Opinión

Entre agravios y negocios

Claudia Sheinbaum en Barcelona (Presidencia)

El reciente viaje de la presidenta Claudia Sheinbaum a Barcelona con motivo de la cumbre “En Defensa de la Democracia” organizada por el presidente del gobierno español Pedro Sánchez, no solo marcó el fin de un enfriamiento diplomático que se arrastraba desde 2019, también confirmó la importancia de la relación bilateral con el país ibérico.

Y es que España no es un socio cualquiera, es uno de los pilares de la inversión extranjera en México. Con más de 7 mil empresas operando en territorio nacional, en diversos sectores estratégicos como el bancario, con nombres tan determinantes como BBVA y Banco Santander. Asimismo, tiene inversiones en energía, infraestructura, turismo y manufactura.

España aporta alrededor del 12% de la Inversión Extranjera Directa (IED) en México, consolidándose como nuestro segundo socio comercial, solo detrás de Estados Unidos, y el principal en América Latina. En 2024, este flujo creció cerca de 69%, un dato que no solo refleja confianza, sino una apuesta decidida por el mercado mexicano en un contexto global incierto.

Esto significa que, más allá de la narrativa política o ideológica, el vínculo económico bilateral es estratégico y de gran importancia para ambas economías. A nivel global, se ubica además como uno de los mercados más importantes para México fuera del continente europeo.

En este contexto, la participación de Claudia Sheinbaum en Barcelona estuvo enfocada en realizar un llamado a la paz, la justicia social y la soberanía. Al participar en esta reunión con diversos países que se autodefinen como progresistas, México se inscribe en ese grupo ideológicamente definido como de izquierda cuyo principal objetivo es la defensa de la democracia.

Sin embargo, es importante destacar que no solo los gobiernos considerados de izquierda defienden la democracia ya que también destacados gobiernos de centro y de derecha son partidarios y defensores de la democracia como sistema de gobierno. Por el contrario, países que se consideran de izquierda como Nicaragua y Cuba, se han opuesto a permitir elecciones libres, elemento esencial de los sistemas democráticos.

El episodio de tensión iniciado durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, marcado por la exigencia de disculpas a la corona española por los atropellos cometidos en contra de la población indígena con motivo de la conquista hace más de 500 años, siempre pareció desproporcionado frente a la magnitud de los intereses compartidos.

El contexto actual parece muy diferente al del sexenio pasado, marcado por desencuentros con nuestros socios españoles. La disposición mostrada por Felipe VI al reconocer los claroscuros de la conquista, así como la decisión del gobierno mexicano de reencauzar el diálogo, evidencian que ambos países entienden la importancia de reconstruir puentes sin renunciar a sus posturas.

La invitación al jefe del estado español Felipe VI para asistir a la inauguración del Mundial de 2026 es una clara muestra de que el Gobierno de México cerró por fin el capítulo de enfriamiento de relaciones con España. Porque si algo queda claro es que México y España no pueden darse el lujo de una relación fría, ya que una parte sustancial de la inversión, el empleo y el desarrollo de sectores clave depende de ese vínculo.

En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, relocalización de cadenas productivas y competencia por capitales, México necesita fortalecer sus alianzas estratégicas. Y España, por historia, idioma, cultura y, sobre todo, por peso económico, ocupa un lugar privilegiado en esa ecuación.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

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