Opinión

El uso de datos y algoritmos en seguridad y política abre interrogantes sobre libertad, control y poder

EL PODER DE ANTICIPAR CONDUCTAS

EL PODER DE ANTICIPAR CONDUCTAS
EL PODER DE ANTICIPAR CONDUCTAS

Esta empresa norteamericana especializada en análisis de datos ha desarrollado un software llamado Gotham cuya gracia es recopilar muy rápidamente información sobre personas de cualquier parte del mundo a partir de todas las fuentes disponibles, públicas y privadas. Es el instrumento favorito de las agencias de seguridad -como la CIA y el ICE- para cazar a sus presas, sean criminales, rivales políticos o migrantes sin papeles. Hablamos de Palantir Technologies.

Bloomberg Businessewk le llamó al invento “el arma secreta en la guerra contra el terror” pues no solo genera fichajes personales instantáneos, sino que es la base para la “vigilancia policial predictiva”. El Gotham es capaz de identificar miembros de bandas delictivas, pero también “rastrea los vínculos de las personas con otros miembros de bandas, traza esquemas de historiales, delictivos, analiza redes sociales y predice la probabilidad de que cada individuo en concreto cometiese o fuese víctima de un acto violento” (Zuboff, Sh. La era del capitalismo de la vigilancia, Paidós p.518).

El software puede hacer algo más: rastrear quién vota, por quién es proclive a votar, los indecisos, las franjas de la abstención y predecir quien puede ser convencido y movilizado… también donde están y quienes son los adversarios. Todo un sueño para los operadores electorales.

Pues bien, la semana pasada estos arcángeles del desarrollo cibernético tuvieron la puntada de publicar un “manifiesto”, una especie de declaración programática dirigido a la opinión pública norteamericana en el que anticipan “un cambio de época definitivo”, “un choque de civilizaciones irreconciliable”, reprochan: “Silicon Valley ha perdido el rumbo… dedicada al hedonismo del consumidor pero no a la seguridad nacional”, advierten sobre la inminencia de una tercera guerra mundial, prevén que ella no será atómica sino que su disuación dependerá de la IA, “el servicio militar obligatorio debería ser un deber universal” y rematan diciendo: los Estados democráticos no pueden seguir perdiendo el tiempo con su “pluralismo vacío” (aquí https://goo.su/XvfUXw).

En 22 tesis resumen su visión del presente y el porvenir del mundo, en el que la seguridad, la militarización de la sociedad, el Estado policiaco y por supuesto, la masiva inversión pública en desarrollo de softwares, son la absoluta prioridad. No es difícil adivinar que los dueños de Palantir (Peter Thiel y Alex Karp) fundaron su empresa dos años después del 11 de septiembre de 2001, tras el enorme trauma que trajo consigo la destrucción de las torres gemelas en Nueva York. Para seguir teniendo libertad -dicen- hay que ceder parte de ella, en aras de la seguridad.

Las 22 tesis fueron extraídas, a su vez, del libro “La República Tecnológica: poder duro, creencias suaves y el futuro de occidente (A, Karp y Nicholas, Zamiska), en el que exponen con bastante transparencia sus objetivos políticos, culturales, sociales y hasta religiosos… sí, religiosos.

“Hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos”, dice el manifiesto y por supuesto: “La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer exige algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y este poder duro en el siglo XXI se construirá sobre la base del software”.

Una mezcla muy posmoderna de algoritmos, misticismo, guerrerismo, alta tecnología y negocios muy jugosos. Dice Karp: se trata de que nuestros adversarios -Rusia, China, etcétera- “se levanten y se acuesten con miedo a tu capacidad tecnológica”, por nuestra capacidad para “identificar, rastrear y neutralizar enemigos” gracias a la integración y análisis de datos de múltiples fuentes”, todo en nombre de la “defensa de la nación”.

Peter Thiel es la figura principal. Fundador de PayPal, accionista número uno de Palantir se ha convertido en un predicador de los libertarios y de la oligarquía tecnológica estadounidense. Filósofo de formación, alumno de Habermas, intelectualmente superior a Musk o Bezos pero tal y como ellos, sostiene una clara dependencia y un millonario conflicto de interés: el 50 por ciento de los ingresos de la empresa proceden de gobiernos, trabajan para Alemania y el Reino Unido, pero sus clientes predilectos son Israel, Argentina y los Estafos Unidos de Trump, por lo que su éxito financiero depende a su vez del éxito de gobiernos autoritarios y sus respectivas infraestructuras de vigilancia. Tecnología, oligarquía y desmantelamiento de la democracia resume el belicoso espíritu del manifiesto.

No podemos decir que el señor Thiel sea incoherente o inconsistente, muy por el contrario, su pensamiento desarrolla una misma línea desde hace más de dos décadas, si bien con otros énfasis.

En una conferencia célebre en el 2009 proclamó sin ambigüedad: “He dejado de creer que libertad y democracia sean compatibles. La gran misión para nosotros, los libertarios, es hallar una vía de escape que nos permita eludir la política en todas sus formas” (ver en español https://bit.ly/4ubHG8H).

Hoy en día, el dueño de Palantir argumenta que la democracia es hemipléjica, lenta de reflejos, incapaz de resolver las necesidades ni de hacerse cargo de los riesgos y amenazas de sus enemigos con los que no hay negociación o reconciliación posible. La solución, claro está, consiste en prepararse para una conflagración y disuadirla mediante el poder de los datos y del software que Palantir ofrece.

Cosas muy serias y complejas como predecir la conducta humana, para colorarios y apetitos tan vulgares.

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