Opinión

El petróleo como mal negocio

Rafael Cardona: El petróleo como mal negocio
Rafael Cardona El petróleo como mal negocio

Durante años y años, especialmente cuando las empresas petroleras de Estados Unidos e Inglaterra, Holanda y otros, fueron elementos consustanciales al auge capitalista de los siglos XIX y XX, con todo y sus dos guerras mundiales y aún después, cuando la excentricidad arábiga e iraní convirtió los desiertos en ciudades delirantes con rascacielos interminables, el petróleo fue sinónimo de riqueza segura, de grandeza, de poderío, excepto en algunos países incapaces de administrar su abundancia, como México, por ejemplo, cuyo poderío financiero y enorme masa económica se diluyó entre 1938 y 1994, cuando dejó de ser un gran vendedor, al punto de sustituir los ingresos del crudo por las remesas de los emigrados.

Desde entonces México arrastra la gigantesca deuda de Petróleos Mexicanos -en torno de los cien mil millones de dólares--; una de las pocas grandes empresas capaces de perder dinero a carretadas. México llegó a ocupar el cuarto lugar mundial en la industria. Hoy no le puede ni pagar a sus proveedores.

Pero no es un caso único en el subdesarrollo latinoamericano

Hace una década, la prensa publicó esta información (Herald):

“…Petróleos de Venezuela, que intenta obtener unos $5 mil millones en una crucial pero poco atractiva oferta de canje de bonos, sorprendió dos veces a los mercados esta semana, primero al anunciar que podría caer en default si la operación fracasa y luego cuando su presidente dejó

plantados a los inversionistas en una teleconferencia donde debía dar explicaciones.

“El resultado final fue una ola de ventas que tumbó los precios de los bonos de PDVSA, en la medida en que un mayor número de inversionistas institucionales llegaba a la conclusión de que los administradores de la quinta mayor petrolera del mundo no saben lo que están haciendo, dijeron analistas.

“El plantón del presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino, se produjo en momentos en que aumenta la incertidumbre sobre el futuro de la estatal petrolera, que debe pagar cerca de 7 mil 500 millones en servicio de deuda en los próximos 12 meses en el marco de bajos precios del petróleo y la peor crisis económica en la historia moderna de Venezuela.

“Pero en lo que sorprendió a muchos, fue la propia PDVSA la que salió esta semana a advertir que enfrenta serias dificultades para cumplir con sus deudas.

“Si las ofertas de canje no son exitosas, podría ser más difícil para la compañía hacer pagos programados de su deuda existente, incluyendo los bonos existentes, lo que resultaría en que la compañía evalúe todas las opciones”, advirtió PDVSA en un comunicado que encendió las alarmas de los mercados.

“…Nuestra liquidez y capacidad de generar efectivo depende de muchos factores que escapan de nuestro control, y cualquier incumplimiento de nuestras obligaciones de deuda pudiera perjudicar nuestro negocio, condición financiera y resultados de operaciones”, señaló la empresa.

“El insólito pronunciamiento de insolvencia sacudió a los mercados, siendo precisamente lo que los tenedores de deuda no quieren escuchar cuando se les está pidiendo que extiendan el crédito…”

Esa información explica en parte un hecho notable de hace unos días: los grandes ejecutivos de las petroleras de Estados Unidos, no respondieron a la posibilidad abierta (a medias) por el gobierno de Donald Trump después del secuestro de Nicolás Maduro. Simplemente se negaron a salir corriendo con las alforjas descocidas para invertir en el petróleo venezolano -abundante, pesado y de mala calidad-- para lo cual el falso justiciero las pedía cien mil millones de dólares, casualmente la misma cifra de la deuda de Petróleos Mexicanos.

El total de esta deuda nuestra no tiene para cuando. La de los proveedores y contratistas, está sujeta a un programa de salvación impecable: cuando se aplique muchos ya se habrán ahogado, porque se pagarán 29 mil 235 millones de pesos en un plazo de hasta ocho años.

Mientras tanto, sin cubrir a sus proveedores mexicanos, PEMEX le sigue regalando petróleo a Cuba, como hacía Venezuela, pero nadie puede negar la belleza de la oratoria humanitaria.

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