
Es difícil abordar el tema de Rubén Rocha sin caer en las especulaciones. La opacidad política en el país ya alcanzó los niveles de hace más de medio siglo, en la que los lectores de periódicos escudriñaban las columnas para intentar leer entre líneas cómo se estaban moviendo las distintas fuerzas. Época de los llamados “mentideros políticos”, donde falsedades y verdades se mezclaban constantemente, tiempos de grilla a través de filtraciones y supuestos, años de partido único y falta de democracia.
Lo que sabemos de cierto es que Rocha, tocado por los señalamientos de Estados Unidos de colaboración con el crimen organizado, decidió regresar a la gubernatura de Sinaloa, de la que había pedido licencia. Se encontró con un rechazo fortísimo de parte de la oposición, de Morena -su propio partido-, de los otros gobernadores, de las dirigencias del Congreso de la Unión y, sobre todo, de la ciudadanía sinaloense. Al día siguiente, la presidenta Sheinbaum lanzó un tuit en el que condenaba a quienes anteponían los intereses personales a los de la nación y, pocas horas después, apenas luego de que se había tomado la foto con su gabinete, Rocha volvía a solicitar licencia por tiempo indefinido.
En ese día absurdo y frenético en el que Rocha volvió a la gubernatura de Sinaloa, pudimos ver que los “youtuberos del bienestar” se dividieron, con una clara mayoría condenando el regreso y unos pocos apoyándolo, a los caricaturistas más lopezobradoristas -empezando por El Fisgón- tundiéndole a Rocha Moya y que el único político que se lanzó en su defensa fue el inefable Gerardo Fernández Noroña. También empezó la ola de especulaciones sobre el cínico regreso del político sinaloense. La mayor parte de éstas apuntaban a Palenque.
La presidenta Sheinbaum atajó las especulaciones en la mañanera del lunes, asegurando que se trataba de “política ficción”. Eso sí, dijo que el expresidente López Obrador está bien de salud, contento y terminando de escribir un libro. ¿Cómo lo supo? A través de la esposa de AMLO, su amiga, no vayamos a creer que habló con su antecesor: eso sería política ficción.
Otra cosa que dio a entender Claudia Sheinbaum en esa conferencia fue que Rocha Moya no regresaría a la gubernatura de su estado. Calificó su licencia de “definitiva”, no de “indefinida” (que es como realmente se estableció). Eso significa que esa entidad del noroeste tendría otro gobernador o gobernadora hasta terminar el sexenio, en junio del año próximo. En términos político-electorales, es encontrar una tablita de salvación: resulta que Sinaloa, otrora bastión morenista, es la entidad de la república en la que la presidenta Sheinbaum tiene la menor tasa de aprobación, según la más reciente encuesta de Mitofsky. Es evidente que el caso Rocha y su correlato, la inseguridad que azota al estado, son la principal causa de este fuerte declive. El regreso a la gubernatura del personaje señalado de complicidad con el crimen organizado hubiera sido el equivalente político a ponerle un clavo al ataúd.
Más allá de las especulaciones, cabe hacerse la pregunta de qué fue lo que hizo que Rocha Moya intentara regresar a la gubernatura. ¿Fue, como dice la versión oficial, una decisión personalísima? ¿Por qué se dio esa intentona precisamente en la coyuntura actual? ¿Acaso se le ocurrió a Rocha, como un rayo en cielo sereno, que ya las aguas estaban calmadas, cuando los sucesos de los días y semanas anteriores decían claramente que no? Las casualidades en política suelen ser muy escasas.
Falta ahora saber qué pasará con el gobernador con licencia. Están el señalamiento y la petición de Estados Unidos. Está la investigación a cargo de la Fiscalía General de la República. Están la exigencia de pruebas a EU y la defensa retórica de la soberanía, que muchos han interpretado como defensa de la colusión entre gobiernos y grupos criminales. Pero sobre todo está por verse cuál va a ser la actitud del gobierno federal y de la 4T ante la previsible ola de nuevos señalamientos de parte de EU, que tocarán a distintos miembros de su Movimiento.
Esas definiciones se realizarán, como dijera el clásico, “en lo oscurito”. Lo que es seguro es que las aguas están movidas y turbias. El río suena y está cenagoso. Por lo pronto ya se tragó a ese pez llamado Rubén Rocha. Veremos si caen otros ejemplares, que darán la pelea por salvar el pellejo.
Twitter: @franciscobaezr