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Una forma del trastorno depresivo que suele pasar desapercibida y dificulta la búsqueda de ayuda

Depresión funcional: cuando cumplir con todo no significa estar bien

Depresión (Alejandro Gussep)

Trabajan, estudian, responden mensajes, cumplen horarios y viven el día a día, desde afuera parecen personas estables, productivas y “normales”. Sin embargo, por dentro viven con un agotamiento constante, apatía, vacío emocional y una tristeza que no pueden explicar ni eludir . A esto se le conoce como depresión funcional o de alto funcionamiento, una forma del trastorno depresivo que suele pasar desapercibida.

En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, especialistas e instituciones de salud advierten que este tipo de depresión es una de las más difíciles de detectar, principalmente porque no encaja con la imagen tradicional de una persona deprimida.

¿Qué es la depresión funcional?

Aunque no es un diagnóstico clínico separado, la depresión funcional describe a personas que pueden mantener su rutina diaria mientras experimentan síntomas depresivos persistentes.

Quienes la viven pueden cumplir con sus responsabilidades, mantener una apariencia de normalidad, e incluso, ser percibidos como “fuertes” o “resilientes”. Pero al mismo tiempo presentan síntomas} como:

  • Cansancio extremo
  • Falta de motivación o placer
  • Irritabilidad
  • Dificultad para concentrarse
  • Sensación de vacío o inutilidad

El que una persona pueda verse bien externamente no siempre es el verdadero reflejo del estado emocional interno.

La depresión no es solo tristeza

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), para finales de 2025 alrededor de 332 millones de personas presentan depresión, es decir, el 4% de la población mundial. En México, alrededor de 3.6 millones de personas adultas padecen de ello, según datos de la Secretaría de Salud, y se estima que los casos aumentaron tras la emergencia sanitaria por COVID-19.

La depresión es un trastorno de salud mental que va más allá de “sentirse triste”, se puede manifestar a través de alteraciones del ciclo de sueño, cambios en el apetito, falta de energía, dificultades cognitivas y síntomas físicos como dolor o tensión corporal. Si, estos síntomas son mantenidos y duraderos durante al menos dos semanas, se podría empezar a considerarse un episodio depresivo. En el caso de la depresión funcional, estas señales suelen minimizarse o normalizarse, tanto por quienes las padecen como por su entorno.

¿Por qué pasa desapercibida?

Uno de los principales obstáculos para detectar la depresión funcional es una especie de lógica cultural donde “funcionar equivale a estar bien”. Si alguien trabaja, produce y cumple, difícilmente se le va a asociar con problemas de salud mental.

A esto se suma el estigma de que pedir ayuda se percibe como debilidad o exageración, especialmente cuando “todo parece estar en orden”, por ello muchas personas retrasan la búsqueda de atención porque sienten que no están “lo suficientemente mal” o porque creen que pueden (o deben) seguir aguantando.

La OMS advierte que solo una de cada cuatro personas con depresión recibe tratamiento, incluso en países con mayores recursos en salud.

Productividad, silencio y desgaste emocional

La depresión funcional también se relaciona con la cultura de la hiperproductividad, pues el cansancio constante se confunde con el estrés diario; la apatía, con flojera; y el vacío emocional, con falta de motivación.

En este contexto, no es raro que algunas personas recurran al consumo de alcohol u otras sustancias para intentar sobrellevar el malestar. Instituciones como el Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA) señalan que existe una relación frecuente entre depresión, ansiedad y consumo de sustancias, lo que puede retrasar el diagnóstico y agravar los síntomas.

Pedir ayuda cuando “todo parece bien”

Especialistas coinciden en que la depresión no es una cuestión de actitud ni de fuerza de voluntad, y tampoco implica necesariamente de medicación inmediata: el tratamiento puede incluir terapia psicológica, acompañamiento profesional y, en algunos casos, fármacos indicados por especialistas. Buscar ayuda no significa dejar de ser funcional, sino evitar que el desgaste emocional avance hacia cuadros más severos.

Un problema invisible, pero real

La depresión funcional demuestra que el sufrimiento no siempre es evidente. Sonreír, cumplir horarios, salir con amigos y seguir adelante con la vida, no garantiza un bienestar emocional. Hablar de estas formas menos visibles de la depresión es un paso necesario para romper estigmas y ampliar la conversación sobre salud mental.

Porque no todas las personas que sufren dejan de funcionar, pero todas merecen apoyo.

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