
A la enorme desigualdad acumulada durante muchos años de liberación económica y mercados globales del auge y profundización del neoliberalismo, corresponde, quizá, como los bienes inmateriales más valiosos contemporáneamente, la avaricia y la sed de poder, económico y político, de la mano de la concentración de los privilegios y la riqueza en pocas manos en el interior de las sociedades y mundialmente, y de la ampliación de los océanos de individuos en la marginación y la inequidad.
Un dato ilustrador de este hecho es que “desde 2020, la riqueza conjunta de los cinco hombres más ricos del mundo se ha duplicado. Durante el mismo periodo, la riqueza acumulada de cerca de 5 mil millones de personas a nivel global se ha reducido.
Las penurias y el hambre son una realidad cotidiana para muchas personas alrededor del mundo. A ese ritmo, se necesitarán 230 años para erradicar la pobreza; sin embargo, en tan sólo 10 años, podríamos tener nuestro primer billonario… Una enorme concentración de poder empresarial y monopolístico está exacerbando la desigualdad en la economía mundial.” (Desigualdad S.A., Oxfam International, 15enero2024, oxfam.org)
Ese dato que es de hace un par de años, sigue ilustrando la fórmula mágica de la desigualdad, la cual ha seguido dando frutos con base en la combinación de elementos tales como la evasión de impuestos, la corrupción, la privatización de los servicios públicos, destacadamente la salud, alimentado también lo que Oxfam llama el colapso climático, la precariedad de la educación, la vivienda y del espacio público.
En suma, minando el desarrollo en favor de un crecimiento económico que concentra la riqueza y las oportunidades no sólo en pocas manos privilegiadas sino promoviendo la pobreza extrema y la ignorancia para las mayorías del planeta.
En ese entorno que parece cada vez más cotidiano en las sociedades, se ha incentivado la aparición y la reproducción de otros fenómenos nocivos asociados a la marginación y el retroceso humano. Ha sido funcional a la polarización creciente de la actividad política, económica y social, y ha permitido la irrupción de ideologías absurdas, entre otras, la de los llamados libertarios, seres extravagantes y regurgitantes de odio y de mentiras, alojados en un espacio cuyo letrero a la entrada está asociado a una deformación de la palabra, pero sobre todo del ideal, libertad.
Cabe insistir en que esa deformación perniciosa del valor de la libertad, está estrechamente vinculada con la corrupción. El discurso del enriquecimiento y del poder es individualista, pero también excluyente. Si no se es rico y poderoso es por incapacidad, por falta de talento, o probablemente por que criminales y abusivos, esencialmente migrantes, se han robado las oportunidades que no se merecen y que pertenecen a otros.
Existen ejemplos posibles mirando a los personajes que gobiernan en distintos países latinoamericanos y europeos, pero probablemente el caso más conspicuo por ahora, sea el del país norteamericano, en el que un personaje delirante gobierna para una parte de la sociedad, excluyendo e insultando permanentemente a la otra, beneficiando a sus allegados, a su familia y, desde luego, a él mismo. Un personaje en permanente declive en su aceptación ciudadana, pero con una barra brava que lo apoya a partir de la ilusión de hacer a su país grande nuevamente.
Obviamente la fórmula triunfadora evita decir el cómo, y cuando lo hace, la mentira y la tergiversación son los recursos principales. La coerción económica mediante mecanismos de imposición de tarifas a diestra y siniestra, son para acabar con el abuso permanente de los países de la comunidad internacional que han saqueado a ese país y a sus trabajadores.
La persecución policiaca y la expulsión de todos aquellos individuos que parecen migrantes, fácilmente identificables porque no son rubios, a fin de acabar con el crimen, aparejado a la utilización de medios militares para acabar con los narcotraficantes que además son terroristas, ya que inundan de drogas a la sufrida sociedad norteamericana. La amenaza y el uso de la fuerza militar para doblegar países a su antojo para apropiarse de sus recursos, particularmente del petróleo. Claramente las leyes, la de su país importan poco, las internacionales son fundamentalmente detalles inútiles e irrelevantes.
Ideológicamente, y de acuerdo al evangelio según Tarantino, la misión de subyugación no solamente es santa sino claramente alineada con quien llevará el bien y la civilización, aunque sea a costa de querer erradicar a otra de la faz de la tierra. Para Nesrine Malik, “el mal se compone de frivolidad, indiferencia y fragilidad, así como de implacabilidad, insaciabilidad y brutalidad”. (“Trumpś presidency is what evil looks like: absurd, frightening, cruel”, The Guardian US, linkin.bio/guardianus)
Todo eso y más de la mano de la desigualdad, los privilegios y la ley del más fuerte.