Opinión

La inútil estridencia alarmante

Alerta sísmica en México
La alerta aparecerá en pantalla acompañada de una vibración y un sonido distintivo, con una duración aproximada de 8 segundos. La alerta aparecerá en pantalla acompañada de una vibración y un sonido distintivo, con una duración aproximada de 8 segundos. (La Crónica de Hoy)

La actividad sísmica en buena parte de la república mexicana --cruzada de norte a sur por la falla de San Andrés y otras más-- es cotidiana. Todos los días se registran centenares de movimientos algunos tan leves como imperceptibles, cuya oscilación mínima sólo registran sismógrafos de altísima sensibilidad, fabricados casi todos en el extranjero.

Los simuladores son fundamentales en el estudio de la resistencia como la Mesa Vibradora del Instituto de Ingeniería de la UNAM, básica para conocer el comportamiento y resistencia de estructuras y materiales.

Antes --y todavía ahora en observación doméstica--, los mexicanos determinamos la intensidad del terremoto mediante la oscilación de la lámpara del techo o la marea del vaso de agua en la mesa de noche. Ni el señor Mercalli, ni Charles Richter nos resultan indispensables.

Por cierto, el profesor Charles Richter (quien murió quince días después del gran terremoto de 1985 cuya intensidad fue devastadora) en la serenidad de su cubículo del Laboratorio de Sismología de Pasadena, California, repetía un consejo final ante los sismos y la peligrosidad de su duración:

--Cuente usted, despacio, hasta ciento veinte. Si lo consigue, todo lo que venga después será irrelevante.

En esos segundos recomendados por el sabio, se puede rezar tres veces “La magnífica”, como hacía doña Gertrudis de hinojos bajo la lámpara bamboleante mientras decía, ¡Ay! Dios, se va a caer el ángel. Cosam harto poética, en verdad.

Ante la frecuencia sísmica calculada por el servicio sismológico nacional, hay más de 15 mil movimientos anuales de distintas intensidades, originados en la interacción de las cinco placas tectónicas. Como se sabe “México está ubicado en el llamado Cinturón de Fuego, donde se registran gran parte de los movimientos telúricos a nivel mundial. El país se ubica en la Placa Norteamericana, limitado en su porción sur y oeste, con las placas de Cocos, Rivera y del Pacífico”.

Ante eso la burocracia ha sacado tajada. Es irremediable.

Inventó un sistema de Protección Civil cuya utilidad se puede embarrar en el Camembert y cuya joya de corona es la estridente alarma en bocinas de altavoces callejeros y lo peor (inservible también) una no solicitada alerta telefónica en los chillones celulares. A esa abusiva intrusión digital se le llama (hasta hoy), “Alerta Presidencial”.

Y ya hubo quejas, hasta de la señora presidenta (con A), quien públicamente le tiró de las orejas al burócrata digital José Merino, responsable de tan lambiscona denominación,. Además de otras bocanadas de cannabis como el registro telefónico.

Interrogada sobre el sismo de hace unos días doña CSP dijo:

“¡Ah!, sí, estuvo… Es que el ruidito del teléfono.

Afortunadamente, no pasó nada, nos informó la coordinadora de Protección Civil, Laura Velázquez. Pero sí, este es el sonidito del teléfono... está…

—Por cierto, no le han quitado lo de “alarma presidencial”, Pepe—.

“Que, les digo que es “alarma”, pero no tiene nada que ver con la Presidenta; es una alarma de Protección Civil. Entonces dice: “alarma presidencial”, así le pusieron”.

Pues si así lo pusieron así se lo pueden quitar. A ver si al menos en esto le hacen caso.

Y si ya se trata de corregir, bien podrían suprimir la alerta de los teléfonos, excepto si el usuario lo solicita, porque nadie nunca nos preguntó si queríamos alarmados despertares de ululatos bocineros en la calle y chillidos de pajarraco enloquecido en el teléfono.

Todas esas cosas no sirven para nada. Lo único útil, contra los terremotos es la correcta construcción. Lo bien construido no se cae. Se derrumba lo mal hecho. El rollo de la Protección Civil con todo y sus simulacros no ayudará en el momento de la realidad si se llega a presentar un gran sismo, cuando mucho servirá para buscar cadáveres bajo las piedras.

Lo único útil en materia de prevención es la ingeniería. La aplicación exigente de normas de edificación.

Eso sí salva vidas; no las fantochadas de Merino y compañia.

--0--

Tendencias