Opinión

Libertad bajo trámite

Inicia en México el registro obligatorio de líneas de telefonía cvelular (Graciela López/Cuartoscuro)

Obviamente los mexicanos creemos en la libertad. En su nombre festejamos el, quince de septiembre aun cuando nunca haya sido ese día fruto de nada, excepto de una revuelta cuyas consecuencias, indirectas y muy lejanas, llegarían once sangrientos años después, pero ahora preferimos gritar por la asonada y no festejar por la Independencia de 1821, camino de la verdadera libertad nacional. Pero así somos.

¡Libertad, libertad!, cuántos crímenes se cometen en tu nombre dijo Madame Rolland cuando al pie del cadalso le pidieron, antes de la guillotina, registrar a su nombre el teléfono celular que le había regalado Robespierre en su último cumpleaños.

Los mexicanos de hoy no vivimos una libertad bajo palabra como les sucede a los excarcelados en circunstancia condicionada al cumplimiento de tal o cual requisito.

Vivimos una extraña libertad bajo trámite. Esclavos del papeleo.

Todo es un capricho las más de las veces inútil y estúpido, como esta nueva forma de registrar los teléfonos ya registrados.

La telefonía celular, cuya amplitud ya ronda los noventa millones de aparatos en servicio, se puede dar de dos formas: por renta, contrato o convenio con los usureros de las empresas quienes en contra de la libertad encadenaban al abonado a plazos obligatorios con multa extraordinarias en caso de deserción de sus planes (no son los planes del usuario) o quienes adquieren un teléfono al cual se le provee de “tiempo aire” mediante pagos frecuentes. Por lo general esta forma de servicio sin contrato, se le llama prepago y no siempre se conoce la identidad de quien usa esas líneas (sin línea, porque la señal viaje por el aire y se enlaza de célula (torre) en célula, no por un alambre). Ahora “agarran parejo”.

Como la seguridad en México está manejada por personas de extraordinaria inteligencia (ajá), nuestro cerebro protector descubrió algo bastante añejo: los teléfonos anónimos (llamémoslos así), se usan desde las cárceles para extorsionar y cometer delitos.

Alguien sabiamente dijo, pues impidan los celulares en las prisiones.

--No se puede, señito.

--¿Por qué?

--Porque no controlamos las prisiones, nomás los negocios en las cárceles.

--¡Ah!, ¿entonces?

-Luminosa la idea genial brilló como un sol:

--P’os podemos controlar a los de afuera...

Y así todo se quiere solucionar con vedas, controles, declaraciones cuya custodia irresponsable fractura la seguridad de los datos personales (de paso escupieron sobre la tumba del INAI). Todo esto servirá para untárselo al queso.

Así nuestra libertad consiste en no poder usar una bolsa de polietileno en el supermercado (en lugar de reciclar los plásticos) pero si en el tianguis; alzar la caca del perro en bolsa prohibidas para la comida, registrar al perro; pagar tenencias y derechos vehiculares aunque nadie tape un bache y los juegos olímpicos que les dieron origen se hayan acabado hace más de medio siglo, abstenerse de comprar un vapeador, so pena de insurrección constitucional (como chocoflán), ponerse un cinturón en el asiento del auto por reglamento no por seguridad; imponer cascos para los biciclos, pagar impuestos por un refresco; para proteger los ciclistas (y de algunos motonetos y patinetos), ya de por sí descerebrados en sentido contrario; dificultar la adquisición de medicamentos controlados (nadie pide receta para comprar mota o coca, pero si Tafil); requerir prescripción con siete sellos y registros para los antibióticos y fomentar así las farmacias donde venden simultáneamente medicamentos y recetas; pagar verificaciones, sufrir contingencias, pedir la identificación del INE y el CURP cuando ya la clave única de registro poblacional ya esté inscrita en la credencial para votar cuya posesión obliga a todo menos al voto.

Limitados, controlados debemos informar dónde estamos al usar la banca electrónica o abrir una aplicación. Nuestra identidad vuela de aquí para allá. El SAT nos controla en el banco y en la tarjeta de crédito y ahora por el teléfono.

Big Sister is watching you…

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