
En el México de la 4-T es notable, cómo se transforman las cosa, a veces por la concurrencia de agentes del Estado (de la jefatura para abajo), a veces por la simple inercia de la vida desordenada y poco apta de nuestra administración pública fecunda en popularidad pero escasa en capacidad, porque nadie sabe ni nunca comprenderá cómo es posible y con cuáles motivos o beneficios la señora presidenta (con A) se expone a un ejercicio cotidiano de exhibición desinformada cuando ella debería explicar las cosas ( y no todas, nada más las esenciales) con respuestas claras y definitivas, pues suya debería ser la última palabra y no el primer titubeo con el disco rayado de investigaciones por venir, las cuales a veces (como en el caso de las piernas palaciegas asoleadas por la ventana o el magno derrame petrolero del golfo), terminan siendo enormes camelos al servicio del encubrimiento o el tapujo, pero si esas circunstancias de poca precisión y hasta desconocimiento son los riesgos de un púlpito diario, bien harían los muchos colaboradores de la señora presidenta (con A), en darle protección mediante suministro oportuno[RC1] , certero y eficiente de información real para no verla inerme y titubeante a cada rato con los dedos en la puerta o sometida (lo cual es peor) a sus propias rectificaciones o confirmaciones de previo desconocimiento, pero no se debe hablar así nomás y las siguientes líneas pretenden mostrar cómo un honesto no sé, a la mañana siguiente se transforma (milagros de la transformación, insisto), en una posible violación constitucional cuya comisión (haiga sido de quien haiga sido, dijo el clásico), merecería el castigo correspondiente para quien resulte responsable si bien ahora no lo sabemos; si la cancillería, la Defensa, la Seguridad el gobierno chihuahuense o quien les haya permitido a esos espías (agentes, instructores o cualquier otra denominación), muertos en una barranca serrana en un accidente cuya fortuita condición no ha sido comprobada como tampoco hay probanza de un sabotaje, boicot, cacería o eso llamado en el lenguaje popular ”carreterazo” al estilo Clouthier o algo parecido, pero mejor releamos las palabras del lunes. Luego las compararemos con las del martes:
Pregunta: “...en Chihuahua se informó que, después de un operativo, fallecieron elementos en un accidente; entre ellos, iban dos agentes de la Embajada de Estados Unidos”. El primer enigma es cómo sabía quién hizo (o leyó la pregunta sembrada) la adscripción de los estadunidenses. ¿Agentes de la embajada? Las embajadas no tienen agentes. Tienen personal diplomático.
Respuesta (sin respuesta): “...No estábamos enterados. Fue una decisión del gobierno de Chihuahua. Estamos pidiendo más información al gobierno de Chihuahua”.
¿Cómo --es dable preguntar-- la desinformación federal se transforma instantánea y culposamente en responsabilidad estatal? Quizá porque la gobernadora de Chihuahua es opositora a la 4-T conveniente para una cabra expiatoria.
La verdad resulta muy serio todo este embrollo porque si hasta los medios de información estadunidenses identifican el quehacer de sus conciudadanos muertos (jamás su identidad como se hace con los espías de la Agencia Central de Inteligencia), no es creíble la ignorancia mexicana hasta en los más altos niveles donde se defiende la soberanía. Eso quiere decir simplemente, la CIA se los brincó, cobijada (o no) por el gobierno de Chihuahua.
El “Washington Post” reveló su pertenencia a la CIA (la operadora de los drones sobre México), y los medios mexicanos las reprodujeron (R):
“...Dos funcionarios de la Embajada estadounidense que murieron en un accidente automovilístico en Chihuahua cuando regresaban del lugar de una operación antidrogas TRABAJABAN PARA LA AGENCIA CENTRAL DE INTELIGENCIA (CIA por sus siglas en inglés) como parte de un PAPEL SIGNIFICATIVAMENTE AMPLIADO (¿por el gobierno de Campos?) en la lucha contra el narcotráfico en el hemisferio occidental, según dos personas familiarizadas con el asunto, dio a conocer el Washington Post”.
“... Lo segundo (abundó CSP) es que no teníamos conocimiento de que hubiera un trabajo directo entre el estado de Chihuahua y personal de la Embajada de los Estados Unidos en México. Entonces, estamos pidiendo toda la información al gobierno de Chihuahua y también al gobierno de los Estados Unidos y revisando si hay alguna violación a la Ley de Seguridad Nacional, porque es importante, no es solamente… Nosotros tenemos claro, y lo hemos planteado así, que hay colaboración, hay coordinación, PERO NO HAY OPERACIONES CONJUNTAS en tierra, bueno, ni en aire, no hay operaciones conjuntas”.
Sólo hay pasajeros casuales en vehículos oficiales.
La violación a la ley se convirtió al día siguiente (ayer) en el quebranto constitucional:
(Eje central).- “El gobierno federal puso en marcha una investigación para determinar si dos agentes de Estados Unidos que perdieron la vida el fin de semana en Chihuahua estaban operando al margen de la ley mexicana. La presidenta Claudia Sheinbaum informó que las autoridades ya revisan si la presencia de estos extranjeros violó la Constitución o la Ley de Seguridad Nacional. Lo que se sabía hasta ayer sobre su actividad cambió este martes con las declaraciones de la mandataria.
“...Sheinbaum reveló que, según los primeros datos, los fallecidos estaban realizando LABORES CONJUNTAS con autoridades estatales. Esto abre una nueva línea de indagación: si existió coordinación formal con el gobierno federal o si se actuó sin los permisos necesarios”.
El hecho real es simple: los gringos están hasta en la sopa. Dicen los medios:
“(Proceso).- Los dos estadunidenses que murieron en un accidente automovilístico en Chihuahua eran agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de acuerdo con los periódicos The Washington Post y The New York Times.
“...La revelación del Times y el Post explica indirectamente el por qué tras el reporte del presunto accidente las autoridades mexicanas y la Embajada de Estados Unidos en México se reservaron el nombre de los dos agentes de la CIA que murieron”.
Si ese accidente fue provocado (como todo lo hace suponer), México está metido en un berenjenal. Es como si alguien comenzara a disparar contra los turistas en una de las pirámides de Teotihuacán y dejara un cadáver, muchos heridos y un reguero de sangre.
¡Qué pena con las visitas!