
Un edificio puede estar hecho de concreto, acero o cristal, pero lo que realmente lo mantiene firme son sus cimientos. Sin una base sólida, todo lo demás colapsa. En el caso de la democracia, al igual que en los edificios, se construye con principios sólidos para mantenerse en pie. En el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), esos cimientos son siete: certeza, imparcialidad, independencia, legalidad, máxima publicidad, objetividad y paridad.
A partir de esta analogía, cuando observamos el edificio del IEEM ubicado en Paseo Tollocan 944, vemos que no se trata únicamente de una construcción con cristales. Su diseño no fue casual, buscó representar un espacio que evidenciara cómo debe funcionar una institución democrática: transparente, abierta, accesible y confiable. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Jorge Eduardo Valdés Garcés y la dirección de obra, del ingeniero Juan Manuel Oseguera Higareda. Comenzó a construirse en abril de 2002 y se inauguró el 10 de diciembre de ese mismo año.
Pero más allá de su contexto, hay algo importante en la manera en que está organizado. Alrededor del patio central, se distribuyen diversas oficinas que albergan las direcciones, consejerías, Presidencia y Secretaría Ejecutiva. Esto no es solo un detalle arquitectónico, simboliza también que la toma de decisiones en el Instituto no depende de una sola persona, sino de muchas áreas que trabajan juntas alrededor de un mismo objetivo, garantizar elecciones confiables y proteger los derechos político-electorales de la ciudadanía.
Uno de los espacios más importantes del edificio es la Sala del Consejo General. Ahí se discuten acuerdos, se aprueban lineamientos y se toman decisiones que impactan directamente en el acceso y ejercicio de los derechos político-electorales de millones de personas. Se ubica debajo del patio central y se ingresa por una estructura de acero y cristal que asemeja una urna. Desde arriba puede verse una cúpula con la silueta del Estado de México que nos recuerda la labor y la responsabilidad en la vida pública del Estado, así como en la vida diaria de cada mexiquense.
El edificio también está pensado para que cualquier persona pueda recorrerlo y usarlo. Las rampas, pasillos y accesos permiten que las personas con discapacidad motriz puedan moverse por todos los espacios. Eso no sólo habla de arquitectura, sino que refleja la idea de democracia donde nadie debe quedarse fuera.
Sin embargo, lo que realmente le da vida, son las personas que trabajan dentro de él. En el IEEM todas las áreas tienen un papel fundamental, por mencionar algunos ejemplos: cuidar el diseño y la producción de las boletas y material electoral; fomentar la participación ciudadana desde la cultura cívica así como con programas académicos y editoriales; vigilar el cumplimiento de la ley; atender aspectos inherentes a los partidos políticos; garantizar la transparencia y el acceso a la información; comunicar de manera clara, sencilla e incluyente; diseñar sistemas informáticos con altos estándares de calidad; impulsar la igualdad de género y actuar para erradicar la discriminación y la violencia política contra las mujeres en razón de género, entre muchas otras. Cada oficina, cada área y cada persona forman parte de una estructura mucho más grande que posibilita el funcionamiento de la democracia mexiquense todos los días y no exclusivamente durante proceso electoral.
A 30 años de la creación del IEEM, el edificio de Tollocan 944 guarda en su memoria las experiencias, el trabajo y la convicción de todas las personas que han sido parte de él y que, en conjunto, forman las piezas de una construcción más amplia: la de la democracia mexiquense. Somos una institución que ha crecido, que ha cambiado y que ha enfrentado nuevos retos, pero que seguirá sosteniéndose sobre los mismos principios con los que fue creada. Porque así como un edificio necesita buenos cimientos para mantenerse firme, la democracia necesita instituciones sólidas y personas comprometidas para seguir construyéndose todos los días.