
Prendido de la ubre legislativa como un cordero lechal, el senador Enrique Inzunza Cáceres, constante receptor de dietas mediante el truco de triangular su pago de dietas y compensaciones a través de interpósita persona ajena al congelamiento de sus cuentas bancarias, ofrece una dudosa muestra de moralidad tan repugnante como el resto de su trayectoria.
Alude los valores de su educación, habla de compromiso, de raigambre campirana, pasado de sembrador de palma y huarache y mediante el disimulo de su ambición se dice dispuesto a bajarse de una candidatura al gobierno de Sinaloa a la cual nadie hasta ahora lo había subido. Todo eran rumores de aliento en medio del desastre entre el cinismo y el disimulo.
En un lamentable esbozo de autorretrato, Insunza habla de sí mismo y cuenta:
“Uno es lo que ha sido toda la vida (eso que ni qué, mi buen)
“... Desde mi infancia en los altos de Sinaloa, aprendí de mis mayores el sentido del deber, de la rectitud y del trabajo honrado. Con mi padre, anduve cerros y veredas, bajando cargas de vara blanca y palos colorados, a lomos de burro, como forma de ganar el sustento familiar… fui boyero; muchas mañanas tuve caminando a tropezones entre los surcos, mientras la yunta de bueyes jalaba el arado hundido entre la tierra, piedras y troncos de árboles (perdón por la furtiva lágrima del redactor)
“... En esas mismas faenas de labranza, fui sembrador de a pie y labriego a jornal de todo el que ocupaba unas manos pequeñas para echar las semillas de maíz, frijol, cacahuate y calabaza. Adolescente, trabajé como vaquero con quien me ocupara. Mis padres no habían ganado”.
Esta descripción de su recio pasado, de una fiera infancia casi de niño yuntero, como podría haber dicho Miguel Henández, tiene una extensión de estoicismo formativo con un temple de acero, y hasta Don Benito Juárez con todo y el borrego extraviado lo podría envidiar.
“Fui estibador en la bodega de una papelería y, posteriormente, ayudante de taquería… (pude) ingresar a laborar como personal de biblioteca en mi alma mater, la Universidad Autónoma de Sinaloa, y obtenido mi título de licenciado en derecho, en el año de 1996 ingresé a laborar al Poder Judicial del Estado, donde hice carrera por más de 25 años, y del que llegué a ser su magistrado presidente por más de diez… Fui electo Senador de la República por el voto de cerca de 700 mil sinaloenses, quienes me confirieron la responsabilidad de representarlos en la máxima tribuna parlamentaria de la nación para el periodo 2024-2030”.
Pero todo ese viaje por la vida, culminado con la construcción de sí mismo, no impide leer en el periódico esta nota (La jornada):
“…El legislador sinaloense, quien enfrenta, junto con el gobernador con licencia de Sinaloa y otro diez funcionarios de esa entidad cargos de una Corte Federal de Estados Unidos, por presunto nexo con el crimen organizado, subió a sus redes sociales un mensaje en el que reivindica su trayectoria como servidor público y narra advierte que proviene del trabajo y el esfuerzo personal y su carrera como abogado la inició desde abajo”.
¿Y?, como dijo Lucerito.
Todo eso puede ser un alegato conmovedor, pero los hechos reales son la ausencia y el ocultamiento. Por más de 50 días el senador no ha acudido a las labores para cuyo desempeño “cerca de 700 mil sinaloenses, le (me) confirieron la responsabilidad de representarlos en la máxima tribuna parlamentaria de la nación para el periodo 2024-2030”.
Toda esa mojiganga defensiva no sería posible si Insunza no contara con una protección superior, incluyendo el fuero legislativo. Y eso es lo verdaderamente preocupante.
Morena lo ha cobijado. Adán Augusto cuyo control senatorial se ejerce a través de “Nachito” Mier, lo sigue protegiendo sin percatarse ninguno ni en la “Cámara Alta” ni en el gobierno federal (ni, ni) , cómo esa actitud entorpece las álgidas negociaciones ( álgido significa helado) con el gobierno de Estados Unidos cuyas expresiones cada vez más son más amenazantes.
Donald Trump ha insistido en el dominio de los cárteles por encima del legítimo gobierno de la República. Eso es falso, pero no importa. También eran falsas las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein y eso no evitó verlo colgado de una cuerda.
Dos declaraciones de reciente cuño deberían empujar al gobierno federal a reconsiderar sus lealtades y evaluar sus necesidades, y sus prioridades por encima de la defensa ciega.
Trump ha dicho una vez más:
“México ha perdido el control de su país. Los cárteles controlan México. La presidenta es muy buena mujer pero es una mujer muy asustada…”
Las intenciones electorales (ciertas) de tan agresivo diagnóstico, no disminuyen ni la magnitud de la ofensa ni el tamaño de sus consecuencias. Los agravios no se corrigen sólo por creerse muy listo en el análisis de las motivaciones del ofensor. Eso es pueril.
Menos infantil parece esto otro. Es la segunda de las declaraciones recientes mientras México defiende a los complicados en asuntos sinaloenses:
“El Vicepresidente de EU, JD Vance, advirtió que la opción número uno contra los cárteles siempre será trabajar con México, pero sugirió que están dispuestos a tomar acciones militares en suelo mexicano si es necesario (R).
“Si tienes un cártel de drogas mexicano que tiene un cargamento masivo de armas y fentanilo que está a punto de ser introducido a Estados Unidos y la única forma de detenerlo es ir contra ese cártel, claro que vamos a ir contra ese cártel.
“Queremos trabajar con el Gobierno de México, pero necesitamos cuidar a nuestra gente”, declaró el Vicepresidente a N+Univisión luego de que la conductora insistiera en si EU emprendería acciones militares en territorio mexicano.
“Tomaremos acciones militares si sentimos que lo tenemos que hacer para proteger a nuestra gente. No queremos hacer eso, a menos que trabajemos con el Gobierno de México. Necesitamos reservarnos el derecho”.
Las palabras pueden ser ( o no) precursoras de acciones por venir y no es con alegatos internos y explicaciones favorables a la clientela doméstica americana como se resuelven los conflictos binacionales.
Muchos de los dichos de Trump quedan en el vacío de su demencial oratoria. Pero otros no. Nada disminuye la gravedad de vivir bajo amenazas Creer que un diagnóstico baladí resuelve algo, es refugiarse en la intrascendencia: son discursos electoreros de allá. De nada sirve.
Si lo son, pero existen. Su intención doméstica, no los hace menos graves. Al contrario.
Cuidar a Inzunza, a Rocha Moya y a otros, quizá favorezca al peligro del cual México quiere escapar mientras corre al precipicio.
¿Y todo por proteger a una banda o al fundador de la pandilla?
HORMIGAS
El gobierno de Ajolotitlán (en su faceta de bataclán), ha dado un paso en favor de la corrección: destituyó al director de “La casa del poeta”, Andrés Carreño, cuya obra literaria (“Cabaret Misterio” se llama su compañía) cabe en una tasa de café y sobra espacio. Pero él no era el problema. Era nada más parte del conflicto.
La confusión entre diversidad y perversidad, sigue vigente.
TOROS
Por todo mundo es conocida la vocación animalista de la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, por eso un artículo inadvertido en la Ley de Protección, Cuidado y Bienestar Animal del Estado de México, es notable:
Artículo 41. Quedan exceptuados de lo dispuesto en los artículos 39 y 40 de esta Ley, los destinados a charrería, lidia de toros, novillos o becerros, jaripeos, peleas de gallos y el adiestramiento de animales pertenecientes a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad, así como aquellos destinados a labores de seguridad y guarda, con fines cinegéticos, de rescate o asistencia, siempre que cuenten con autorización vigente y se realicen en lugares apropiados para cada actividad, las cuales, deberán sujetarse a lo dispuesto en las leyes, reglamentos y demás disposiciones jurídicas aplicables”.
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