Opinión

Hacia el desarrollo sustentable de la agricultura de riego en México, el campo se tecnifica

. Imagen; IA/Copilot

El uso del agua en la agricultura en México representa alrededor del 76% de las aguas disponibles, lo que conlleva a una sobreexplotación severa del recurso, ya que las extracciones para el riego superan por un lado la recarga natural; y segundo, la contaminación, por el uso de agroquímicos, fertilizantes y plaguicidas, que se filtran al subsuelo.

Por ello, la importancia de modernizar la agricultura de forma sustentable se vuelve un tema de agenda inmediata, no sólo por lo que significa para la población la producción de alimentos sino por la cada vez más incesante escasez del agua.

El riego en México no es un tema nuevo, data de tiempos prehispánicos, en donde la chinampa, representó la grandeza ancestral de México en materia de irrigación; hoy sabemos que constituyeron la base para la seguridad alimentaria de la gran Tenochtitlán, al producir los alimentos necesarios en estas “islas flotantes”, en donde la humedad del suelo se recuperaba a través del suministro continuo de agua de los canales que las rodeaban.

En el devenir de México y para asegurar cosechas, muchos manantiales, arroyos y ríos, fueron derivados hacia las parcelas de los agricultores, en forma directa o a través de presas derivadoras. Para institucionalizar estos procesos del riego en el país, se creó la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) en el año 1926, al declararse la irrigación como de utilidad pública en la Ley sobre Irrigación con Aguas Federales, publicada hace ya un siglo.

La CNI tuvo a su cargo el diseño, construcción, operación, conservación y administración de obras hidráulicas para la grande irrigación que ahora constituyen los 86 distritos de riego, y para la pequeña irrigación que acumulan actualmente más de 50 mil unidades de riego.

Es la irrigación fundamental para el desarrollo de México, porque con ello se garantiza el suministro de agua en periodos donde la lluvia no es suficiente y lo requieren los cultivos. El incremento de la superficie con infraestructura hidroagrícola, los saberes locales, la adopción de mejores prácticas y tecnologías, han incrementado sustancialmente la productividad del agua, y contribuido a la seguridad alimentaria de nuestro país; el riego ha sido clave en el incremento del rendimiento promedio del cultivo de maíz, cerca de una tonelada por hectárea durante la primera década del siglo pasado y ahora aproximadamente 10 toneladas por ha, aunque hay zonas que superan las 12 toneladas por hectárea.

No obstante, a 100 años del desarrollo institucional de la irrigación en México, varios son los problemas que han surgido en la agricultura de riego, la degradación de los suelos y la sobreextracción de agua subterránea a niveles no sustentables, el sobreconcesionamiento de los derechos de agua, el incremento en los costos de producción, la volatilidad de los precios de los productos agrícolas, la recurrencia de sequías que reducen los escurrimientos a las presas o la recarga de acuíferos, por mencionar solo algunos.

Además, la intensificación del cambio climático ha agravado la variabilidad en la disponibilidad de agua, lo cual ha incrementado la presión social al mayor usuario de agua, la agricultura.

Ante ello, el reto actual es mostrar que la agricultura puede tener un desarrollo sustentable.

Los cambios en la política hidroagícola en las últimas décadas registraron una fuerte disminución de la inversión en infraestructura, afortunadamente esta tendencia ha sido reconfigurada a partir de la puesta en marcha del programa “México se Tecnifica”, por el actual Gobierno de México, a través de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), con una inversión histórica de más de 60 mil millones de pesos, y que tiene como propósito alcanzar un uso más eficiente del agua en la agricultura, contribuyendo a revertir la tendencia que pone en riesgo los acuíferos del país.

Sin duda, estas grandes inversiones en el desarrollo de la sustentabilidad de la agricultura de riego requieren del apoyo técnico y científico de instituciones académicas y centros de investigación como el IMTA que pueda apoyar en la mejoría técnica y desarrollo de capacidades de la agricultura de riego, para asegurar que productores y grupos de apoyo desarrollen las capacidades necesarias para operar y administrar estos cambios tecnológicos en los sistemas de riego, disminuyendo la presión en las fuentes que abastecen las zonas de riego y las ciudades del país.

*Directora General del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua

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