
La presencia económica cada vez más influyente en América Latina del gigante asiático, es algo que inquieta al presidente Donald Trump. Esto quedó demostrado durante reciente Cumbre Escudo de las Américas, donde el republicano lanzó advertencias sobre la creciente presencia de China en la región.
Y es que China ha consolidado una fuerte presencia económica en América Latina con inversiones multimillonarias en Brasil, control de puertos en Perú, proyectos energéticos en Argentina y alianzas estratégicas en Chile. No se trata de gestos diplomáticos, sino de una estrategia cuyo objetivo es asegurar mercados para su enorme capacidad productiva y garantizar el acceso a recursos clave.
A diferencia del modelo político de los Estados Unidos, donde los contrapesos institucionales pueden frenar decisiones del Ejecutivo, el sistema chino permite que el liderazgo del Partido Comunista, encabezado por Xi Jinping, dirija la economía con una disciplina estratégica difícil de replicar en democracias occidentales.
Aunque actualmente China enfrenta una desaceleración estructural con una meta de crecimiento objetivo de entre 4.5% y 5% para este año 2026, la palanca para este impresionante desarrollo ha estado en su modelo de manufactura, exportaciones y nuevas inversiones. Por ello se ha ganado el título de la “fábrica del mundo” ya que lo que ese sector manufacturero ha mostrado es una fuerte expansión desde principios del presente año. También su comercio exterior ha crecido en los últimos meses.
Este avance explica la creciente inquietud en Washington, desde donde se ha señalado el impacto de los desequilibrios comerciales y la competencia estratégica con Beijing.
La prioridad para China parece ser la colonización de los mercados ya que su enorme capacidad de producción no atiende la demanda interna, su economía está orientada a la exportación, antes que nada, por lo que el superávit comercial del país más poblado del mundo es de aproximadamente 450 mil millones de dólares.
México tampoco está al margen. La creciente presencia de marcas automotrices chinas y el uso potencial del T-MEC para triangular exportaciones hacia Estados Unidos han encendido alertas en el gobierno de nuestro país. El propio secretario de economía Marcelo Ebrard ha reconocido la necesidad de vigilar este fenómeno.
China se ha convertido en un elefante en la sala demasiado grande y pesado para sacarlo y sólo enfrentándolo con estrategias comerciales audaces se podría neutralizar. Aprovechar sus debilidades que también las tiene, como la enorme acumulación de su deuda externa, la pérdida de más de 1 billón de dólares en reservas internacionales y la elevada volatilidad de los precios de las acciones de los bienes raíces y otros activos.
Los intentos del gobierno Chino para resolver estas amenazas, son contradictorios, disimulándolos como un socialismo con orientación de mercado, lo que podría generar incertidumbre y volatilidad en el corto plazo.
@fer_martinezg