
El ejercicio es bueno para la salud, no solo física, sino psicológica. Mente sana en cuerpo sano. El beneficio del ejercicio en la mortalidad se puede demostrar en quienes hacen ejercicio de moderado a intenso. Pero, ¿Qué tanto es tantito? ¿Y si se hace ejercicio, pero poco? Esta fue una pregunta que se hicieron los investigadores de dos estudios publicados la semana pasada usando cohortes en quienes se tiene registrado el estilo de vida a lo largo del tiempo y la mortalidad.
Describo con más detalle el artículo publicado en el British Medical Journal Medicine, en el que se hizo un análisis prospectivo para conocer la asociación entre hacer ejercicio a lo largo del tiempo y el riesgo de muerte, con base en dos grandes cohortes que se han seguido por años en los Estados Unidos. La cohorte de la salud de las enfermeras, que inició en 1977 cuando se inscribieron 121,700 mujeres de 30 a 35 años, y la de los profesionales de la salud en 1986, en que se enrolaron 51,529 hombres de 40 a 75 años. En ambos estudios se recabaron datos sobre historia médica y estilo de vida cada dos años, con una tasa de respuesta siempre mayor al 90%. Para el presente análisis, combinando los estudios, se tomaron en cuenta 111,467 participantes (70,725 mujeres y 40,742 hombres) que al ingresar al estudio no tenían diabetes, ni enfermedad cardiovascular, cáncer, enfermedades respiratorias o neurológicas. La mediana de registros de cada 2 años fue de 13.
El seguimiento fue por 2,431,318 personas/año y ocurrieron 38,847 muertes, de las cuales 9,901 fueron por enfermedades cardiovasculares, 10,719 por cáncer y 3,159 por enfermedades respiratorias. Los grupos de estudio se dividieron en cinco, desde el grupo que no hacía nada de ejercicio a la semana, hasta los que hacían muy intenso. Para poder comparar los tipos de ejercicio, el análisis se hizo con la medida conocida como MET score (metabolic equivalent task), con la que se ajusta el tipo de ejercicio que se hace para que sea equivalente entre ellos y se expresa como MET horas/semana.
Se observó que el grupo de mayor intensidad, en comparación con el menor, presentó una reducción de mortalidad por todas las causas. Si la mortalidad en el grupo sin ejercicio se tomó como 1.0, en los grupos de ejercicio disminuyó a 0.83 por caminata, 0.89 por trotar, 0.87 por correr, 0.88 por bicicleta, 0.85 por deportes de raqueta, 0.90 por escalar, 0.86 por remo o calistenia y 0.87 por ejercicio de resistencia. Es decir, con cualquier tipo de ejercicio se reduce la mortalidad por cualquier causa. Curiosamente, la única excepción fue la natación, en la que la mortalidad en todas las causas, menos en la respiratoria, fue similar a no hacer ejercicio.
Aunado a lo anterior, un resultado muy interesante fue que, aun en el grupo de ejercicio leve, se observó una reducción en la mortalidad entre 0.89 y 0.93 para los diferentes ejercicios, aquí también incluida la natación. Es decir, que aun con poco ejercicio a la semana se vio una reducción en la mortalidad de alrededor del 10 %. Un resultado similar a este fue el que se observó en el otro estudio publicado en Lancet con cohortes de Noruega, Suecia y Estados Unidos. Cinco minutos de ejercicio al día se asocian con reducción de la mortalidad en 6%.
Los trabajos anteriores muestran que pasar del sedentarismo a hacer ejercicio aunque sea unos minutos al día tiene un efecto significativo en reducir el riesgo de mortalidad.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM