
El lunes 31 de agosto más de 85 mil estudiantes de bachillerato y de primer ingreso a la licenciatura iniciaron clases en la Universidad Nacional Autónoma de México. En el caso de estos últimos, el comienzo de su vida escolar como estudiantes del nivel superior está marcado por uno de los episodios más complejos que ha vivido la Universidad en los últimos años: la trampa en el examen de ingreso que obligó a realizar un examen de control que permitiera que a la institución garantizar la integridad y equidad en el proceso de admisión. De las acciones cometidas por empresas que ofrecieron opciones fraudulentas para obtener puntajes altos que facilitaran el ingreso, de la conducta vergonzante de miles de aspirantes que se prestaron al cochupo y el engaño y de la valiente y atinada decisión del Rector Leonardo Lomelí de afrontar el problema ya he escrito y no pretendo repetir lo que en anteriores entregas he mencionado. Es momento de ver hacia adelante y comprender la oportunidad que todos, sociedad, comunidad universitaria y autoridades tienen frente a sí.
A la sociedad mexicana, las circunstancias le presentan la oportunidad de revisar su estructura de valores y principios para priorizar lo que verdaderamente importa y lo que se considera como “éxito” o “logro” frente a la siempre legítima aspiración de la superación personal y profesional. ¿Es tolerable cualquier conducta para alcanzar algo legítimo como fin, pero obtenido mediante el engaño? A las autoridades universitarias, los hechos ofrecen una ocasión para asumir decisiones frontales como las que hasta ahora se han tomado para confirmar que la verdad, la honestidad, la equidad y la justicia son principios elementales de una institución centenaria que forma profesionistas de enorme calidad técnica que no pueden adolecer de condiciones elementales propias de la ética. ¿Se puede ser universitario pleno cuando se cometen actos que atentan contra esos valores a partir de los cuáles se ha construido el prestigio y trascendencia de la Universidad de la Nación?
A la comunidad universitaria – a toda ella, pero particularmente a quienes apenas ingresan – les corresponde asumir el lugar que la historia y la casualidad han determinado para ellas y ellos: pudiendo haber sido identificados como la generación de la trampa, el fraude y el engaño, hoy tienen las condiciones para definirse como la generación de la ética, la verdad y la honestidad. Pudiendo haber volteado hacia otro lado, incluso ocultando lo sucedido o minimizando las consecuencias, la Universidad decidió aceptar los yerros, asumir las consecuencias, enmendar las fallas y construir alternativas. El resultado fue exitoso en esa parte, pero no terminará de redondearse si no se entiende – por parte de todos y no solo de quienes definieron el examen de control como el mecanismo más justo para valorar las condiciones académicas de quienes aspiraban a ingresar a la Universidad – que la conducta ética debe definir la condición de universitaria o universitario. Las y los nóveles universitarios que apenas hace un par de días adquirieron la condición de estudiantes de licenciatura no eligieron estar en esta situación, pero si pueden definir construirse como sujetos que honran la verdad por encima de cualquier tentación.
Jóvenes que hoy engrosar la comunidad universitaria, hagan honor a su condición como una muestra de lo mejor que tiene nuestro país y su centenaria institución educativa, esa surgida incluso antes de que fuéramos patria. En ustedes, en sus pensamientos, palabras y acciones, está la posibilidad de recuperar el rumbo de una sociedad que hoy parece extraviada en lo superficial y en lo vacuo. El ejemplo en el que se constituyan mostrará su efectivamente la lección fue aprendida a cabalidad y no solo como la superación de una difícil prueba cuyas consecuencias se dejan atrás y a las que el tiempo borra o, peor aún, olvida. El orgullo con el que inundan las aulas debe ser sinónimo de constancia y congruencia para el resto de sus vidas y para muestra de los demás. Otro México distinto al que es capaz de lo que sea con tal de obtener cualquier cosa, por muy valiosa que en apariencia parezca, es posible en tanto ustedes se mantengan firmes en sus valores y principios. La generación que ingresa a la Universidad debe ser la de la ética y a las y los mexicanos nos corresponderá reconocerles cuando las huellas de sus pasos se hayan convertido en los senderos que recorramos en el futuro. ¡Goya a todas y todos ustedes! ¡Goya a la ética, la verdad, la honestidad, la justicia y la equidad!
Profesor de la UNAM
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