Opinión

México, atrapado por la deuda

Dinero Monedas y billetes que actualmente circulan en el territorio de México (Crisanta Espinosa Aguilar)

El endeudamiento público se ha convertido en uno de los principales desafíos para la economía mexicana. Aunque el gobierno sostiene que los niveles de deuda todavía son manejables, las cifras muestran una presión creciente sobre las finanzas públicas.

Para 2027, la Secretaría de Hacienda estima que el déficit fiscal se ubicará cerca de 3.9% del PIB. Es decir, el gobierno seguirá gastando más de lo que ingresa, aunque busca reducir gradualmente esa diferencia. El problema es que si los ingresos no crecen lo suficiente, la posibilidad de alcanzar esa meta se complica y el endeudamiento termina siendo una de las principales vías para cubrir el faltante.

Al cierre de septiembre de 2026, la deuda pública de México rondaba los 19.6 billones de pesos, equivalente a 52.6% del tamaño de la economía. Aunque este porcentaje es menor al de países como Estados Unidos, Japón y Francia, eso no significa que México tenga la misma capacidad para soportar el endeudamiento.

La diferencia está en que las grandes economías tienen mayores ingresos, mercados financieros más sólidos y mejores condiciones para conseguir financiamiento. Estados Unidos, por ejemplo, cuenta con una ventaja adicional al emitir el dólar, la principal moneda de reserva del mundo.

El verdadero problema para México es cuánto cuesta pagar su deuda y cuánto dinero queda después para invertir en las necesidades del país. Una parte importante del presupuesto se destina al pago de intereses y obligaciones financieras, recursos que ya no pueden utilizarse para construir hospitales, mejorar escuelas, fortalecer la seguridad o ampliar la infraestructura.

A esto se suma el bajo crecimiento económico. Si el país produce poco y genera menos riqueza, también tiene menos posibilidades de aumentar sus ingresos. Y si además la recaudación de impuestos sigue siendo limitada frente a las necesidades del gasto público, el problema se vuelve más complicado.

Por eso, desde hace tiempo se habla de la necesidad de una reforma fiscal que permita fortalecer los ingresos del Estado, combatir la evasión y ampliar la base de contribuyentes. Es una discusión que los gobiernos han preferido aplazar por su costo político, pero que tarde o temprano tendrá que enfrentarse.

En este escenario, la inversión privada adquiere una importancia fundamental. México tiene ventajas importantes por su cercanía con Estados Unidos, su integración comercial y las oportunidades que ofrece la relocalización de empresas. La próxima revisión del T-MEC también será determinante para dar certidumbre a los inversionistas y mantener la integración económica de América del Norte.

Pero para aprovechar esas oportunidades, el gobierno tendrá que atender los reclamos del sector empresarial. La inseguridad, la extorsión, la incertidumbre jurídica y la falta de energía suficiente siguen siendo obstáculos para concretar nuevas inversiones.

México necesita crecer más para aumentar la recaudación y depender menos del endeudamiento. Contraer deuda no es malo, el problema aparece cuando crece más rápido que la capacidad del país para pagarla y cuando los recursos públicos se consumen en cubrir obligaciones en lugar de impulsar el desarrollo.

Ese es el verdadero desafío de las finanzas nacionales. No se trata solamente de cuánto debe México, sino de cuánto le está costando esa deuda y qué futuro puede construir con el dinero que le queda.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

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