
Asistí al encuentro con mi playera grabada con una ecuación que no comprendo en cada fórmula; sin embargo, entiendo lo que significa en su conjunto. Pero los físicos con quienes me encuentro la leen como si les hablara: es la ecuación del modelo estándar, la cual permite describir con un lenguaje humano los fundamentos de la naturaleza desde su nivel subatómico.
El físico y escritor Gerardo Herrera Corral nos la explica con entusiasmo. El divulgador José Gordon le presta atención junto con otras personas no científicas a las afueras del auditorio del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), en la Ciudad de México. La astrónoma Emma Sanders también está complacida de ver un producto “pop” clásico de su espacio de trabajo, el CERN.
La Organización Europea para la Investigación Nuclear, (CERN, por sus siglas en inglés) es sede del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), una imponente máquina que hace colisionar partículas a casi la velocidad de la luz para conocer mejor la materia al “desmadejarla” a nivel subatómico.
De esta forma, el organismo de colaboración internacional más grande del mundo logró hallar evidencia del Bosón de Higgs, una partícula elemental que dota a las demás de materia –los físicos no están convencidos del nombre de “partícula de dios”, pero entienden que es una buena forma de popularizar el tema.
La física puede no ser el área de la ciencia más popular ni sencilla para hacer divulgación y comunicación, y la física de partículas enfrentaría retos similares e incluso mayores. No obstante, el CERN, uno de los centros de investigación más importantes y populares del mundo –quizá sólo después de la NASA– no se podía dar el lujo de dejar fuera de su ecosistema social y educativo a estudiantes del nivel básico y a la población general.
PUERTA DE ACCESO A LA CIENCIA.
Este tipo de temas fascinantes son difíciles de explicar, por ello el CERN emprendió un programa educativo que ha resultado exitoso, en buena medida por la gestión de Emma Sanders en el equipo que desarrolla exposiciones para el CERN Science Gateway, uno de los “Mejores Lugares del Mundo”, según la revista Time en 2024.
La astrónoma británica, en los días de visita en México en la edición 2025 de El Aleph, Festival de Arte y Ciencia, relató en entrevista los retos que ha enfrentado esta labor educativa, también relata algunas anécdotas en torno a ello.
“La física de partículas no es algo que se piense inmediatamente inculcar a los niños pequeños. Así que, si no te preguntas los retos e implicaciones que tiene esta tarea, creo que se empieza con el pie incorrecto”.
“Así que fuimos a hablar con la gente a la que queríamos interesar en las exposiciones antes de empezar a trabajar en éstas, como a los profesores de primaria, para averiguar qué podría interesarles de una visita al CERN y qué barreras podrían encontrar para venir. Partimos de ahí”.

La popularidad y alcance del CERN más allá de la región entre Suiza y Francia, cerca de Ginebra, es grande.
“Mucha gente lo conoce y quiere ir, y podríamos simplemente quedarnos tranquilos y estar contentos con eso. Creo que eso es lo especial de este nuevo proyecto, Science Gateway, ya que queríamos encontrar maneras de conectar con niños mucho más pequeños antes de que se interesaran por la ciencia, pero también con gente que no necesariamente elegiría ir a aprender sobre ciencia en una tarde lluviosa de domingo, en busca de un lugar donde divertirse con su familia. Y si lo haces bien en el espacio para que suceda de esta forma, es muy probable que los niños vayan a explorarlo más a detalle desde sus dispositivos”.
DIVERSIÓN QUE EMPODERA.
Despertar la chispa de la curiosidad en los niños tiene un poderoso efecto capaz de cambiar su percepción sobre el mundo que nos rodea, agrega la científica, quien rememora su propia experiencia que la llevó a experimentar la ciencia.
Cuando tenía alrededor de diez años, sus padres la llevaron a un centro de ciencias, un laboratorio de investigación donde había un dispositivo con botón que al presionar imprimía señales de radio del Sol.
“Pasé toda la tarde con el dedo en ese botón y conseguí metros y metros de esta cinta con señales que después utilicé para decorar mi habitación. Estoy segura de que no es lo que esperaban que hiciera, pero me divertí y sentí que podía divertirme en ese centro de ciencias”.
Años más tarde, relata, regresó a este centro para realizar su posgrado y rememorar aquella experiencia que ahora cobra significado con el trabajo educativo y de divulgación que realiza. “Creo que divertirse en un entorno científico es extremadamente empoderador. No necesitas llenar a la gente de conocimiento, necesitas crear esa pequeña chispa de curiosidad y permitirles sentirse cómodos, luego se irán y buscarán ese conocimiento. Ahora tenemos múltiples formas de hacerlo”.
¿UN MUNDO SIN ACELERADORES DE PARTÍCULAS?
Con motivo de su charla y del imaginario que podemos hacernos del CERN o de las imponentes máquinas que aceleran y colisionan partículas a la velocidad de la luz, recuerdo una parte de la historia del libro “El Problema de los Tres Cuerpos”, adaptado a la serie televisiva occidental que me llevó a éste (también existe una versión china, me entero mientras escribo esto, del escritor Liu Cixin, publicado en 2006).
En el libro de ciencia ficción, una civilización alienígena busca frenar el desarrollo de la civilización terrestre quebrantando su ciencia, para lo cual uno de sus objetivos es detener las operaciones de los aceleradores de partículas como el LHC.
En ese sentido y tras mi explicación a la astrónoma en torno a un libro y una serie que no conocía y de los cuales no muestra demasiado interés, le pregunto a Emma ¿cómo podemos imaginar un mundo sin aceleradores de partículas o sin el trabajo del CERN y el LHC? Su respuesta, al igual que antes, es abundante y no unidireccional.
“Creo que debemos ser humildes y recordar que toda la ciencia está interconectada. Eliminar una rama de la ciencia frenaría muchas cosas importantes, pero creo que otras, de alguna manera, crecerían en ese espacio. Pienso que la ciencia ya no funciona aisladamente como antes y las diferentes ramas se unirían para cerrar la brecha.”
“No quiero decir que, al eliminar la física de partículas no tendríamos la World Wide Web [desarrollada en el CERN en 1989], por ejemplo. Quizás otras personas habrían tenido la necesidad de comunicarse a escala mundial y lo hubieran logrado, simplemente sucedió que el CERN tenía esa necesidad, el conocimiento y la capacidad en ese momento”.
Añade que la humanidad se las habría arreglado de otra manera, desde otra área.
“Dicho esto, existen tecnologías extremadamente importantes que surgen de lugares que hacen ciencia fundamental y que expanden los límites de las tecnologías. Sin embargo, para mí, esa no es la razón principal para justificar tener un acelerador de partículas, que es uno de los muchos instrumentos que tenemos para explorar.”
“Así que creo que no. Si quitáramos los aceleradores de partículas no perderíamos ese deseo de explorar, pero tenerlos nos aporta piezas importantes del rompecabezas para comprender el universo y otras más provienen de muchas otras disciplinas. Todo funciona en conjunto.”
“No quisiera dar la sensación de que somos la clave de todas las formas de explorar el universo. Por ejemplo, algo que dije en mi charla fue que, para ver más allá del fondo cósmico de microondas la única manera de hacerlo ahora mismo es usar aceleradores de partículas. Espero mucho que algún día también podamos utilizar ondas gravitacionales y fabriquemos instrumentos lo suficientemente sensibles para detectar las ondas gravitacionales del Big Bang. Esa sería una herramienta de análisis increíble. Probablemente debí haber empezado por esto para responder a tu pregunta”.
*Colaboración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM