ya sabíamos, pero no teníamos datos, porque, para quienes llevamos 30 años de contacto continuo con estudiantes de diversas disciplinas (medicina, investigación biomédica básica, biología, nutrición, química) nos queda claro que, los hombres médicos tienen mayor tendencia a la sobreestimación del desempeño.
Es una pena que comentan en el estudio que la posibilidad de escoger la especialidad una vez conocido el resultado obtenido en el ENARM fue eliminada en 2023. En la actualidad se debe escoger la especialidad antes de conocer el resultado. Me parece que los autores deberían de enviar su artículo a los tomadores de decisiones al respecto, porque con estos datos, se podría argumentar que tener que decidir la especialidad deseada, antes de conocer el resultado del examen, es un atentado en contra de la equidad de género.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM