Opinión

El ataque en Washington abre la discusión sobre el papel del conspiracionismo en la política contemporánea

CONSPIRACIONES POLÍTICAS EN LA ERA TRUMP

Trump dará rueda de prensa en Casa Blanca sobre el tiroteo ocurrido en la cena de corresponsales
Trump dará rueda de prensa en Casa Blanca sobre el tiroteo ocurrido en la cena de corresponsales

La cena de gala con la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca que se celebraba en el Hotel Hilton de Washington y donde participaba el Presidente de los Estados Unidos se vio interrumpida por un tiroteo. Cientos de periodistas y decenas de funcionarios de alto nivel del gobierno de Donald Trump que se encontraban en el evento vivieron escenas de pánico y debieron ser evacuados por el Servicio Secreto. El presunto atacante originario de California, fue detenido sin que se conozcan hasta el momento sus motivaciones. Es el tercer atentado armado que enfrenta el mandatario estadounidense desde que se instalara nuevamente como presidente de ese país. Ahora el mundo político hace referencia a una conspiración en contra de su gobierno.

Las teorías conspirativas no son producto marginal de la cultura política contemporánea, por el contrario, representan “instrumentos afilados” que frecuentemente son utilizados por movimientos autoritarios y populistas para incrementar su consenso. Comprender su lógica y funciones significa analizar los mecanismos por los cuales el miedo colectivo se transforma en angustia persecutoria y la preocupación en odio y rencor. Las masas no abrazan el autoritarismo por ignorancia o irracionalidad sino porque experimentan condiciones sociales objetivas de alienación, anomia y pérdida de seguridad que son canalizadas intencionalmente por los líderes carismáticos, hacia formas de angustia colectiva. No todas las teorías conspirativas son equivalentes.

Existe una diferencia estructural entre las teorías conspirativas clásicas que no tienen una función política directa y las teorías modernas que sí son instrumentalizadas por movimientos políticos organizados. Las teorías clásicas surgen como respuesta emocional a eventos inesperados y perturbadores como la muerte repentina de un personaje público, una epidemia o desastre. Tales eventos adquieren significado mediante una “construcción conspiracionista” que pretende calmar la angustia y el desconcierto, al tiempo que incrementa el sentido de impotencia frente a un desconocido grupo de conspiradores. En este escenario, la conspiración actúa como mecanismo psicológico defensivo que reduce la incertidumbre atribuyendo causas a lo inexplicable.

Por su parte, las teorías conspirativas modernas tienen un carácter político que funciona de manera radicalmente opuesta. Cuando un movimiento político recurre a ellas para referirse a males sociales estructurales como desempleo, pobreza creciente o miedo a la pérdida de estatus social, la desesperación no se aplaca sino que se exacerba, transformándose incluso en formas de angustia

persecutoria. Cuánto más intensa es esa angustia, mayor es el consenso de quienes adoptan esta narrativa. El conspiracionismo político no calma el miedo porque lo necesita para producir consenso. También ofrece soluciones simplistas: si se detiene a los conspiradores, desaparecerán los males sociales. Existe un nexo entre conspiración, autoritarismo y populismo que ilustra cómo el recurso a las teorías del complot representa un dispositivo ideológico capaz de movilizar activamente a la sociedad.

Debemos comprender las formas novedosas de la conspiración en la era digital y sus afinidades con los populismos del presente. La teoría de la conspiración conduce a planes secretos que impactan una cantidad potencialmente infinita de fenómenos sociales. Por ello, las teorías conspirativas se presentan como una herramienta de la lucha política. En base a la lógica de que una parte de la sociedad es representativa de todo el pueblo y a la trasposición correlativa del adversario en la figura del enemigo externo a la sociedad, el recurso a las maquinaciones conspirativas -imputadas a la contraparte- se convierte en una vía privilegiada de la dialéctica política actual.

El complotismo contribuye al proceso de polarización y radicalización de la lucha política minando, al mismo tiempo, la confianza en las instituciones y en los procedimientos fundamentales de los sistemas democráticos. Los autoritarismos contemporáneos emplean técnicas de identificación del enemigo colectivo y narrativas del complot, para convertir el difuso malestar social en energía política concentrada y fácilmente manipulable.

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