Opinión

Ganar por encima de las reglas

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Escándalo en la FIFA El presidente Donald Trump saca tarjeta roja al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, si se porta como él quiere

En 1934, Benito Mussolini solía cenar con los árbitros el día anterior a los partidos de Italia durante el Mundial de futbol realizado en su país. No ha trascendido el contenido de las conversaciones en esas cenas, pero hay un patrón de comportamiento. En los cuartos de final, el árbitro suizo anuló dos goles legítimos a España y la propia Federación Suiza terminó suspendiéndolo de por vida. En la semifinal, el árbitro hasta intervino con un cabezazo en medio de un contrataque de Austria. En la final, el mismo árbitro, antes del partido, hizo el saludo fascista ante el Duce y le perdonó un penal a Italia, que resultó campeón.

Estos datos históricos vienen a cuento para señalar que el actual no es el primer Mundial de futbol en el que interviene directamente un jefe de Estado para cambiar las condiciones a favor de un equipo de su país, como lo ha hecho, de manera descarada, Donald Trump. También sirven para decir que hay un tipo de líderes políticos que se inmiscuyen en todo lo que pueden, y que buscan ganar por encima de las reglas.

En el partido contra Bosnia-Herzegovina, el delantero estrella estadunidense, Folarin Balogun, fue expulsado por una fuerte falta. A todo jugador expulsado de un partido se le aplica una suspensión y no puede participar en el siguiente partido. La FIFA revocó la sanción y permitirá jugar al atacante de Estados Unidos. Trump presumió que eso lo logró él a través de una llamada a Gianni Infantino.

Ante la lluvia de críticas, el mandamás del futbol se defendió afirmando que el cuerpo judicial de la FIFA es independiente, pero la UEFA afirmó que “cruzó una línea roja”. En una declaración sin precedentes, señaló que “el futbol se rige por reglas que constituyen la base de una competencia justa, honesta y transparente. A veces, las reglas son susceptibles de interpretación. En este caso, no”. Siguió una llovizna de comunicados que muestra la diferencia de puntos de vista entre la FIFA y la UEFA.

Trump puede presumir de haber doblado a Infantino (otra vez, recuérdese la tibieza de la FIFA ante la discriminación sufrida por la selección de Irán), pero de esa forma mancha ante el resto del orbe cualquier logro futuro de la selección de su país en el Mundial. De paso, las declaraciones del presidente de EU demuestran que la organización mundial del futbol ha roto su propio reglamento, que prohíbe el involucramiento de la política en su toma de decisiones.

Pasar por encima de las reglas ha sido el comportamiento habitual de Trump durante sus dos presidencias. Su lógica es la de Humpty Dumpty, el personaje de A Través del Espejo: "Cuando uso una palabra, significa lo que yo quiera, ni más ni menos”, le dice el huevo a Alicia, para concluir “La cuestión es saber quién manda, eso es todo”.

Lo hemos visto en la imposición de aranceles y sus cambios a contentillo, en la restricción de visas a partir de la nacionalidad, en la forma de darle la vuelta a las determinaciones judiciales, en distintas intervenciones bélicas internacionales (“fáules tácticos”, diría Kissinger), hasta en las maniobras recientes para no firmar un tratado de libre comercio de mediano plazo para América del Norte. El autócrata hace sus reglas y rompe las ajenas sin pudor.

Detrás de ello está uno de los pilares culturales de los Estados Unidos del último siglo, resumido en la frase del legendario coach de futbol americano Vince Lombardi: “ganar no lo es todo, es lo único”. Aunque luego Lombardi dijo haber sido malinterpretado, el hecho es que entró en la psique estadunidense como el mantra de ganar a cualquier costo en una sociedad ultracompetitiva, que divide a la gente entre “ganadores” y “perdedores”. Trump siempre se refiere a sí mismo como un “winner”.

A diferencia de las amenazas personales, veladas o directas, de Mussolini, el método Trump consiste en chantajes, uso del poder económico de Estados Unidos como arma de extorsión, la manipulación de los hechos y la presunción de que la cancha de juego -en todos sentidos- no tiene por qué ser pareja. He aquí otra distinción clave qué hacer entre fascistas y populistas. Los primeros simplemente desprecian e ignoran las reglas; los otros las distorsionan a su favor, mientras aseguran que están haciendo justicia. No es solamente, ni principalmente en Estados Unidos donde está pasando esto: es una epidemia política mundial, a la que México no es ajeno.

Aceptando que la vida es competitiva, las democracias tienen reglas “que constituyen la base de una competencia justa, honesta y transparente”. Cuando desaparece la certidumbre sobre el uso de las reglas, cuando se utilizan resquicios legales para favorecer a unos sobre otros, se desmorona el pegamento que hace funcionar a las instituciones. Tal vez de eso se trata, de mandar a las instituciones al diablo para que impere la ley de quien detenta el poder.

Escribo esto minutos antes del inicio del partido de Estados Unidos contra Bélgica. Ojalá el entrenador Pochettino decida no alinear a Balogun, pero imagino que será titular por Estados Unidos. Pase lo que pase, a Infantino le tocará navegar, merecidamente, por aguas tempestuosas.

Twitter: @franciscobaez

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