Opinión

La quinta sinfonía de Shostakóvich

El compositor Alban Berg
El compositor Dmitri Shostakóvich. El compositor Dmitri Shostakóvich. (La Crónica de Hoy)

Por el tiempo en que inicié la carrera de medicina, la música clásica ya se había convertido en mi tipo de música favorita. La ponía durante las largas horas de estudio. En ese entonces escuchaba a los autores de la época barroca, de la clásica y, por supuesto, de la romántica. Bach, Vivaldi, Mozart, Haydn, Beethoven, Brahms, Tchaikovsky. Teníamos un perro Bull terrier que le encantaba la música y se pasaba horas a mi lado, mientras estuviera sonando alguno de esos vinilos.

En el cuarto semestre de la carrera tuve un profesor de nosología básica que era un personaje fuera de serie. Se llamaba Trifón de la Sierra. Él mismo se burlaba de su nombre porque decía que era el más feo que había. Era un cirujano con gran vocación pedagógica y enemigo del status quo. Era un crítico muy agudo del sistema y fue una persona clave en mi tránsito de ser un “creyente, consumidor de las ideas de los demás”, a ser un “escéptico, generador de sus propias ideas”. Me abrió la mente a un mundo que tenía enfrente, pero no había visto. Su esposa era la gran pianista María Teresa Rodríguez. Con frecuencia le pedía permiso al maestro para ir a estudiar en su biblioteca, porque ella ensayaba en el cuarto de al lado. De alguna manera sentía que era como asistir a un concierto privado. Le tuve mucho cariño al maestro. Falleció hacia finales de 2003. En sus clases Trifón hablaba de múltiples cosas relacionadas con la cultura universal y una de ellas era la música. Mencionaba con frecuencia la quinta sinfonía de Shostakóvich, a quien en ese entonces yo no conocía.

Dmitri Shostakóvich fue un compositor ruso que vivió de 1906 a 1975. Fue perseguido y denunciado públicamente por el régimen de Stalin, porque su música les parecía decadente y burguesa. Su cuarta sinfonía la tuvo que retirar y estrenar hasta muchos años después, porque de haberla presentado entonces, hubiera sido un suicidio. Su vida y lucha con el régimen fueron narradas de forma espléndida en el libro “El ruido del tiempo” de Julián Barnes. Se vio obligado a escribir música que pareciera patriótica, pero que en el fondo revelara su sentir. Con eso en mente, la quinta fue un éxito rotundo. La gente pensó que la obra era una exaltación al politburó, pero la verdad es que Dmitri engañó a todos de forma magistral, porque encriptado en la música, la obra muestra sus sentimientos de ansiedad, sufrimiento, aislamiento y una depresión abrumadora, presentados con melodías en ocasiones muy intensas y en otras de una belleza indescriptible.

Mi favorito es el tercer movimiento. Muy influenciado por la música de Mahler. El final de este movimiento es impresionante, con profunda introspección y aceptación de la derrota. Recuerda mucho el final de la novena sinfonía de Mahler.

Me parece encantador pensar que la música de Shostakóvich me sedujo, quizá en parte por la influencia de Mahler, a quien conocí algunos meses después y se convirtió en mi compositor favorito. ¿Intuí a Mahler a través de Shostakóvich?

En ese entonces mi papá viajaba con frecuencia a Houston por negocios y ante las repetidas menciones del maestro Trifón, le pedí que me consiguiera un LP con la quinta de Shostakóvich. Me trajo la versión dirigida por Kondrashin con la Filarmónica de Moscú. Recuerdo vívidamente el momento en que estando solo en el estudio de la casa de mis papás, abrí el disco y lo puse en el sistema de sonido de marca Gradiente que teníamos entonces. Cayó el estilete del tornamesa y empezó la magia. De inmediato me transporté a otra dimensión. Cuarenta y dos minutos después ya era otra persona.

Dr. Gerardo Gamba

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e

Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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