
Mientras millones de personas celebran los triunfos de México, hay otra historia que vale la pena contar. Una que no tiene reflectores, ni goles, ni héroes deportivos. Es la historia de una ciudad que intenta demostrar que la alegría colectiva también puede ser ordenada, limpia y responsable.
Después del partido contra Corea, más de 700 mil personas tomaron las calles de la Ciudad de México. Miles llegaron al Ángel de la Independencia, a Paseo de la Reforma, al Zócalo y a distintos puntos de reunión. La fiesta fue enorme. Pero detrás de cada bandera ondeando, de cada abrazo entre desconocidos y de cada grito de gol, hubo una operación gigantesca que muchas veces pasa desapercibida.
Para el encuentro de hoy, la capital desplegará más de 20 mil servidores públicos. Trece mil policías, más de siete mil trabajadores de salud, protección civil, movilidad, gobierno y servicios urbanos. Habrá 48 puntos gratuitos para disfrutar el partido, 18 pantallas en Reforma, nueve en el Centro Histórico, tres en la Alameda y festivales futboleros en las 16 alcaldías.
Pero hay una cifra que llama particularmente la atención: 756 contenedores para separar residuos distribuidos por toda la ciudad. Se trata de una infraestructura capaz de recolectar hasta 150 toneladas de basura, el equivalente a 20 camiones completamente llenos. Tan sólo en Reforma se instalarán 600 contenedores a lo largo de 4.4 kilómetros, desde la Puerta de los Leones hasta Eje Central.
La apuesta es interesante porque cambia la conversación. Durante años nos acostumbramos a que las celebraciones masivas terminaran con montañas de basura. Hoy la meta es distinta: que la mejor afición del mundo también sea la más limpia.
Desde enero de este año separar residuos es obligatorio en la Ciudad de México y la meta es aprovechar el 50 por ciento de los residuos rumbo a 2030. Lo que se recolecte durante el Mundial no sólo será retirado de las calles; parte podrá transformarse en bancas, señalética, contenedores y mobiliario urbano. La basura deja de ser basura para convertirse en ciudad.
Por supuesto, no hay que caer en triunfalismos. La Ciudad de México sigue enfrentando enormes retos en movilidad, seguridad, contaminación y servicios públicos. Nadie debería olvidar eso. Pero también es válido reconocer cuando una política pública intenta resolver problemas y no sólo administrar consecuencias.
El Mundial nos está regalando imágenes extraordinarias: familias enteras celebrando, extranjeros sorprendidos por la hospitalidad mexicana, miles de personas cantando el Cielito Lindo al unísono. Ahora tenemos la oportunidad de regalarle al mundo otra postal: la de una ciudad capaz de organizar una fiesta de cientos de miles de personas y amanecer limpia al día siguiente.
Porque sí, queremos que gane México. Pero también queremos demostrar que sabemos celebrar. Y quizá, en estos tiempos donde abundan las divisiones, cuidar juntos la ciudad sea una de las victorias más importantes de todas.
Por cierto:
1. REACOMODO. Dicen que después del Mundial vendrá el verdadero tiempo de compensación en el Gobierno capitalino. En los pasillos de Donceles y del Antiguo Palacio del Ayuntamiento corre con fuerza la versión de que, una vez concluida la justa mundialista, comenzarán ajustes en distintas áreas de la administración. Nada extraordinario: los cambios suelen ser necesarios para refrescar equipos, acelerar proyectos y corregir inercias. Lo interesante es que, mientras algunos ya hacen cuentas para asumir nuevas responsabilidades, otros revisan con nerviosismo si su nombre aparece en las quinielas. Porque si algo enseña la política es que los relevos siempre generan expectativa… y también más de una noche de insomnio.
2. OJO. Nos cuentan que una resolución electoral volvió a poner sobre la mesa el debate sobre los límites entre la crítica política y la violencia política de género. La diputada panista Daniela Álvarez fue sancionada con una multa de 19 mil 45 pesos por una publicación realizada durante el proceso electoral de 2024 relacionada con la hoy Jefa de Gobierno, Clara Brugada. La legisladora sostiene que únicamente hizo referencia a hechos políticos ocurridos en 2009 y que la sanción derivó de no retirar la publicación cuando fue ordenado. Más allá de posiciones, el caso vuelve a encender la discusión sobre los alcances de esta figura jurídica y su aplicación en el debate público.
Vivo la noticia, para contarle la historia
@juanmapregunta