
En medio del caos que ha devorado a Venezuela durante más de dos décadas, emerge una voz que desafía el statu quo con una claridad brutal: Eduardo Bittar, coordinador general de Rumbo Libertad. Su liderazgo no es solo una crítica al régimen de Nicolás Maduro, sino el motor de una contrarrevolución que promete desmantelar el chavismo en todas sus formas. Bittar representa una tercera vía, ajena al bipartidismo corrupto que ha mantenido al país en un ciclo de opresión.
Mientras el mundo observa la caída de Maduro, la narrativa de Bittar gana eco, posicionándo como la triunfante en este proceso de liberación. Bittar no se limita a denunciar las atrocidades del régimen madurista: la represión, el hambre inducida, la alianza con narcoterroristas y el saqueo de recursos nacionales. Él va más allá, acusando a lo que denomina “opoficción” –una oposición ficticia que ha actuado como comparsa del chavismo–. En un país donde la disidencia verdadera es encarcelada, torturada o exiliada, creer en una oposición real era una ilusión colectiva. Bittar lo ha repetido incansablemente: figuras como Juan Guaidó no fueron más que “fichas del chavismo”, participando en elecciones fraudulentas y diálogos interminables que sólo prolongaron la agonía. Otro ejemplo recurrente en sus declaraciones es la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que él equipara al PSUV: ambos son caras de la misma moneda socialista, cómplices en un pacto que data de 1958 y se radicalizó en 1998. Estos “colaboracionistas” han legitimado el régimen al sentarse en mesas de negociación, permitiendo que el crimen organizado se enquiste en el poder mientras el pueblo sufre.
Esta denuncia no es retórica vacía; Bittar exige una restauración sobre cimientos nuevos. No basta con reformas superficiales: hay que abolir la Constitución chavista y sus instituciones corruptas, reemplazándolas por un Estado mínimo que respete la propiedad privada, permita el porte de armas para ciudadanos de bien y aplique justicia implacable contra los corruptos. Esta visión radical explica por qué figuras como Donald Trump y Marco Rubio no han dado un respaldo completo a María Corina Machado. Trump, en declaraciones recientes, ha cuestionado su liderazgo, argumentando falta de control militar y rechazo a negociaciones con el chavismo, prefiriendo una línea dura que resuena con la de Bittar, alineado con esta postura, ha enfatizado la necesidad de erradicar el narcoterrorismo sin concesiones, distando de la “narrativa épica” de Machado que, según críticos, va a perpetuar divisiones, Bittar alineado con el movimiento Trump, predijo este giro: “No negociamos con la tiranía; la destruimos”.
La vía de Bittar no solo transforma Venezuela; promete ser la que dé más de qué hablar en la suplantación total y radical del chavismo. Su llamado a una “rebelión” –con énfasis en Dios, patria, familia y libertad– ya resuena más allá de las fronteras. En México, donde un contubernio similar entre el régimen de Morena y una oposición complaciente ha permitido estocadas al pueblo, como reformas que erosionan instituciones democráticas y concentran poder, la causa de Bittar encuentra ecos profundos. Aquí, la “opoficción” mexicana ha dejado consolidar ataques a la libertad económica y la autonomía judicial, espejo a el desastre venezolano. Bittar ha advertido que el socialismo exportado desde Caracas infecta la región, y México no es inmune. Es hora de abrir los ojos y poner las barbas a remojo. Sigamos atentos a Bittar: su contrarrevolución no es solo para Venezuela, sino una lección para América Latina. Si México ignora esta tercera vía, podría repetir el ciclo de ilusión y traición. La libertad no se negocia; se conquista. Bittar lo demuestra, y su triunfo podría inspirar el nuestro.