
A unos días de que México vuelva a colocarse en el centro de la atención internacional con la celebración de la Copa Mundial de Futbol, resulta inevitable preguntarse si el país llega a la cita con la infraestructura que una economía de su tamaño requiere.
Más allá de la pasión deportiva, el Mundial representa una oportunidad económica extraordinaria. Miles de visitantes llegarán a la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, generando una importante derrama para hoteles, restaurantes, transporte, comercio y servicios.
Este importante evento también pone nuevamente sobre la mesa, la desafortunada decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco, una discusión que parecía superada. La terminal aérea que quedó inconclusa no era solamente una obra de gran escala. Estaba concebida para convertirse en el principal centro de conexiones de América Latina, capaz de competir con los grandes hubs internacionales que hoy impulsan el crecimiento económico de ciudades como Estambul, Doha o Singapur. Su ubicación estratégica y la posibilidad de operar hasta seis pistas habrían permitido aumentar significativamente la capacidad aeroportuaria del Valle de México durante las próximas décadas.
En contraste, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) sigue operando bajo condiciones de saturación. Aunque moviliza más de 45 millones de pasajeros al año, sus limitaciones estructurales son evidentes. Sus dos pistas no pueden utilizarse simultáneamente debido a su cercanía, una restricción que impacta directamente en la eficiencia operativa y en la capacidad de crecimiento del sistema aeroportuario.
La llegada del Mundial obligó a realizar una intervención mayor en las terminales 1 y 2. Las obras abarcaron cerca de 394 mil metros cuadrados e implicaron una inversión cercana a los 6 mil 500 millones de pesos para atender problemas de seguridad, hundimientos, mantenimiento y modernización de instalaciones. Se trata de recursos bien invertidos y necesarios, pero que también evidencian el desgaste acumulado de una infraestructura que desde hace años opera al límite de sus capacidades.
Desde una perspectiva financiera, la cancelación de Texcoco sigue siendo objeto de debate. Además de las inversiones ya realizadas, el gobierno tuvo que absorber compromisos financieros asociados al proyecto y posteriormente destinar cuantiosos recursos a la construcción del AIFA. El resultado es un sistema aeroportuario fragmentado que, si bien ha incrementado su capacidad total, todavía enfrenta desafíos importantes en materia de conectividad, logística y experiencia para los pasajeros.
La puesta en marcha del tren hacia el AIFA representa un avance relevante para mejorar la movilidad y reducir tiempos de traslado. Sin embargo, persiste el reto de integrar eficientemente los distintos aeropuertos que conforman el sistema aeroportuario metropolitano.
Mientras tanto, la Ciudad de México acelera obras urbanas y trabajos de mejoramiento para recibir a los visitantes. Como ocurre antes de cada gran evento internacional, las autoridades buscan mostrar la mejor versión posible de la capital. No obstante, los pendientes en movilidad, mantenimiento urbano, transporte público y seguridad siguen siendo temas que preocupan tanto a residentes como a visitantes.
El Mundial dejará una importante derrama económica y seguramente una alta ocupación hotelera. Los beneficios para sectores como hospedaje, gastronomía, comercio y entretenimiento serán significativos. Pero también servirá como recordatorio de que las grandes decisiones de infraestructura tienen efectos que trascienden gobiernos y generaciones.
Quizás la mayor lección sea que las obras estratégicas no deben evaluarse únicamente por su costo inmediato, sino por su capacidad para impulsar competitividad, conectividad y crecimiento económico durante décadas. El aeropuerto de Texcoco ya forma parte de la historia de las oportunidades perdidas. Lo importante ahora es evitar que México vuelva a dejar pasar proyectos que definan su futuro.
@fer_martinezg