Opinión

Buchonas, tequila y Gobernación

¿Quién es Lorena Rodríguez? De cantar narcocorridos a ser alcaldesa interina del pueblo mágico de Tequila (Imagen difundida en redes sociales)

Notable aportación al engrandecimiento del idioma ha dado el narco mexicano. Y al decir narco incluyo, a modo de sinécdoque, toda la enorme gama del crimen organizado o sin organizar, pero los ostentosos narcos, con cadenas, colguijes, pistolas con cachas de oro y brillantes en la dentadura; tatuajes hasta donde el sol no llega; notoria barriga con estampados, bota picuda y cinto “pitiado”, cuando no sombrero y pulsera con piedritas, han puesto en el lexicón el adjetivo “buchona”, para referirse a las mujeres de busto prominente, evidente y opulento.

Si en la ornitología las buchonas son palomas cuyo buche se les hincha, en el caso ya referido las buchonas esas señoritas --o señoronas--, acompañantes de los capos y sus escoltas.

Algunas lucen esa prominencia pectoral por la implantación de bolsas con gel o silicona; otras por generoso don del creador o la creadora porque la paridad de género debería alcanzar también a los cielos y al padre o madre de todas las cosas pues ya no debemos hablar nomás de Dios sino también de Diosa (con A).

Pero las buchonas son a los “generadores de violencia”, lo que hacen las muchachas de abierto desenfado: seguir por toda la ruta (dije ruta), a los grupos de Rock y Pop o cualquier otro. Las llaman “groupies”.

Obviamente es una expresión inglesa: un séquito de jóvenes dispuestas a todo para complacer a los ejecutantes musicales ya sea por turnos o en conjunto. Serían capaces en su ilimitada admiración sumisa, hasta de limpiarles los zapatos a media calle si tuvieran salpicaduras de nata.

Uno ve a estas jóvenes en los conciertos, casi siempre detrás del escenario, casi tan alegres y devotas de la música como si fueran la nueva alcaldesa de Tequila, Jalisco, Lorena Marisol Rodríguez Rivera (otra Rivera) quien llegó al cargo como “groupie” de la pandilla del hoy encarcelado edil jalisciense, don Diego, a quien en su mala fortuna acompaña Toribio Villarreal, quien fue pareja sentimental (u ocasional, váyase a saber, porque ella todo niega), de la ahora alcaldesa impuesta en la presidencia municipal ahí por oficios de la secretaria de Gobernación, doña Rosa Icela Rodríguez (otra Rodríguez) a pesar de muchas advertencias .

El caso es tan jocoso como preocupante porque si la “operación enjambre” prendió a Diego Rivera por sus nexos criminales, la limpieza no se percató de los nexos de la ahora alcaldesa de quien circula un video gruposo o grupiento de su alteza municipal, contentísima cante y cante con “Los alegres del barranco”, un grupo narco-vernáculo cuya hazaña mayor fue componer y divulgar en conciertos frecuentes, sonsonetes con acordeón y guitarras en honor de Don Mencho, el gran capo del Cartel Jalisco Nueva Generación.

A estos músicos de chamarra cueruda les quitaron la visa y los contratos en EU; pero a la acompañante, ave canora o quizá paloma buchona (nunca la he visto de cerca, ni de lejos, pues el gusto no tengo y del busto no opino), le entregaron el rentable municipio tequileño, lo cual merece un brindis o merece dos.

El gobernador Pablo Lemus se ha hecho a un lado y sentencioso ha declarado: yo no intervine en ese nombramiento. La corista de los del Barranco (eso no lo dijo PL, lo digo yo) llegó allí impulsada por el centro, como se decía antes.

“Quisimos ser muy respetuosos de los resultados en las urnas el pasado proceso electoral…. Yo platiqué con la Secretaria Rosa Icela Rodríguez el día 5 de febrero en Querétaro…ellos se pusieron de acuerdo en la nueva Presidenta, a quien no tengo el gusto de conocer, pero fue un proceso político desde Gobernación".

Así pues los gustos vernáculos y el acompañamiento coral con la apologética musical de los narcocorridos (como Rivera, un narco corrido), no fueron óbice para doña Lorena Marisol, cuyo futuro no se calcula muy grande.

Tequila saltó de la sartén al fuego.

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