Opinión

México e Israel, una relación que genera riqueza

México e Israel

México mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde 1952 y, durante más de siete décadas, ambos países han construido vínculos comerciales, empresariales, académicos y tecnológicos. En el año 2000 dieron un paso importante con la entrada en vigor de un Tratado de Libre Comercio que fortaleció el intercambio bilateral.

Hoy existen alrededor de 400 empresas con capital israelí operando en México y la inversión acumulada de Israel en nuestro país ronda los 2,400 millones de dólares, de acuerdo con cifras reportadas sobre la relación bilateral. Ciudad de México, Jalisco, Nuevo León y Estado de México concentran buena parte de esta actividad.

Pero la historia económica entre México e Israel no se explica únicamente por las empresas que llegan desde ese país. También hay que mirar hacia una comunidad que lleva más de un siglo formando parte de la economía mexicana.

Empresarios mexicanos de origen judío han participado en industrias de diferentes sectores tales como el textil, financiero, inmobiliario y de consumo. Ahí están grupos como Kaltex y HIR, también destacan familias como los Landsmanas, cuyo Corporativo Kosmos es líder indiscutible en la distribución de alimentos con una división filantrópica de apoyo a comunidades desprotegidas.

El peso de esta comunidad también se extiende a otros ámbitos como la cultura y la comunicación, donde aparecen nombres como Jacobo Zabludovsky y Arturo Ripstein, entre muchos otros mexicanos de origen judío que han tenido una presencia relevante en la vida pública del país.

Es decir, la comunidad judía ha jugado un papel muy relevante para el desarrollo económico y cultural de México. Y justamente por eso resulta importante recordar que las relaciones internacionales tienen consecuencias que van mucho más allá de los discursos diplomáticos.

México ya vivió en el pasado los costos de una decisión política equivocada relacionada con Israel. En 1975, durante el gobierno de Luis Echeverría, nuestro país votó a favor de la resolución 3379 de Naciones Unidas, que equiparaba el sionismo con una forma de racismo. La decisión provocó una fuerte reacción internacional y un boicot turístico contra México que afectó los intereses económicos del país.

Aquel episodio terminó obligando al gobierno mexicano a buscar una recomposición de la relación. Con el tiempo, las diferencias quedaron atrás y México e Israel retomaron una agenda de cooperación que hoy abarca comercio, inversión, tecnología, educación y cultura.

Resulta preocupante que en México puedan aparecer expresiones de rechazo hacia una comunidad por su origen o religión, como lo sucedido el pasado 11 de septiembre en la zona de Polanco. Una cosa es cuestionar las decisiones políticas de un país o gobierno, y otra muy diferente es trasladar esas diferencias a ciudadanos mexicanos por el simple hecho de formar parte de una comunidad.

En un país que ha recibido comunidades de prácticamente todos los rincones del mundo, México debería entender que su diversidad también es un activo económico, cultural y social.

La comunidad judía lleva generaciones haciendo negocios, invirtiendo, creando empleos y participando en la vida nacional. Israel, por su parte, representa un socio comercial y tecnológico con el que México ha construido una relación de décadas.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

Tendencias