
El mundo está convulso. El establecimiento, no de un poder hegemónico, sino la búsqueda de la implantación de un poder absoluto está en marcha con las políticas impulsadas por el presidente de Estados Unidos. El control de la política petrolera de Venezuela, el acorralamiento de Cuba y las amenazas de la cancelación de TMEC y de intervención armada en México son asuntos importantes para analizar, porque colocan a nuestro país en una situación de fragilidad extrema.
Confieso que tengo un sentimiento de frustración al tener que dedicar este espacio de opinión para comentar la situación tormentosa de la UAM, Iztapalapa.
En la última sesión del Colegio Académico (máximo órgano colegiado de dirección de la UAM) de 2025, la rectora de la unidad Iztapalapa, Verónica Medina, en su intervención descalificó, sin decir nombres, las críticas hechas desde el espacio público a su gestión.
Como he sido el único profesor de la UAM-I en cuestionar no sólo a la rectora, sino al secretario Javier Rodríguez Lagunes, desde el ámbito público decidí levantar el guante para comentar algunos de sus asertos.
Iniciaré con una coincidencia, la rectora afirma “…hoy, más que nunca, la universidad pública requiere un pensamiento crítico, un debate, una confrontación de ideas.” Agregaría que, para desarrollar el pensamiento crítico, el primer paso a dar es el diálogo y ese la autoridad no lo propició, los testimonios sobran.
La rectora se cobija con el argumento de que la crítica sólo se debe dar, dentro de lo que ella llama cauces institucionales, que son sólo los órganos colegiados. O sea que la conducta de los órganos unipersonales solo pueda ser juzgada en esos espacios.
La rectora afirma “La crítica siempre exige responsabilidad ética y responsabilidad intelectual. Así es que, reducir los procesos colegiados de la universidad, que están regidos por su normatividad y por órganos plurales de deliberación, a una lógica que luego vemos en algunos medios públicos, de intriga o de juego de poder, no es un análisis, es una simplificación que distorsiona la complejidad de la vida académica y administrativa de la UAM.”
Hasta donde mi memoria alcanza mis críticas tuvieron como blanco al exrector José Antonio de los Reyes, a la rectora Verónica Medina y al secretario Javier Rodríguez Lagunas por acciones contrarias a la vida institucional.
Acusa que mis opiniones son de “…intriga o de juego de poder…” Mis críticas son públicas y sobre hechos o acciones concretas, ninguna de ellas ha sido desmentida por los aludidos. Acepto lo del juego del poder, porque sí, estoy haciendo política para resistir al poder que arbitrariamente han ejercido Verónica Medina y Javier Rodríguez Lagunas, atentando contra la vida institucional de la Universidad.
Sólo recordaré algunas críticas hechas a esos funcionarios:
1. El intento de desaparecer el Centro de Estudios de la Democracia y Elecciones por la vía administrativa. El secretario acepto dialogar hasta después de haber hecho pública esa acción. Existe un compromiso por escrito, para reactivar el CEDE esperamos lo cumpla.
2. Señalar al exrector general por no evaluar el “Programa de Desarrollo Institucional 2011-2024” y no elaborar un nuevo programa de largo aliento, en su lugar publicar la Agenda Estratégica de Gestión Institucional UAM 2025-2030, que no fue aprobada por el Colegio Académico violando la normatividad universitaria.
3. La omisión de la rectora de Iztapalapa al no elaborar el programa de desarrollo institucional de la Unidad y sólo agregar unos parches de información a la página Web. Lo cual sólo se informó al Consejo Académico, pero no se discutió y mucho menos se aprobó. Las unidades de Xochimilco, Azcapotzalco y Lerma si aprobaron planes de desarrollo.
4. Señalar en la sesión de Colegio académico que, las descalificaciones sobre la carrera profesional del candidato a la Junta Directiva Uu-kib Espadas realizadas por parte de Verónica Medina y del rector de Cuajimalpa Mauricio Sales, eran prejuiciosas y sustentadas en su ignorancia del sistema de educación superior del INAH.
5. Afirmar que existe un grupo de poder, que recurriendo al clásico se podría llamar “la mafia en el poder”, cuya cabeza visible era el exrector general, que no tienen proyecto de universidad y que sólo están buscando posiciones directivas.
Los cuatro primeros puntos son hechos no insidiosos, son comprobables. Están las actas del Colegio Académico, la grabación de la sesión del Colegio, la publicación en las diferentes páginas Web y comunicados de la universidad.
En el quinto punto puedo aceptar que existe subjetividad, la cual es parte inherente a la naturaleza humana. No son “…narrativas hechas a la ligera…, (que conducen) al deterioro de la confianza en las instancias universitarias y alimenta un clima de sospecha generalizada que resulta profundamente dañino para la institución y para su comunidad...” Son deducciones lógicas que se derivan de las acciones dañinas de los personajes criticados, pero estoy convencido que no son lejanas a la realidad. El exrector ya no es cabeza visible del grupo, pero francamente su opinión es considerada en ese grupo. Para muestra, los hechos.
Si bien las opiniones recibidas por el rector general en el proceso de auscultación para definir la terna de candidatos no son un diagnóstico integral respecto a la gestión de Verónica Medina, si muestran el sentir de una parte importante de la comunidad.
En síntesis, esas opiniones expresaron:
1. “Existe una crisis operativa centrada en el Edificio ‘S’ (problemas de asignación de espacios),…un servicio de internet deficiente en la Unidad…,un deterioro generalizado de la infraestructura universitaria y un insuficiente mantenimiento correctivo y preventivo.
2. “…Se reporta un ambiente de “tensión”, “aislamiento” (especialmente de la División de Ciencias Sociales y Humanidades) y una gestión saliente en la Rectoría y Secretaría de la Unidad caracterizada por la “falta de escucha” y “puertas cerradas”,…”
3. “… “agresiones”, inseguridad y una atención institucional insuficiente en temas de violencia de género. La comunidad exige pasar de los protocolos a la protección efectiva y la justicia.”
4. “…Se manifiesta la urgencia de renovar la planta académica sin perder la estabilidad, gestionando las tensiones naturales entre los académicos consolidados y las nuevas contrataciones.”
5. “… Se identifican focos rojos en la “baja eficiencia terminal” en las tres divisiones y la falta de innovación educativa y la resistencia o desconocimiento en la implementación del Modelo MACCA”
En el caso de la elección de rector de las Unidad Iztapalapa el proceso se inició con la inscripción de aspirantes a candidatos y después de las consultas y presentaciones, el Consejo Académico aprueba una quinteta de aspirantes que se envía al rector general, quien, posterior a las consultas respectivas, presenta una terna a la Junta Directiva para que elija al nuevo rector general.
El propio rector general reconoce que de las entrevistas se deduce el perfil que debiera tener el rector o rectora. De esas características sobresale el liderazgo con todo lo que ello significa. Parece que uno de los criterios no explícito para definir la terna fue el que hubiera un candidato por división, esto permitió que los tres propuestos, con mayor cercanía o lejanía, sean parte del grupo en el poder. Dejando así a los aspirantes más independientes, con altas prendas académicas y administrativas, fuera de la competencia.
El rector general dejó pasar una oportunidad invaluable para que en la terna, al menos, se reflejara la pluralidad de voces que forman la Unidad. Para marcar distancia de prácticas anquilosadas en la Universidad, al menos se debe elaborar el Programa de Desarrollo Institucional y un reglamento de elecciones, que evite tensiones innecesarias.
El nuevo rector o rectora de la UAM-I debe, como condición necesaria, restañar heridas que permitan construir una nueva relación con la comunidad. Sería saludable para la vida institucional una auditoria a la administración saliente. Los problemas están planteados. Se atienden o crecerán.
*Profesor UAM-I,
@jsc_santiago
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