
América del Norte se encuentra en un punto de inflexión. Aunque el respaldo institucional al T-MEC sigue siendo amplio en Estados Unidos, Canadá y México, el entorno geopolítico y de política comercial actual obliga a considerar escenarios alternativos, incluida una posible transición hacia acuerdos comerciales bilaterales. La incertidumbre no proviene de la falta de apoyo empresarial, sino de la dinámica política y estratégica que rodea la revisión de 2026.La región opera bajo una arquitectura de centro y periferia, con Estados Unidos como eje central.
EE.UU. es la economía más grande y la menos dependiente del comercio exterior (18% del PIB), mientras que México (71% comercio/PIB) y Canadá (49% comercio/PIB) presentan una exposición significativamente mayor. México es el país más vulnerable en términos macroeconómicos, ya que su comercio con Estados Unidos equivale a más del 46% de su PIB, seguido por Canadá con 31.7%. En contraste, la exposición del PIB estadounidense a México y Canadá es considerablemente menor —aproximadamente 2.8% y 2.4%, respectivamente— lo que evidencia una clara asimetría estructural en cualquier proceso de renegociación.
Una eventual fragmentación del marco trilateral hacia acuerdos bilaterales profundizaría estas asimetrías. Estados Unidos entraría a negociaciones con mayor poder relativo, mientras que México y Canadá enfrentarían mayor presión en reglas de origen, cumplimiento aduanero y concesiones sectoriales. Sectores altamente integrados —automotriz, aeroespacial, electrónico y manufactura avanzada— verían incrementarse sus costos y perderían eficiencia derivada de la acumulación trilateral. A nivel macro, el impacto sería asimétrico: México y Canadá absorberían una mayor proporción del ajuste.Más allá de los efectos internos, la fragmentación de América del Norte implicaría un deterioro estratégico frente a bloques más integrados como la Unión Europea y Asia.
Mientras estas regiones continúan avanzando en marcos regulatorios coordinados y cadenas de suministro consolidadas, una región norteamericana fragmentada enfrentaría mayores costos de transacción, menor eficiencia productiva y una pérdida de competitividad relativa. Si bien Estados Unidos podría capturar beneficios de corto plazo mediante un mayor poder de negociación y concesiones sectoriales específicas, estos podrían resultar temporales.
En paralelo, la erosión de la integración regional abriría oportunidades para competidores externos —incluidos China, Corea del Sur y las economías de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático conformado por 10 países). — cuyas arquitecturas comerciales más coordinadas podrían permitirles consolidar participación de mercado e inversión en sectores estratégicos, reduciendo con el tiempo la competitividad colectiva de América del Norte y generando repercusiones económicas de mediano y largo plazo para los tres países, incluido el propio Estados Unidos.
Espero sinceramente que las próximas negociaciones del T-MEC sean exitosas y que los tres países preserven un marco trilateral sólido en lugar de migrar hacia acuerdos bilaterales, ya que una plataforma norteamericana cohesiva sigue siendo, desde una perspectiva económica y estratégica, la opción más eficiente y competitiva para la región. No obstante, ante la incertidumbre inherente a cualquier proceso de negociación comercial, resulta prudente que las empresas que operan en América del Norte fortalezcan sus análisis de exposición arancelaria, modelen riesgos cambiarios, diversifiquen proveedores y refuercen sus capacidades de cumplimiento.
En este contexto, el desarrollo de una hoja de ruta estratégica constituye un ejercicio responsable de preparación frente a escenarios alternativos —aunque espero que estos no se materialicen—, reconociendo que en un entorno donde la arquitectura comercial podría evolucionar, la preparación estratégica deja de ser opcional y se convierte en un elemento esencial de resiliencia.
*gdelapena@monarch-global.comSenior
Advisor en Monarch Global Strategies (MGS)
*/Lo escrito en este documento, es una opinión y no necesariamente refleja la posición de MGS.