
Aunque muchas veces ha sido criticada, la estrategia de negocios de la llamada “página azul” ha transformado la manera de crear y consumir contenido erótico en la actualidad.
Una nueva economía del deseo
Históricamente, el cuerpo femenino ha sido uno de los recursos más explotados dentro de la cultura popular. La publicidad, el cine, la música y la televisión han construido industrias enteras alrededor de la sexualización de las mujeres, pero los beneficios económicos rara vez terminaban en sus manos.
Esta dinámica comenzó a cambiar con la llegada de internet, en donde las plataformas como OnlyFans abrieron un nuevo modelo económico en el que las personas pueden monetizar directamente su imagen, sin intermediarios tradicionales. El resultado es una especie de democratización del erotismo comercial, donde miles de personas —especialmente mujeres— generan ingresos mediante contenido erótico distribuido directamente a sus audiencias.
Se trata de una tendencia digital que refleja la normalización de una economía del deseo, donde la sexualidad se convierte en una forma directa de capital.
La sexualización no se crea ni se destruye, solo se transforma
La sexualización del cuerpo femenino no es un fenómeno nuevo, pero lo que sí ha cambiado es quién controla ese proceso, durante décadas, las industrias culturales explotaron la imagen de las mujeres sin que ellas recibieran los beneficios. Hoy en día, en cambio, muchas creadoras gestionan su imagen como un activo económico: producen contenido, controlan su narrativa y negocian directamente con su audiencia.
En otras palabras, el cuerpo femenino sigue siendo una mercancía cultural, pero la propiedad de esa mercancía está cambiando de manos.
“Capital erótico”, un concepto controversial
Este fenómeno puede entenderse a través de un concepto conocido como “capital erótico”, desarrollado por la socióloga británica Catherine Hakim. Este plantea que el atractivo físico, el carisma y la sensualidad pueden funcionar como una forma de capital social y económico, al igual que el capital cultural o educativo.
Desde esta perspectiva, el atractivo puede traducirse en oportunidades, visibilidad o ingresos directos, y con la digitalización, la monetización de este capital se ha vuelto más accesible.
Sin embargo, la idea no está exenta de críticas, pues dentro del feminismo, algunas sonas consideran que este enfoque refuerza una lógica histórica en la que el valor de las mujeres sigue vinculado a su apariencia o sexualidad. Desde esta mirada, plataformas como OnlyFans no rompen con el sistema, sino que lo reconfiguran.
El cuerpo financiando la libertad
En un contexto donde la industria cultural es cada vez más precaria, esta discusión adquiere otra dimensión.
Recientemente, la cantante Villano Antillano reveló que, a pesar de recibir ingresos por su música, su principal fuente económica sigue siendo el trabajo sexual. Lejos de verlo como algo negativo, explicó que esto le permite mantener control total sobre su carrera y su proceso creativo.El caso refleja una realidad más amplia: el dinero y las regalías, incluso con cierto nivel de éxito, rara vez son suficientes para sostener una carrera. En ese contexto, el trabajo sexual/erotico puede convertirse en una estrategia de independencia creativa. Permite evitar presiones externas y dedicar tiempo al arte sin depender de la industria.
Más allá del estigma, lo cierto es que muchas mujeres utilizan esta —y otras plataformas similares— como una herramienta para financiarse de manera independiente. No solo se trata de cubrir necesidades básicas o apoyar a sus familias, sino de algo más profundo: la posibilidad de sostener sus propios sueños.
Para algunas, estos ingresos representan la oportunidad de practicar un deporte de alto, para otras, es el capital inicial para emprender un negocio propio, estudiar una carrera, producir proyectos artísticos o invertir en ideas que difícilmente encontrarían financiamiento en los canales tradicionales. A todo esto sumándole el factor de total independencia en cualquiera de ellos.
En ese sentido, plataformas como OnlyFans no solo funcionan como una fuente de ingresos, sino como una vía para construir autonomía. Permiten que muchas mujeres tomen el control de su tiempo, de sus decisiones y del rumbo de sus proyectos, sin depender de una empresa, una institución o incluso de una pareja.
Un gigante digital entre la polémica
OnlyFans, con sede en el Reino Unido, se ha consolidado como uno de los grandes actores de la economía de los creadores, con cientos de millones de usuarios y un modelo basado en la suscripción directa. Sin embargo, su crecimiento también ha estado acompañado de críticas: desde la dificultad para regular ciertos contenidos hasta cuestionamientos sobre las condiciones laborales y su impacto en la industria del entretenimiento para adultos.
A esto se suma la reciente muerte de Leonid Radvinsky (23 de marzo del 2026), figura clave en la expansión de la plataforma, cuyo legado combina tanto el impulso de este modelo económico como las controversias que lo rodean. Y quien, sin embargo, también forjó una imagen de filántropia donando a causas como a la ayuda humanitaria para Ucrania, investigación oncológica y financiamiento de proyectos tecnológicos.