
Ayer el Consejo Universitario reconoció que el Trabajo Social es una ciencia, un pendiente que tenía desde hace 30 años. Aprobó la transformación de la Escuela Nacional de Trabajo Social en Facultad de Trabajo Social. Horas más tarde se develó la placa en el campus universitario entre aplausos, fotos y discursos.
Pero detrás de esa placa hay una historia de años de trabajo que conozco bien, porque luego del impulso decisivo y continuado de destacados docentes y de las anteriores directoras y directores de la ENTS, el empujón definitivo le correspondió a la maestra Carmen Casas Ratia. Desde que asumió la dirección del plantel se dedicó a tocar puertas, a pedir cartas de apoyo, a gestionar con el poder legislativo, con todos los actores y aliados que apoyaron la iniciativa de convertrinos en Facultad y el proyecto dejara de serlo para volverse realidad. Porque en la UNAM para que te reconozcan, no basta con tener razón. Hay que tener fundamentos.
Y el expediente de Trabajo Social es enorme, con publicaciones, encuentros nacionales e internacionales, especialidades y más de nueve décadas formando a quienes sostienen lo que el Estado no alcanza a sostener. Mientras otros discuten teorías, las trabajadoras sociales están en el DIF, en el hospital, en el reclusorio, en la comunidad que se inundó, en las fiscalías con la víctimas. Son la primera línea del Estado de bienestar que durante este gobierno creció con 42.8 millones de beneficiarios.
Hasta hoy éramos “Escuela”. En el lenguaje no escrito de la UNAM, Escuela es la que enseña un oficio, una profesión y Facultad es donde se produce conocimiento. Con esa lógica decimonónica, Trabajo Social era visto como una carrera técnica, noble, incluso feminizada, asistencial, pero no como una disciplina que genera teoría.
Hoy eso se acabó porque al fin se convencieron a los representantes de la comunidad universitaria y autoridades, lo que dice el dictamen que aprobó el Consejo Universitario: Tenemos un Plan de Desarrollo 2024-2028 sólido y, sobre todo, ya tenemos Doctorado. Ya no solo intervenimos, investigamos. Ya no solo aplicamos programas, los evaluamos, los cuestionamos, los mejoramos desde la academia.
El documento lo dice con claridad, nuestro posgrado “se fundamenta en el análisis del contexto social contemporáneo, caracterizado por problemáticas complejas que demandan enfoques críticos e interdisciplinarios”. En otras palabara, ante un México marcado por la violencia, la desigualdad y los cuidados, ninguna otra disciplina tiene las herramientas de territorio que tiene Trabajo Social para entenderlo con enfoque de género, derechos humanos y sostenibilidad.
No es casualidad que en la misma sesión donde nos hacen Facultad, el Consejo también apruebe que la Unidad Michoacana de Geofísica se vuelva un Centro de Investigaciones de la Tierra y el Espacio para el occidente del país (CITE), y que reforme todo el Estatuto del Sistema de Universidad Abierta y a Distancia.
La UNAM se está moviendo a dos pistas, la descentralización y la digitalización. Necesita facultades fuertes, con doctorado, con capacidad de generar datos estratégicos para gestión de riesgos, para protección de infraestructura, para política social. Ahí entra la nueva FacTS.
Ser Facultad nos obliga a elevar nuestras expectativas en todos los niveles. En el pasado, un argumento para limitar los apoyos era el tamaño de la matricula, después crecimos y luego el prestigio de ser “escuela” se convirtió en un discurso que llegó a caer en la discrimnación. Ahora somos Facultad y tendremos que exigir y exigirnos más presupuesto, mayor número de plazas de tiempo completo, centros de extensión, intalaciones para las áreas de investigación, entre otros.
Y en mi opinión tenemos que intervenir, opinar, analizar la política y las políticas públicas. Si la actual orientación desde la presidencia es la igualdad sustantiva de las mujeres, el reconocimiento de municipios indígenas y afrodescendientes, la autogestión económica, la soberanía y defensa de nuestros bienes naturales, las personas en tránsito o migrantes y que el bienestar se entregue sin intermediarios, ¿quién va a decir si eso funciona o no en territorio? ¿Quien va a tener propuestas para atender, mejorar o reorientar las acciones de las políticas publicas? Si el gabinete de seguridad presume baja de homicidios pero la percepción de inseguridad sigue en 59.8%, ¿quién explica esa brecha entre la estadística y el miedo de la gente? Trabajo Social.
Hoy somos Facultad. No es un regalo. Es una deuda saldada. Y es también la advertencia de que ya no hay pretexto para tratarnos como una carrera del asistencialismo, eso se acabo. Somos la Facultad de Trabajo Social de la UNAM. La que investiga, y la que incomoda, la que transforma.