
Después de meses de lluvias que ayudaron a limpiar el aire, lo que viene podría sentirse todo menos refrescante, pues se prevé que está sea una primavera con niveles altos de polen y un aumento en las alergias respiratorias.
Especialistas han advertido que este fenómeno no es casual, ya que las lluvias recientes redujeron temporalmente la presencia de polen —un efecto conocido como “lavado”—, pero al mismo tiempo impulsaron el crecimiento de plantas y vegetación, resultando en una polinización más intensa para los próximos meses.
Aunque el fenómeno fue documentado por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, la lógica aplica a muchos otros países, incluido México pues parte de una base simple: más lluvia y más calor dan como resultado más vegetación… y por lo tanto, más polen en el aire.
Esto se traduciría en una primavera complicada para quienes padecen alergias, especialmente personas con rinitis y asma, una población que no solo va en aumento, sino que sus síntomas cada vez se presentan con mayor intensidad.
La alergia ya no es solo de temporada
Uno de los cambios más importantes es que las alergias han dejado de ser un problema exclusivo de primavera. El polen ahora aparece más temprano en el año, dura más tiempo en el ambiente y genera síntomas más prolongados. Detrás de esto hay factores como el cambio climático y el aumento de temperaturas, que adelantan la floración y extienden los periodos de polinización.
A este escenario se suma la contaminación, cuyas partículas no solo irritan las vías respiratorias, sino que también potencian el efecto del polen, haciéndolo más agresivo para el organismo. Además, debilitan las barreras naturales del cuerpo, como la mucosa respiratoria, facilitando las reacciones alérgicas.
En ciudades como la Ciudad de México, donde la contaminación es constante y las temperaturas han aumentado en los últimos años, el comportamiento de las alergias ya refleja tendencias que especialistas describen como una “tormenta perfecta”: temporadas más largas, más persistentes y mayor número de casos.
Además, los cambios en los patrones de lluvia —con periodos más intensos seguidos de calor— pueden favorecer ciclos similares: menos polen en invierno, pero picos más fuertes en primavera.
Lo que parece un problema menor —estornudos, ojos llorosos o congestión— en realidad forma parte de un fenómeno más amplio que mezcla clima, urbanización y salud. Las alergias ya no dependen solo de las estaciones, sino de cómo está cambiando el entorno.