
En el poder y en la enfermedad es un libro publicado en 2008, escrito por David Owen, médico neurólogo y psiquiatra, fundador del Partido Socialdemócrata británico y ex ministro de Salud y de Relaciones Exteriores del Reino Unido. El libro mantiene su actualidad.
Owen analiza los efectos que tienen diversas enfermedades y su tratamiento en la toma de decisiones de parte de los líderes políticos. Su conclusión central, sobre la que da interesantes ejemplos, es que un político enfermo –de ciertos males- suele tomar peores decisiones que uno sano, con consecuencias enormes.
Hay un tipo de enfermedad, un síndrome, que resulta particularmente dañino para los políticos, según el autor. Es la hibris. Sus características principales son el orgullo exagerado y la soberbia, que llevan a una desmesura en las acciones. La persona pierde la perspectiva de la realidad, ve sólo lo que desea ver y, en consecuencia, toma decisiones equivocadas, que lo llevan al desastre (y también, sí es un líder, a sus seguidores).
Quien actúa bajo este síndrome no presta atención a la información, no mantiene la mente y el juicio abiertos, suele persistir en políticas inviables o contraproducentes y se niega a sacar provecho de la experiencia (porque significaría admitir un error).
¿Cómo se identifica la hibris? Owen señala algunos síntomas: inclinación a ver el mundo como escenario; preocupación desproporcionada por la imagen; una forma mesiánica al hablar; identificación de sí mismos con el Estado, la nación o el pueblo; tendencia a usar el plural mayestático (“nosotros”, en vez de “yo”); excesiva confianza en su propio juicio; exagerada creencia en lo que pueden conseguir personalmente; la creencia de ser responsables no ante el tribunal terrenal, sino ante Dios o la Historia; tendencia a permitir que su “visión amplia” haga innecesario considerar los detalles prácticos, los costos y el resultado final; inquietud, temeridad, impulsividad; una obstinada negativa a cambiar de rumbo…
En otras palabras, tiene síndrome de Hibris el político que pierde el piso. Lo grave es que termina generando incompetencia y problemas posteriores, a menudo más graves que los originales.
Los dos ejemplos más notables que señala Owen son George W. Bush y Tony Blair, en relación con la invasión de Irak y el derrocamiento de Saddam Husein.
Los problemas empezaron antes. Owen comenta que, “aun cuando la invasión de Afganistán estaba justificada”, los problemas de largo plazo del control del país “fueron burdamente menospreciados”. Bush, al centrarse en la guerra y no ver las consecuencias de sus acciones, evidenció que padecía la hibris.
En el caso iraquí, la cosa fue todavía peor. Se aceleró la invasión en medio de una incapacidad total para planificar la posguerra. A todas las advertencias de que la ocupación de Irak conduciría necesariamente a un ejercicio de construcción nacional prolongado, costoso y con presencia de tropas, se les ninguneó totalmente.
Owen cita a un ex agente de la CIA: “Estaba fuera de duda que llegaríamos a Bagdad en un abrir y cerrar de ojos. Más nos hubiera valido tener un plan para cuando llegáramos. Pero no teníamos nada excepto cuatro páginas de Power Point. Fue una arrogancia…”.
Volvemos a vivir una situación similar, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abre frentes en todos lados y se topa conque las cosas no son tan sencillas como parecen. El de Trump es un caso ejemplar de hibris… aunque del otro lado de la frontera tenemos a otro, ya fuera de la presidencia.
Veamos, por ejemplo, lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz, lugar de pasaje clave para mantener el balance mundial en el movimiento de mercancías, principalmente energéticos. Por ahí transita la quinta parte del petróleo y del gas licuado mundial. Su importancia estratégica no puede minimizarse, y está bajo el acecho del régimen islámico de Irán.
La circulación por ese estrecho marítimo ha disminuido drásticamente desde los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, y por la negativa de las principales aseguradoras a cubrir los viajes en esa zona. Eso, a su vez, ha presionado al alza los precios de los energéticos, causando complicaciones financieras en prácticamente todas las naciones, incluida la nuestra.
Trump pidió a varias naciones sumarse a una armada internacional que garantizara los suministros, y se ha topado con pared. China se negó abiertamente. Los aliados europeos, Japón, Corea de Sur y Australia hicieron como si la virgen les hablara y se desentendieron. Ni siquiera las naciones árabes que han sido atacadas directamente por Irán se han sumado a la iniciativa.
¿Qué hay detrás de esto? Dos factores. Uno ha sido la capacidad de Trump de alejarse de sus socios. Con Europa están muchos temas: el financiamiento a la OTAN. el desdén a Ucrania y el apoyo tácito a Putin, las bravuconadas sobre Groenlandia, la injerencia en política interior con el apoyo explícito a los partidos de ultraderecha, y una larga lista. Con China, la guerra de los aranceles y de la tecnología. Con las otras naciones de Asia y con Australia, la inconfiabilidad del presunto socio, que siempre anda blandiendo el garrote arancelario.
El otro -y tal vez el más importante- es la falta de perspectiva a futuro; la apuesta por un arrasamiento militar sin tener claro qué es lo que sigue. La oscuridad de las consecuencias.
Estados Unidos tiene la economía nacional más importante del mundo y, de lejos, la máxima capacidad de armamento. Su tecnología bélica es avanzada. Ambas cosas permiten a Trump amagar y chantajear a todos con cierto éxito. Lo que no le permiten es creer que las soluciones a problemas complejísimos vienen fácilmente. O que puede rehacer países a su antojo. El resultado es una disrupción económica mundial -que empeoraría si sigue la escalada bélica- y, de paso, la posibilidad de perder totalmente el teflón que protege, cada vez menos, su popularidad interna.
Menospreciar al rival sale caro. Crearse rivales gratuitos, también. EU y el mundo saldrán de esta sólo si se vuelve al multilateralismo… cosa muy difícil en el mediano plazo, dada la gravedad de la hibris que padece el presidente Trump.
Twitter: @franciscobaez