Opinión

CDMX: animal-friendly city

Salvador Guerrero Chiprés: "CDMX: animal-friendly city"
Salvador Guerrero Chiprés CDMX: animal-friendly city

El rescate en el Refugio Franciscano confronta con una realidad codificada en la arquitectura legal y política de la Ciudad de México: la sintiencia animal, el reconocimiento explícito constitucional como sujetos de una vida merecedora de condiciones mínimas de dignidad y la respuesta airada y no necesariamente justificada de segmentos de la sociedad civil más dispuestos a cuestionar a la autoridad cuando rescata valores y en consecuencia seres sintieses que a quienes deberían protegerlos de acuerdo a su propia autonombrada misión.

Al declarar a los animales seres sintientes, la CDMX fijó un mandato legal exigente de resultados concretos, donde el hacinamiento, enfermedad y olvido es anomalía ética en una ciudad autodefinida como “animalista” y de derechos para todos. La neutralidad frente al dolor es imposible cuando el cuidado deja de ser caridad voluntaria y se convierte en tarea institucional.

No hay antecedente de una intervención de esta magnitud en la historia de la ciudad, no solo por el número de animales salvados, sino por la claridad del mensaje: una ciudad los protege y se niega a normalizar la crueldad; antepone el interés superior del bienestar por encima de disputas privadas, en alineación con tendencias globales y modelos que priorizan la rehabilitación, adopción y seguimiento. El énfasis de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, es la demostración de la relevancia del rescate más grande en la historia de la capital. Ahora plantea la necesidad legislar la regulación de refugios y albergues.

La Ciudad de México no inventó la preocupación por el bienestar animal, pero sí la convirtió en una obligación institucional. Mientras ciudades como Viena, Ámsterdam o Barcelona avanzan hacia modelos animal-friendly, la capital mexicana se coloca en una conversación internacional solamente marginalizada por ciertos atavismos de las propias organizaciones obligadas a cumplir su propia misión. El rescate es señal de alineación con una revolución global silenciosa, donde los derechos animales dejan de ser una causa de nicho para convertirse en estándar de civilidad y son parte de la identidad emergente de amplios segmentos sociales.

El filósofo Peter Singer, en Animal Liberation, argumenta: el especismo es una forma de discriminación análoga al racismo o el sexismo, abogando por el principio de igual consideración de intereses, según el cual el sufrimiento de un animal tiene similar peso moral al del sufrimiento humano. La acción del gobierno capitalino es una aplicación práctica de este principio. No explica ciertamente mucho respecto de otros seres

sintientes como las inapreciadas ratas y otros animales sujetos al sacrificio para bien del humano alimento. Inquietante disrupción, sí.

El abandono prolongado, envuelto en afecto, no puede justificarse como autonomía por parte de los organismos privados con problemas con sus semejantes inhabilitados para satisfacer su propia misión.

El trato digno a los animales es indicador de justicia social sin competir con otras urgencias. Dialoga con ellas. La correlación entre las agresiones hacia los seres sintientes y otras formas de violencia estructural como la familiar es nuestra agenda como debería serlo para todos los organismos en cuestión reconocer la dimensión del rescate encabezado por Brugada, siempre acompañada de Iztli, una perrita cercana a la cotidianeidad del gabinete en la CDMX.

Un gobierno humanista se reconoce por cómo protege a quienes no tienen voz. La ciudad de derechos se expande, incorpora a los animales y asume el costo político de hacerlo.

En el debate público habrá desacuerdos y tensiones. La capital nacional ha decidido estar del lado de una tendencia global que entiende el cuidado como una forma avanzada de gobierno y se perfila como una animal-friendly city en el sentido más profundo, territorial e identitario.

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