
Marzo suele sentirse distinto a cualquier otro mes del año. Para muchos es confuso, impredecible e incluso contradictorio. No es solo una percepción: su clima cambiante, su carga histórica y su papel en el calendario hacen que sea considerado por muchos como el mes más raro del año.
Cambios bruscos de clima
En el hemisferio norte, marzo marca la transición entre el invierno y la primavera. Esto provoca días con frío intenso seguidos de calor inesperado, lluvias repentinas y variaciones extremas de temperatura en muy poco tiempo. De ahí refranes populares como “marzo loco”, que resumen bien su comportamiento.
El mes del equilibrio
Entre el 20 y 21 de marzo ocurre el equinoccio de primavera, un fenómeno astronómico en el que el día y la noche duran prácticamente lo mismo. Este punto de equilibrio simboliza el cierre del invierno y el inicio de un nuevo ciclo natural, algo que refuerza la sensación de cambio constante.
Marzo no siempre fue el tercer mes del año
Una de las curiosidades más llamativas es que marzo fue durante siglos el primer mes del año. En el calendario romano original, el año comenzaba con el equinoccio de primavera, cuando la naturaleza “despertaba” y daba inicio el ciclo agrícola.
Este origen explica por qué algunos meses actuales parecen mal numerados:
- Septiembre era el séptimo mes
- Octubre, el octavo
- Noviembre, el noveno
- Diciembre, el décimo
Cuando se añadieron enero y febrero al inicio del calendario, marzo pasó a ocupar el tercer lugar, pero los nombres de los meses se mantuvieron, dejando una huella histórica que aún usamos sin notarlo.
Un mes cargado de simbolismo
El nombre marzo proviene de Martius, en honor a Marte, dios romano de la guerra y la agricultura. Esto refuerza su doble carácter: es un mes asociado tanto a la renovación y el crecimiento como a la fuerza y el movimiento.
¿Por qué se siente tan extraño?
Marzo es raro porque no es un inicio ni un cierre claro, sino un punto intermedio. No es totalmente invierno ni completamente primavera, no fue pensado originalmente como el tercer mes y concentra cambios naturales, históricos y culturales en muy pocos días.
Por eso, más que extraño, marzo es un mes de transición constante: incómodo, cambiante y, precisamente por eso, único.