Opinión

El personaje, su construcción y el contexto (I)

El dueño de TV Azteca cumplió 70 años este fin de semana anunciando que su interés es buscar la presidencia de la República.
Ricardo Salinas Pliego El dueño de TV Azteca cumplió 70 años este fin de semana anunciando que su interés es buscar la presidencia de la República.

En anteriores ocasiones he señalado que para que el análisis político sea lo más preciso posible requiere despojarse de las filias y fobias consubstanciales al ejercicio o búsqueda del poder y de la crítica tan necesaria en el periodismo. El gobernante ensalzará sus logros, por diminutos que sean, y calificará sus fallas como imponderables, “herencias del pasado” o truculencias de sus adversarios. El opositor negará los avances alcanzados, por evidentes que resulten, y magnificará los errores cometidos por quien detenta el poder. El periodista buscará las fallas de unos y otros para señalar, conforme a su ideología e intereses, aquello que, en cualquier caso, entiende como incorrecto o inconveniente. El analista, en cambio, debe ser tan crudo como sea posible para plantear los escenarios más probables de actualizarse conforme a las evidencias de un momento específico.

En un año conoceremos, en lo general y de forma extraoficial, la recomposición política que sufrirán la Cámara de Diputados y más de la mitad de los gobiernos locales. En tres años sabremos los nombres de quienes, con una alta probabilidad, aparecerán en las boletas de la elección presidencial. En cuatro años tendremos los resultados preliminares de la elección presidencial. Desde el gobierno dicen que van muy bien y que los insignificantes traspiés sufridos son jugarretas de sus malquerientes o consecuencias del neoliberalismo. Desde la oposición dicen que el gobierno no atina en una sola y que ellos representan una alternativa para sacar al país del atolladero. Desde la prensa critican a unos por mentirosos e ineficientes y a otros por ausentes y distantes. Desde el análisis político tomar postura no es opción si lo que se quiere es ser serio y objetivo.

Lo anterior viene a cuento porque el personaje que de unos meses a la fecha ha irrumpido en la escena y que en los últimos días ha tomado fuerza e ímpetu es, sin duda, el más controversial cuando se le observa desde cualquiera de los tres espacios que hemos mencionado: gobierno, oposición y periodismo. Para el gobierno, se trata de un neoliberal de ultraderecha dedicado a evadir impuestos. Para la oposición, resulta un ‘outsider’ que refresca el contexto, pero que genera incertidumbre y carece de experiencia. Para el periodismo, es un magnate que se parece más a una estrella mediática que a un político profesional. Para el análisis político, en cambio, significa un sujeto relevante en un contexto poco común que amerita plantear los posibles escenarios por venir.

Desde hace varios años, Ricardo Salinas Pliego ha sido uno de los actores públicos más polémicos en nuestro país. En el último tramo del gobierno de López Obrador su voz comenzó a escucharse cada vez más con críticas hacia el poder, quizá más como mecanismo de defensa por las ofensivas fiscales que desde el gobierno le enfilaron que por una preocupación genuina por la democracia, la transparencia y la honestidad. De ser un magnate con publicaciones ocurrentes en sus redes sociales, pasó a ser un enemigo del sistema y sus integrantes, a quienes bautizó como ‘gobiernícolas’. Tras el triunfo de Javier Milei en Argentina, primero, y de Donald Trump en Estados Unidos, después, el sentido de la crítica comenzó a tomar forma de libertarismo a partir de una férrea defensa de la economía de mercado. El personaje irreverente que construyó como “El Tio Richie” poco a poco se transformó en “Don Ricardo”.

Originalmente autodesmarcado de una candidatura presidencial, decidió desmentirse para encuadrarse como el principal retador de la Cuarta Transformación en el 2030. El pasado jueves 11 de junio, en una publicación de redes sociales y utilizando el Mundial como contexto y escenario, mandó un mensaje claro. Una imagen creada con inteligencia artificial lo retrata de espaldas con su esposa tomándolo del brazo. Ambos están en lo que podría ser un palco del Estadio Azteca, viendo hacia el campo de juego y teniendo encima de ellos el brillo de un sol que deslumbra. La playera de ella trae el número 20; la de él, además de sus apellidos, el número 30. El mensaje es claro: 2030, el año de la elección presidencial y su nombre en la boleta.

El sujeto como personaje, el proceso de su construcción, así como el contexto actual y la previsión de los próximos años, ameritan realizar un análisis profundo de lo que podría estar por venir para México. En las próximas entregas elaboraremos una recapitulación de lo que nos ha traído a este momento y plantearemos distintos escenarios de lo que podría suceder de cara a las elecciones presidenciales de 2030. Por ahora, Salinas Pliego, el Tío Richie, Don Ricardo, ha agitado las aguas de la política nacional.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

Tendencias