Opinión

El Real Madrid exigió la dimisión de Javier Tebas, presidente de LaLiga, después de que comparara los métodos de comunicación de Real Madrid TV con los utilizados por Joseph Goebbels.

De Goebbels a Santiago Bernabéu

De Goebbels a Santiago Bernabéu.
Real Madrid De Goebbels a Santiago Bernabéu.

El pasado viernes, el Real Madrid exigió la dimisión de Javier Tebas, presidente de LaLiga, después de que comparara los métodos de comunicación de Real Madrid TV con los utilizados por Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi. Tebas señaló que el canal del club recurría a la repetición sistemática, la construcción de enemigos y la subordinación de los hechos a un relato de persecución. Y aunque aclaró que su comparación no se refería a la ideología nazi, el Madrid respondió en un comunicado que sus declaraciones eran “profundamente ofensivas, moralmente repugnantes e institucionalmente indignas”.

La indignación del club merengue sería más convincente si no jugara sus partidos en un estadio que lleva el nombre de Santiago Bernabéu, un hombre con antecedentes políticos vinculados a la derecha fascista española, que combatió voluntariamente en el ejército franquista y mantuvo estrechas relaciones con algunos de los principales personajes de la dictadura.

Antes de la Guerra Civil, el ex delantero del Madrid, estuvo ligado a las Juventudes de Acción Popular (JAP), organización juvenil de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), cuya cultura política incorporó elementos del fascismo europeo. Según reconstruye el historiador Sid Lowe, Bernabéu, aunque ya no era precisamente un joven, fue secretario de Deportes del comité nacional de las JAP y participó en el célebre acto de El Escorial de abril de 1934, una concentración de estética y retórica fascista.

Posteriormente, durante la Guerra Civil se incorporó voluntariamente al ejército sublevado, pese a que tenía más de cuarenta años y no estaba obligado a combatir. Sirvió en la 150 División bajo las órdenes del general Agustín Muñoz Grandes, quien posteriormente encabezaría la División Azul, enviada por Franco a combatir junto a la Alemania nazi contra la Unión Soviética. Bernabéu participó en la campaña de Cataluña y en el avance de las tropas franquistas hacia Barcelona.

Terminada la guerra, sus relaciones con el nuevo poder tuvieron consecuencias para el Real Madrid, del cual se hizo presidente. Forjó una fuerte amistad con Muñoz Grandes, quien ocupó importantes responsabilidades militares y gubernamentales durante el franquismo. Esa amistad, junto a su pasado en el ejército franquista, le dieron vínculos que le permitieron resolver conflictos y facilitaron su interlocución con las autoridades. La construcción del nuevo estadio, por ejemplo, inaugurado en 1947, se benefició de sus relaciones con sectores financieros influyentes durante la dictadura y de permisos gubernamentales para su construcción que de otra manera habrían sido difíciles de conseguir.

El régimen, por su parte, encontró en el Real Madrid un extraordinario instrumento de propaganda. Las cinco Copas de Europa consecutivas conquistadas entre 1956 y 1960 ofrecieron una imagen triunfal de España cuando el franquismo todavía necesitaba legitimidad internacional. Los éxitos deportivos eran auténticos y el talento de Di Stéfano, Gento y sus compañeros no dependía de ninguna orden gubernamental. Precisamente por eso resultaban tan útiles. Franco podía presentar aquellas victorias como una expresión del prestigio de la España que gobernaba.

Por eso, desde mediados de los años cincuenta Franco y su esposa, Carmen Polo, comenzaron a asistir con frecuencia al estadio Santiago Bernabéu (como se nombró, en 1955, en honor al distinguido presidente del club). Y el recinto acogió celebraciones oficiales del régimen, entre ellas, por poner un ejemplo, las demostraciones sindicales del Primero de Mayo. Una fotografía de 1964 (puede encontrarse en Google) muestra al Generalísimo acompañado por su esposa y por Agustín Muñoz Grandes, el ya mencionado antiguo superior militar de Bernabéu, durante la final de la Eurocopa entre España y la Unión Soviética, que terminó con una victoria para la Furia Roja que, para el franquismo, en palabras del periodista catalán, Manuel Vázquez Montalbán, significó derrotar “al enemigo de fondo, la exportadora de la revolución mundial, de la monstruosa hidra cuya cabeza hemos cercenado en 1939”.

El propio Bernabéu parecía poco dispuesto a recordar públicamente su participación en la guerra. Según se ha documentado, en septiembre de 1976, durante una entrevista con la revista Posible, un periodista le preguntó dónde había pasado aquellos años. Su respuesta fue tajante: “No me gusta hablar de eso. No quiero decir nada”. Ante la insistencia del entrevistador, llegó a amenazarlo.

Todo esto vuelve particularmente interesante, por decirlo de algún modo, la indignación del Real Madrid ante las palabras de Tebas. El club considera moralmente repugnante que alguien compare los métodos de comunicación de su televisora con los de Goebbels. Sin embargo, no parece encontrar un problema semejante en rendir homenaje permanente a un hombre que combatió voluntariamente por Franco y en cuya presidencia el estadio se convirtió también en un espacio de representación de la dictadura.

Esta contradicción quizá revele que el enojo del Real Madrid ante las declaraciones de Javier Tebas no se deba tanto a una comparación histórica desafortunada como al hecho de que, sin proponérselo, el presidente de LaLiga haya tocado una fibra sensible de un pasado sobre el que el club prefiere guardar silencio.

Tendencias