Opinión

Hacia la desintermediación política

Redes Sociales

Cada vez es más evidente la crisis de los partidos políticos tradicionales quienes durante décadas fueron los intermediarios principales entre las instituciones del Estado y los ciudadanos. El declive partidario aceleró los procesos de desintermediación que son típicos de aquellas sociedades donde la tecnología ocupa cada vez más los espacios sociales y políticos. La desintermediación es el proceso mediante el cual se eliminan, reducen o debilitan los intermediarios que tradicionalmente conectaban a distintos actores sociales, económicos o políticos. El desarrollo de la tecnología digital ha abierto amplios espacios al proceso de desintermediación que abarca diversos ámbitos. En la economía y las finanzas describe situaciones en las que productores y consumidores establecen relaciones directas sin necesidad de bancos, distribuidores o agentes. Sin embargo, hoy tiene una enorme relevancia política y cultural.

Actualmente, los actores de la política utilizan las redes sociales para comunicar no solo de manera directa sino también interactiva con la población. El proceso de desintermediación acontece tanto en lo “bajo” representado por la base social, como en lo “alto” identificado con los liderazgos y la clase política. En el primer caso los ciudadanos, gracias a los recursos proporcionados por las diferentes plataformas digitales, pueden auto-representarse sin necesidad de las organizaciones que cumplían las funciones de la mediación y de vehículo de las demandas hacia la esfera pública. En el segundo caso las mismas élites políticas y mediáticas interactúan directamente con la base utilizando los instrumentos de la comunicación digital. Es por esto que la desintermediación política se refiere al debilitamiento de las instituciones que tradicionalmente mediaban entre la población y el orden político.

La desintermediación política involucra a partidos, sindicatos, organizaciones sociales, medios de comunicación tradicionales y a diversas asociaciones civiles. Gracias a las redes digitales, muchos líderes políticos pueden comunicarse directamente con la ciudadanía sin pasar por estas estructuras. En el espacio virtual se mueven sujetos que pueden ser definidos como nuevos influencers entre los que se encuentran celebridades, bloguers, periodistas, políticos e incluso, algunos líderes de partido. La desintermediación tiene sus propias consecuencias políticas: unas de tipo positivo representadas por la mayor cercanía entre gobernantes y gobernados, la circulación más rápida de las informaciones, una menor dependencia de burocracias partidistas y por la mayor capacidad de movilización social; y otras negativas representadas por el debilitamiento de los mecanismos de representación, la personalización extrema de la política, el

ascenso de liderazgos populistas y carismáticos, la difusión acelerada de noticias falsas y desinformación, así como de la polarización política.

Autores como Max Weber, Jürgen Habermas y Pierre Rosanvallon han estudiado desde distintas perspectivas, la importancia de las mediaciones institucionales en la vida democrática. La democracia moderna no funciona únicamente mediante la relación directa entre líderes y ciudadanos, necesita instituciones que procesen demandas, organicen intereses y transformen conflictos sociales en decisiones colectivas legítimas. Cuando estas mediaciones se debilitan, puede surgir una relación directa entre un líder y el pueblo, pero también aumenta el riesgo de la concentración del poder y de erosión de los contrapesos democráticos. Desde una perspectiva contemporánea, la desintermediación puede entenderse como la crisis o sustitución de las instituciones que median entre la sociedad y el poder, fenómeno impulsado por la revolución digital, la desconfianza hacia las élites tradicionales y la transformación de las formas de la representación política.

Por ello, la desintermediación política constituye uno de los rasgos centrales de las democracias del siglo XXI sobre la base de un dilema: ciertamente amplía las posibilidades de participación directa, pero al mismo tiempo pone en cuestión los mecanismos institucionales que históricamente han garantizado la representación, la deliberación y el pluralismo. En el plano de la cultura política el ciudadano ha asumido progresivamente un perfil diferente respecto al pasado, poniendo en movimiento procesos de movilización cognitiva y desafección partidaria.

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