
Cuando hablamos de lavado de dinero, la imagen que suele venir a la mente son grandes operaciones financieras, cuentas en paraísos fiscales o millonarias transferencias electrónicas. Sin embargo, el crimen organizado también opera en la economía cotidiana, en esos negocios de barrio que pasan desapercibidos para el ojo no entrenado. Las casas de empeño, ese espacio donde los mexicanos acuden en busca de un préstamo rápido dejando como garantía una joya, un reloj o un electrodoméstico se han convertido en una de las actividades vulnerables más vigiladas por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).
Desde la entrada en vigor de la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (LFPIORPI), las casas de empeño están obligadas a identificar la totalidad de sus operaciones. No importa si el préstamo es por veinte pesos o por cien mil, todas deben ser documentadas y rastreadas. la razón es sencilla, el otorgamiento de préstamos con garantía, ya sea una cadena de oro o el título de un automóvil, representa un vehículo perfecto para introducir dinero ilícito al circuito formal.
El mecanismo es preocupantemente simple. Una persona con recursos de procedencia ilícita puede acudir a una casa de empeño con un bien de alto valor, por ejemplo una joya, y obtener un préstamo que, en apariencia, es una operación legítima. El dinero que recibe ya tiene una “justificación”, o un contrato de mutuo con interés, pero si el préstamo no se paga, el negocio se queda con la garantía y la vende, generando un ciclo que puede repetirse una y otra vez. Lo que parece un simple préstamo prendario puede ser, en realidad, el primer eslabón de una cadena de blanqueo de capitales.
La normativa ha ido cerrando el cerco. La reforma a la LFPIORPI, publicada en julio de 2025, y con reglas nuevas de operación en 2026, y en espera de otra actualización en breve, reforzó las obligaciones para quienes realizan actividades vulnerables, incluyendo a las casas de empeño, joyerías y comerciantes de metales preciosos, los umbrales son claros, cuando una operación supera las 805 UMA (aproximadamente $94,434 pesos en 2026) debe identificarse al cliente, si el pago es en efectivo y supera las 1,605 UMA ($188,282 pesos), debe presentarse aviso ante la Secretaría de Hacienda vía el SAT.
Pero el verdadero desafío no está en el monto individual, sino en la acumulación. La ley establece que, si una persona realiza operaciones que en seis meses superan los umbrales establecidos, el sujeto obligado debe reportarlo, lo que significa que las casas de empeño deben implementar sistemas que den seguimiento y acumulen las transacciones de sus clientes por períodos de seis meses, pues no basta con la operación suelta, hay que mirar el patrón, que es el punto más frágil de la cadena de cumplimiento, pues muchas de estas empresas, en particular las más pequeñas, operan con sistemas manuales o con herramientas tecnológicas limitadas.
El sector joyero y el de casas de empeño presentan, según reportes de la propia UIF, un volumen muy bajo de avisos en comparación con el volumen real de sus operaciones. Esto no necesariamente indica complicidad, más bien revela un problema de desconocimiento o de falta de capacidad técnica para cumplir. La reforma de 2025, al simplificar trámites y digitalizar procesos mediante el Acuerdo 77/2025, busca precisamente reducir esa barrera, pero ojo, la tecnología no lo resuelve todo, el cumplimiento normativo exige una cultura de prevención que aún está lejos de estar consolidada.
La Evaluación Nacional de Riesgos de Lavado de Dinero 2023 ya había señalado a los comerciantes de metales preciosos, joyas y relojes como una actividad vulnerable de riesgo alto. El monitoreo y el alertamiento de estos sectores no pueden ser opcionales. La UIF es tajante y clara, quienes realizan estas actividades deben implementar medidas de mitigación de riesgos adicionales a las establecidas en la ley.
Mi llamado no es a perseguir a los pequeños comerciantes, sino a entender que el combate al lavado de dinero no puede tener puntos ciegos. La delincuencia organizada no distingue entre una gran financiera y un negocio de barrio. Mientras existan vulnerabilidades en el sistema, el crimen las explotará. Las casas de empeño tienen un papel fundamental en esta batalla. No se trata de criminalizar un oficio legítimo, sino de hacerlo invulnerable a la infiltración ilícita. Porque el dinero sucio, cuando encuentra un cauce, contamina todo el río.
Dr. Luis David Fernández Araya
Especialista en Prevención de Lavado de Dinero y Financiamiento al Terrorismo