Opinión

Sacudidas al tablero

Adán Augusto López (Mario Jasso)

En los últimos días hemos sido testigos de sacudidas al tablero de la política nacional que han cambiado el juego y plantean una nueva partida en la que la disputa es por el poder desde el gobierno y, principalmente, por el partido que hoy representa, tras la caída del priato en el 2000, la nueva hegemonía nacional. Cuatro hechos dan cuenta de ello, pero hay otros que servirían de ejemplo y muchos más que sin duda pronto surgirán.

El desprecio por las minorías aliadas. El planteamiento de la eventual reforma electoral que, entre otras cosas, disminuya o incluso elimine la figura de legisladores plurinominales y reduzca el financiamiento público de los partidos políticos, caló hondo en las minorías representadas en el Poder Legislativo Federal. Sin embargo, y contrario a lo que uno esperaría, no fueron los partidos de oposición los principales renuentes a la misma, sino aquellos que desde el anterior gobierno forman alianza con Morena: el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. Hoy, ambas fuerzas políticas y de cuyos votos depende la mayoría absoluta necesaria para reformas constitucionales, amenazan con romper por lo que consideran un “ninguneo” desde el poder.

La caída del Adán de Paraíso. Quien fuera señalado por Andrés Manuel López Obrador como su “hermano” ha caído de la coordinación de la bancada de Morena en el Senado y el futuro propio y de su grupo parece más obscuro que el petróleo que Pemex refina en Paraíso, el municipio de donde es oriundo el ex secretario de Gobernación. Adán Augusto, a quien muchos veían como una pieza clave en la salida de Alejando Gertz Manero de la Fiscalía General de la República, ha sido defenestrado y su nueva oficina, como recordando que origen es destino, está ubicada en medio de las de senadores priistas. Parece que la fuerza con los escándalos que lo vinculan con actos de corrupción y, peor aún, con el grupo de la delincuencia organizada, La Barredora, cobraron factura.

Los mensajes a los otrora mandamases. A las constantes menciones de figuras políticas del pasado inmediato como posibles objetivos de la justicia estadounidense por considerarlos cómplices de distintos grupos de la delincuencia organizada, se han sumado acciones violentas y lamentabilísimas como el asesinato de dos familiares de Mario Delgado, ex presidente de Morena y actual secretario de Educación Pública. El mensaje, el tono y los mensajeros de ambos casos son evidentemente distintos y contrarios, pero el fondo parece ser el mismo: la alianza entre el poder y la delincuencia estuvieron presentes durante el gobierno anterior y hoy, de un lado, esto no puede continuar y, del otro, esto no puede salir a la luz.

Venganzas que dicen no serlo ni perdonan. El reciente libro que Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez publican y que hoy sale a la venta, asoma conflictos mayores entre algunos actores de primerísima línea, como el propio ex Consejero Jurídico de la Presidencia y el ex jefe de Comunicación Social de López Obrador y actual Coordinador de Asesores de la presidenta Claudia Sheinbaum, Jesús Ramírez. Las acusaciones van desde su participación en mecanismos turbios para controlar al Sindicato Mexicano de Electricistas, hasta su involucramiento con cárteles que participan en la trama del huachicol fiscal y el financiamiento de campañas políticas con dinero del narcotráfico.

Lo que pueda suceder en los próximos días es, en específico, de pronóstico reservado, pero sin duda provocará, en mayor o menor medida, un reacomodo de piezas en el tablero político. En un primer momento, parece que todo apunta a un fortalecimiento de Claudia Sheinbaum y de su grupo más cercano, en detrimento de aquellos que le fueron heredados por su antecesor. En la lógica del poder, así debe de ser. Quien gobierna debe de ser quien ejerza el poder desde las estructuras formales y quien funja como líder y referente de su partido, pues buena parte de la estabilidad política depende de ello.

Conforme cada uno de estos hechos alcance su desenlace, así como a partir de los que puedan surgir en los próximos días, Sheinbaum fortalecerá su liderazgo, pero también muchos harán sentir su inconformidad con acciones que irán desde el chantaje, pasarán por la extorsión, avanzarán hacia la amenaza e, incluso, derivarán en la confrontación. Más pronto que tarde quedarán claras las piezas, posiciones y estrategias con las que Claudia Sheinbaum jugará su juego de cara a los comicios de 2027, la definición de su sucesión y la elección presidencial.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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