Opinión

Un cielo más abierto

AICM (Mario Jasso)

El levantamiento de las restricciones que afectaban la expansión de las aerolíneas mexicanas hacia Estados Unidos representa una buena noticia para la aviación comercial. La decisión abre la puerta a nuevas rutas, mayores frecuencias y oportunidades de crecimiento para las empresas nacionales. Sin embargo, México todavía tiene pendientes técnicos y operativos que deberá resolver para evitar una nueva degradación de su seguridad aérea.

La decisión de las autoridades estadounidenses se suma a la aprobación de las verificaciones realizadas por la Administración Federal de Aviación (FAA) sobre las operaciones y el funcionamiento de los principales aeropuertos de la Ciudad de México.

Las restricciones impuestas a las aerolíneas mexicanas respondieron a presuntos incumplimientos del acuerdo bilateral de transporte aéreo. Estados Unidos acusó a la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador de aplicar medidas anticompetitivas y discriminatorias contra las compañías estadounidenses para favorecer el traslado de operaciones al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA).

La Cancillería mexicana destacó que el retiro de las restricciones fue resultado del cumplimiento de los compromisos bilaterales y subrayó que la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum revirtió las medidas cuestionadas por EU.

El Departamento de Transporte de Estados Unidos revocó las limitaciones que afectaban operaciones existentes, propuestas y futuras de las aerolíneas mexicanas. Las medidas, endurecidas en octubre del año pasado, incluyeron la suspensión de dos rutas que operaban desde el AIFA, la cancelación de otras 11 previstas desde el AIFA y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), así como impedimentos para abrir nuevas rutas o incrementar frecuencias hacia territorio estadounidense.

Para Volaris, Aeroméxico y Viva, el levantamiento de las restricciones significa recuperar margen de maniobra para ampliar sus operaciones entre la zona metropolitana de la Ciudad de México y Estados Unidos. Durante los 28 meses que duraron las limitaciones, analistas y representantes de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) calcularon pérdidas conjuntas superiores a los mil millones de dólares. El freno a la incorporación de aeronaves y a la expansión de las compañías mexicanas dejó espacio para que sus competidoras estadounidenses aprovecharan las oportunidades del mercado.

México no debe confiarse ya que el problema se ha resuelto por completo. La auditoría técnica de la FAA, concluida a mediados de este mes, identificó 21 observaciones de carácter técnico y operativo que la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) deberá solventar antes de diciembre. El objetivo es evitar una nueva degradación a categoría 2 en febrero de 2027, escenario que volvería a restringir de manera importante los planes de crecimiento de las aerolíneas mexicanas en el mercado estadounidense.

Uno de los obstáculos señalados por funcionarios de la AFAC es la reducción de su presupuesto, que limita su capacidad para atender las observaciones formuladas por las autoridades aeronáuticas estadounidenses. Sin embargo, la falta de recursos no puede convertirse en una justificación permanente. La supervisión, la capacitación y el cumplimiento de los estándares internacionales son indispensables para sostener la competitividad de la aviación nacional.

La aviación mexicana tiene ahora una oportunidad para recuperar terreno y aprovechar la apertura de nuevas rutas. Pero el verdadero éxito no estará únicamente en celebrar el retiro de las restricciones estadounidenses, sino en resolver a tiempo las 21 observaciones técnicas. Febrero de 2027 será la prueba de fuego para que nuestro país demuestre que puede mantener los estándares exigidos y que el crecimiento de su aviación no volverá a quedar sujeto a las sanciones de EU.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

Tendencias