Opinión

La FCPyS tiene una enorme responsabilidad con la sociedad de los que la vimos nacer y los que la conocerán.

75 años de la FCPyS: la sociología como profesión pública

La histórica "Polakas" La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales cumple 75 años. (Cuartoscuro)

Entré a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales como estudiante de licenciatura, con la certeza de que la sociedad no es un dato dado, sino una construcción que hay que desmontar y entender. Cuando regreso a sus aulas como profesor de asignatura, ya no cargo mochila, cargo un plumón y un borrador, pero sigo habitando este campo desde la misma trinchera, la del pensamiento crítico.

El 3 de mayo de 1951 el Consejo Universitario aprobó la creación de la entonces Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, impulsada por Lucio Mendieta y Núñez. No fue un trámite, fue una lectura sociológica del país, México se modernizaba y necesitaba profesionalizar el estudio de lo público. Empezamos en Miguel Schulz, pasamos por la Casa de los Mascarones, compartimos sede con Economía y desde 1984 estamos en el circuito Mario de la Cueva. En 1968 dimos el salto a Facultad porque se entendió que no bastaba con enseñar oficios, había que formar sujetos capaces de cuestionar el poder.

El actual rector Leonardo Lomelí lo dijo claro en la ceremonia de los 75 años: aquí se ha pensado la justicia, la violencia, la igualdad y la convivencia como hechos sociales, no como frases de campaña. Por eso esta Facultad fue laboratorio y refugio. Aquí Pablo González Casanova desentrañó el colonialismo interno; Arnaldo Córdova mapeó la arquitectura del Estado; Olga Pellicer colocó a México en el sistema-mundo; Fernández Santillán, José Wolldemberg, Luis Gómez, Raquel Sosa y otros diseccionaron la democracia. Y aquí también llegaron los exilios: republicanos españoles y sudamericanos como Sergio Bagú, Agustín Cueva o Adolfo Gilly, que trajeron la sociología crítica cuando en sus países era delito pensarla. Sin hablar de otras figuras como Francisco Reveles y Carlos Imaz que destacan entre sus egresados.

Desde la sociología, la FCPyS es un campo en el sentido de Bourdieu, un espacio donde se disputa qué conocimiento sobre lo social es legítimo. Es también una trinchera; la teoría basada en el pensamiento de Antonio Gramsci, aquí construye hegemonía y contrahegemonía. Lo veo cada semana en clase cuando discutimos ciudadanía, feminismo o las nuevas derechas digitales. Lo veo también cuando me reencuentro con compañeras y compañeros de mi generación que hoy están en el gabinete presidencial; algunos en Gobernación, otros en Relaciones Exteriores, en Bienestar o en las áreas de comunicación de Palacio Nacional. Con ellos discutí a Durkheim en el salón de clases, hoy operan el Estado. Eso demuestra la tesis de que el conocimiento se encarna en instituciones y en actores. La Facultad no se quedó en el aula, incidió en nuestra formación. Formar científicas y científicos sociales hoy, es enseñar a interrogar los datos sin fetichizarlos, a usar las herramientas sin abandonar el rigor ni la ética.

Como estudiante aprendí que la sociología es la profesión de volver extraño lo familiar. Como docente intento honrar ese oficio. El mejor homenaje a los 75 años no es la placa ni la obra de Jazzamoart, es el compromiso con la docencia de calidad, con la igualdad de género, con la erradicación de toda violencia y con la justicia social.

En los tiempos de la posverdad, la sociedad del espectáculo y la Inteligencia Artificial, la comunidad debe sostener el campo. La conciencia crítica debe privar en el alumnado, pero también en la docencia. La autocrítica será fundamental para seguir avanzando en el conocimiento. Al final del día, la FCPyS no puede quedarse sólo en el circuito Mario de la Cueva. Tiene una enorme responsabilidad con la sociedad de los que la vimos nacer y los que la conocerán.

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