
Itzel Moreno Vite, profesora investigadora del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), en conjunto con Braulio César Anguiano Salazar, Dulce Valeria García Ortiz y Jair Moisés Aquino Camarena, estudiantes de la Licenciatura en Psicología, desarrollaron un estudio experimental para analizar los efectos a largo plazo de dos variantes de valproato, un fármaco anticonvulsivante y estabilizador del ánimo, en el desarrollo corporal, hormonal y reproductivo de las mujeres.
Desde el inicio, el proyecto nació con una mirada feminista y a partir de una inquietud muy clara: durante mucho tiempo, los estudios de medicamentos en personas o en animales se han realizado casi exclusivamente con varones, y sus resultados se han aplicado de forma general, sin tomar en cuenta las diferencias propias del género ni la falta de investigaciones enfocadas en personas con discapacidad.
Un enfoque contrario a los sesgos tradicionales
Por ello, el proyecto plantea lo contrario: analizar de manera específica los efectos de este fármaco, ampliamente utilizado para tratar la epilepsia y otros trastornos neurológicos como la bipolaridad, las manías agudas, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), así como la migraña; no obstante, su consumo durante la gestación puede causar malformaciones y alteraciones en el desarrollo cerebral del feto.
Con el apoyo del Comité Institucional Ético para el Cuidado y Uso de los Animales de Laboratorio (CICUAL) y la asesoría de la Dirección del Bioterio de la UAEH, el equipo de investigación trabajó con tres grupos de ratas wistar hembras: uno de control, conformado por seis ejemplares que no recibieron medicación; y dos grupos experimentales a los que se les administró valproato de sodio y valproato de magnesio, en dosis de 75 y 125 mg, respectivamente, tres veces por semana durante seis meses, correspondientes a la primera etapa del estudio.
Tres fases de investigación
La investigación se realizó durante un año, periodo en el que se implementaron tres fases. La primera, a cargo de Braulio César Anguiano Salazar, consistió en analizar los efectos del valproato de sodio sobre las hormonas y el control del peso. En esta etapa se observó un incremento tanto en los niveles de estrógenos como en el peso corporal, además de una relación con la inducción de colestasis, una alteración en el flujo de la bilis del hígado hacia el intestino.
Para la segunda etapa, Dulce Valeria García Ortiz estudió a las mismas ratas de la fase inicial, pero durante un proceso reproductivo cuidadosamente vigilado. Aunque la literatura médica indicaba que el fármaco se elimina del organismo poco después de suspender su consumo, el equipo buscó identificar si sus efectos podían persistir y manifestarse durante el embarazo y en las crías.
Los resultados mostraron complicaciones relevantes tanto en las etapas perinatales como posnatales, además de diferencias en el número de crías. Las ratas tratadas con valproato de sodio tuvieron camadas de 16 a 18 crías, mientras que aquellas que recibieron valproato de magnesio presentaron camadas de tres a cuatro ratones; asimismo, se registró una mayor presencia de hembras que de machos.
Evaluación cognitiva en la segunda generación
Por otra parte, la tercera fase, que actualmente se encuentra en desarrollo con Jair Moisés Aquino Camarena, consiste en observar los efectos a largo plazo en esta segunda generación de roedores. Para ello, las crías fueron evaluadas mediante el “Laberinto acuático de Morris”, una prueba de comportamiento utilizada para medir el aprendizaje y la orientación espacial a partir de la memoria a corto y largo plazo.
La prueba consistió en colocar a las crías en una piscina circular transparente llena de agua, en la que se ubicó una plataforma traslúcida que debía ser localizada por el animal para poder escapar.
El equipo observó que algunas ratas encontraron rápidamente la plataforma; otras, en cambio, parecían no reconocerla o dudaban en subirse a ella, por lo que optaban por buscar otras formas de salir del laberinto.
La hipótesis del grupo de investigación es que los medicamentos suministrados a las madres desde la primera fase provocaron afectaciones en el desarrollo neuronal de algunas crías, particularmente en su capacidad para procesar el espacio y tomar decisiones adaptativas.
Vinculación académica y enfoque bioético
Sin embargo, para corroborar o refutar esta hipótesis, es necesario realizar análisis histopatológicos de las estructuras cerebrales. Para ello, el equipo se vinculó con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con el apoyo de Diego Estrada Luna, coordinador de Investigación del ICSa, con quien Itzel Moreno Vite desarrolla también un proyecto sobre el efecto de los probióticos en casos de Alzheimer.
Cabe señalar que, para llevar a cabo esta investigación, se empleó un método no invasivo, basado en el entrenamiento previo de los animales para la administración de las dosificaciones mediante jeringa y la obtención de datos de presión arterial a través del Sistema CODA.
Todo ello tuvo como finalidad aplicar una metodología con enfoque bioético, en la que las ratas no fueran sometidas a estrés, dolor ni ansiedad, ni desarrollaran enfermedades como la neumonía. Para lograrlo, el personal del Bioterio de la UAEH, con formación en medicina veterinaria y técnicas no invasivas, brindó asesoría constante al equipo de investigación.
Un llamado a una ciencia más incluyente
Por último, las y los investigadores Garza exhortaron a la comunidad científica a realizar más estudios enfocados en mujeres, personas con discapacidad y sectores históricamente vulnerados, alejándose de los sesgos que han prevalecido en el gremio durante décadas y que impiden una intervención integral, pues la ciencia, cuando se hace con empatía, también transforma la manera en que entendemos el cuidado, la salud y la diversidad de los cuerpos.