Opinión

Entender la UNAM para reformar la UNAM

C.U. Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM (Andrea Murcia Monsivais/Andrea Murcia Monsivais)

El 21 de septiembre de 1521 fue expedida la Cédula Real con la que se fundó la primera universidad en el continente americano: la Universidad de México. Poco más de un año después, en enero de 1523, el virrey Luis de Velasco ejecuto las instrucciones que, en nombre del rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, había dictado el príncipe Felipe II. A 475 años de distancia de este hito que transformó la vida de la Nueva España y toda América, la realidad de la era de la inteligencia artificial, la profundización de las desigualdades y las regresiones autocráticas plantea el reto de entender el pasado para construir el futuro. Sería torpe pretender que en casi medio milenio nada ha cambiado y que, con todo y sus desarrollos, la Universidad Nacional Autónoma de México – heredera de aquella de 1551 – puede permanecer estática e impávida frente a retos que nada tienen que ver con criollos y peninsulares.

Con la fortuna que producen la coincidencia de la casualidad y el buen tino, con apenas unas semanas de distancia la Universidad Nacional Autónoma de México y su Rector, Leonardo Lomelí, han anunciado el inicio de los festejos de este hecho histórico y el comienzo de una reflexión profunda y analítica para valorar y definir el futuro de la Universidad para los próximos cinco lustros. Digo, con profundo convencimiento, que la coincidencia es muy afortunada porque, como reza el título de esta colaboración, para transformar la UNAM es necesario conocer la UNAM. Con la riqueza que la lengua castellana presta, estoy seguro de que, en este caso, la coincidencia referida no está asociada con la suerte, sino con el encuentro intencional de dos hechos que solo pudo haber sido planteado por quien, desde el conocimiento del pasado, entiende su relevancia para construir el porvenir.

El foro de análisis “Reforma y futuro de la UNAM”, celebrado la semana pasada a lo largo cuatro jornadas y siete mesas de reflexión, abordó aspectos tan relevantes como los fines de la Universidad y su compromiso con el país y con la sociedad; la gobernanza universitaria a partir de la democracia, la colegialidad, su normatividad y la gestión institucional, así como la docencia, la investigación y la difusión de la cultura como ejes del actuar sustantivo de la Universidad. Los resultados de las distintas y diversas visiones vertidas por destacadas universitarias y universitarios se conocerán en breve y servirán como hoja de ruta de un proceso que trascenderá, estoy seguro, el foro académico para colocarse en el eje de la acción institucional y en la cotidianeidad del actuar diario.

El llamado que durante la inauguración hizo el Rector Lomelí anticipa el calado del ejercicio colectivo, cuando afirmó que la reforma a la Universidad “debe ser inclusiva, democrática, diversa, gradual y prospectiva. Inclusiva, porque convoca a todas las voces; democrática, porque se apoya en nuestros cuerpos colegiados; diversa, porque reconoce la multiplicidad de enfoques y de disciplinas; gradual, porque requiere diseñarse por etapas; y prospectiva, porque conlleva pensar a la Universidad en el mediano y largo plazos”. Volviendo a la centenaria efeméride que se celebrará en septiembre próximo, esta reflexión no puede hacerse asumiendo que se parte de cero y que no existe una historia que vale la pena mirar y a partir de la cual es necesario seguir construyendo para diseñar el mejor futuro posible. La premisa es clara: entender la UNAM para reformar la UNAM.

Los meses por venir darán ocasión para plantear el lugar, la condición y la manera en la que queremos que nuestra Universidad, la de la nación y la del pueblo de México, nos encuentre cuando nos alcance el medio milenio de historia universitaria. Ahí estarán, no tengo duda, asuntos tan relevantes como la participación activa de la comunidad en la definición y construcción de su destino; la sustentabilidad como elemento esencial de cualquier acción institucional; la igualdad sustantiva como aspecto natural de las relaciones entre universitarias y universitarios; la accesibilidad total para todas las personas, sin importar cualquier condición de discapacidad, o la incansable y permanente lucha por la consolidación de valores fundamentales como la autonomía, la libertad de cátedra e investigación y el pensamiento crítico. En un cuarto de siglo la Universidad será consecuencia de lo que las y los universitarios definamos hoy sabiendo que una historia centenaria nos precede y un porvenir luminoso nos espera. Sabremos estar, no me cabe la menor duda, a la altura del reto.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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