
Se avecina una nueva era en el tratamiento del cáncer que podría ser similar a lo que ocurrió con los antibióticos y las infecciones. Quizá dentro de algunos años veamos la mortalidad por ciertos tipos de cáncer como algo del pasado. Como vemos ahora, la mortalidad por neumonías adquiridas en la comunidad y por muchas otras infecciones antes de 1930.
El cáncer es un grupo de padecimientos en los que las células desarrollan mutaciones en el DNA que las llevan a un estado en el que proliferan de forma desmedida y desordenada. Las mutaciones confieren a las células la capacidad de expresar en su membrana proteínas anormales que no se expresan en las células sanas. A estas proteínas las llamamos neoantígenos, pero el proceso del cáncer también confiere a las células malignas la capacidad de burlar al sistema inmunológico, por lo que escapan a la detección y, en consecuencia, a la eliminación. Así, pueden instalarse a distancia del tumor original, lo que llamamos metástasis, y generar nuevos tumores.
En los últimos años, investigadores y empresas han trabajado en el desarrollo de terapias individualizadas basadas en neoantígenos. Esto es una terapia personalizada. Lo que se hace es tomar células del tumor y células normales del paciente, y en ambas se secuencia el DNA. Con análisis bioinformático se comparan, con el objetivo de detectar RNA que codifique proteínas nuevas. Es decir, proteínas presentes en las células cancerosas, pero no en las células sanas. Luego, mediante análisis computacional de la estructura de proteínas, se predice cuáles de estas son de membrana y podrían constituir neoantígenos susceptibles de ser reconocidos por el sistema inmunológico. Entonces, se genera una vacuna con el RNA de los posibles neoantígenos (como se hizo con la del COVID) que se utiliza para inmunizar al enfermo, quien, en respuesta a la vacuna, da instrucciones al sistema inmunológico para atacar las células que expresan esos neoantígenos, es decir, las células cancerosas. De esta forma, la terapia es personalizada porque se diseña específicamente para atacar el tumor de cada paciente en particular.
Hace un par de semanas, las compañías Moderna y Merck, en colaboración, dieron a conocer los resultados preliminares de un ensayo clínico controlado con 1,137 pacientes sometidos a extracción quirúrgica de un melanoma (cáncer de piel muy agresivo) con evidencia de estado avanzado del tumor, lo que hasta hace poco era mortal en meses. Los resultados parecen espectaculares y permiten continuar el estudio hasta su finalización. En otras palabras, con una vacuna personalizada han logrado que el sistema inmunitario del paciente detenga el crecimiento del tumor. Digo que se avecina una nueva era, ya que en el sitio donde se registran los ensayos clínicos (clinicaltrials.gov), una búsqueda con la palabra “neoantigen vaccine” arroja al menos 167 estudios en curso para diversos tipos de tumores.
Esto es muy buena noticia. Sin embargo, mi preocupación es que esto va a dividir la salud mundial entre los países que invierten en ciencia y medicina y los que no lo hacen (como el nuestro). Estas terapias no serán como comprar una cajita de pastillas. Se requieren instituciones de alto nivel capaces de secuenciar genomas, identificar neoantígenos y diseñar vacunas en cuestión de días para inmunizar al enfermo. No se pueden tener listas porque están personalizadas para el tumor de cada enfermo. No podrán distribuirse en las farmacias del bienestar. Se necesitan científicos de alto nivel, equipamiento muy costoso, un alto presupuesto de consumo y un gobierno que entienda que la medicina no es gratis. De algún lado tiene que salir el dinero para costearla.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM