
El shooter (o juego de disparos) que marcaría a una generación desde 1993 no solo es recordado por revolucionar los videojuegos en primera persona. Creado por John Carmack y John Romero, DOOM cambió para siempre la historia de la industria. Su motor gráfico, su ritmo frenético y, sobre todo, la inclusión del modo Deathmatch (una partida a muerte), lo convirtieron en el padre de los juegos de disparos en primera persona competitivos (FPS).
Tres décadas después, DOOM también se ha convertido en un meme tecnológico global: si un dispositivo tiene pantalla y algo de potencia, tarde o temprano alguien va a intentar ejecutarlo. Esta obsesión colectiva ha llevado al clásico a lugares que sus creadores jamás imaginaron.

“Si tiene pantalla, corre Doom”
En el mundo de los videojuegos ,DOOM es un viejo conocido que incluso se ha ejecutado dentro de otros, como en Minecraft, gracias a un mod (modificación que altera características o mecánicas de un juego) que permite integrar ordenadores. Pero sin duda el logro más extraño es DOOM corriendo dentro de sí mismo, creando una interesante paradoja.
La creatividad de la comunidad no conoce límites: hemos visto DOOM en cajeros automáticos, en un iPod Nano, en la pantalla de un Porsche 911, en un robot de cocina de Lidl, en la pantalla de una impresora, en un piano eléctrico e incluso en un osciloscopio. Lo más absurdo fue cuando un ingeniero logró ejecutarlo en una prueba de embarazo.
Pero correrlo en objetos está bien, ¿y... qué tal en seres vivos? Así como lo lees, un experimento científico logró que DOOM se ejecutara en bacterias E. coli en una placa de Petri, donde las proteínas fluorescentes servían para “pintar” los píxeles. El resultado fue una pantalla biológica de 32×48 píxeles en 1 bit, aunque tan lenta que un solo fotograma tarda 70 minutos en generarse, por lo que ejecutarlo completo tomaría unos 600 años.
¿Por qué DOOM corre en todos lados?
La respuesta está en su arquitectura visionaria. El juego fue diseñado con separación entre motor y recursos, sus requisitos mínimos eran ridículamente bajos para estándares modernos (un CPU I386 de 16 MHz y 4 MB de RAM) y, tras la liberación de su código en 1997 (bajo una licencia no comercial), nació una comunidad obsesionada con crear source ports (un tercero que puede correr software de videojuegos) para cualquier plataforma imaginable.
Legado
Más que un juego, DOOM es un estándar tecnológico, un desafío de programación y un fenómeno cultural.
A más de 30 años de su lanzamiento, sigue vivo con su última entrega, DOOM: The Dark Ages (2025), que demuestra que la franquicia no solo es un meme, sino una leyenda en constante evolución. Mientras existan dispositivos con pantalla, alguien, en algún lugar, seguirá intentando que DOOM funcione en ellos...
