Opinión

Cuando México se acuerda de sonreír

Afición mexicana (Gabriela Pérez Montiel)

Por unos días, el mundo parece ponerse en pausa. Las discusiones políticas bajan de volumen, las diferencias se guardan en un cajón y millones de personas voltean a ver una cancha de futbol. El Mundial tiene esa extraña capacidad de unir lo que normalmente está dividido.

Y quizá por eso vale la pena detenernos un momento para recordar algo que a veces olvidamos entre tanta mala noticia: lo extraordinario que es México.

Porque sí, vivimos tiempos complejos. Mientras miles de aficionados celebran el futbol, hay quienes siguen empeñados en paralizar ciudades, cerrar negocios, bloquear avenidas, afectar a quienes quieren trabajar y dejar sin clases a millones de estudiantes. También vivimos en un país donde seguimos descubriendo políticos que prefieren escapar de sus responsabilidades antes que rendir cuentas, algunos incluso bajo sospechas que los acercan peligrosamente al crimen organizado.

De eso seguiremos hablando. Es nuestra obligación hacerlo.

Pero también es nuestra obligación reconocer lo bueno.

Porque mientras algunos se empeñan en mostrar la peor versión del país, millones de mexicanos exhiben todos los días la mejor. Ahí están los videos virales de extranjeros sorprendidos porque en México la gente saluda al desconocido, ayuda al turista perdido o se toma el tiempo para recomendar un restaurante, una ruta o un puesto de tacos. Ahí están las historias de visitantes que llegan por unos días y terminan enamorados de la calidez de nuestra gente.

Hace apenas unos días se volvió viral una escena que difícilmente podría ocurrir en otro lugar: Paseo de la Reforma convertido en un improvisado ring de lucha libre donde aficionados de distintas nacionalidades convivían entre máscaras, porras y carcajadas. Una joven coreana terminó participando como luchadora: una mexicana más. La imagen resume perfectamente lo que somos: un país que integra antes que excluir.

Y el Mundial lo está confirmando.

Mientras algunos grupos siguen apostando por la confrontación, cientos de miles de personas han decidido encontrarse alrededor de una pantalla. Tan sólo en el Zócalo capitalino más de 400 mil aficionados han participado en la fiesta mundialista. A ellos se suman más de cien mil personas que han acudido a los distintos festivales futboleros distribuidos por toda la ciudad.

Lo interesante no son únicamente las cifras. Es lo que representan.

Significan familias conviviendo en espacios públicos, turistas compartiendo una cerveza con desconocidos, niños usando la camiseta de su selección junto a otros que hablan un idioma distinto. Significan una ciudad que logró sacar el Mundial del estadio para convertirlo en una celebración colectiva.

Y el fenómeno apenas comienza. La llegada constante de visitantes extranjeros, particularmente de países latinoamericanos, confirma que la Ciudad de México se está convirtiendo en mucho más que una sede deportiva: es una carta de presentación de México ante el mundo.

Por supuesto que los problemas siguen ahí. Mañana mismo habrá más de 11 mil elementos de seguridad desplegados para garantizar que quienes quieran disfrutar del futbol puedan hacerlo en paz. Incluso el gobierno ha tenido que pedir algo que debería ser obvio: que las manifestaciones respeten también el derecho de los demás a circular, trabajar y asistir a los eventos.

Pero precisamente ahí está la diferencia.

Mientras unos buscan detener la ciudad, otros la llenan de vida. Mientras unos bloquean, otros reciben visitantes. Mientras unos gritan consignas de división, otros comparten una pasión que no entiende de fronteras.

El futbol terminará en unas semanas. Los problemas seguirán ahí. La CNTE seguirá teniendo cuentas pendientes con millones de estudiantes. Los políticos seguirán teniendo explicaciones que dar. Y los periodistas seguiremos señalándolo.

Pero mientras tanto, vale la pena disfrutar este momento.

Porque cuando el mundo nos visita, vuelve a descubrir algo que nosotros mismos a veces olvidamos: que México no es sólo sus conflictos. México también es esa sonrisa espontánea, esa hospitalidad que sorprende al extranjero y esa capacidad única de convertir una plaza pública en una fiesta.

Y eso, aunque a veces lo demos por sentado, también es motivo de orgullo nacional.

Por cierto:

1. OJO. Con motivo de los partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en la Ciudad de México, el Gobierno Federal decretó que el próximo 17 de junio las oficinas públicas federales operarán de manera presencial únicamente hasta las 15:00 horas, mientras que el 24 de junio las actividades se desarrollarán completamente bajo esquemas de teletrabajo. Además, se suspenderán clases en escuelas públicas y privadas de educación básica, así como en planteles de educación media superior y superior dependientes de la SEP. La medida busca reducir la presión sobre la movilidad, facilitar los operativos de seguridad y garantizar el funcionamiento de los servicios estratégicos durante los días en que la capital será sede de actividades mundialistas.

Vivo la noticia, para contarle la historia

@juanmapregunta

Tendencias