El extinto volcán Cofre de Perote, una de las montañas más importantes de México, se eleva imponente desde la planicie costera del Golfo de México hasta los 4,200 metros de altitud en la confluencia del Eje Volcánico Transversal y la Sierra Madre Oriental. Esta magnífica montaña fue nombrada por los pobladores originarios de descendencia nahua como Nauhcampatépetl, que significa «montaña cuadrada» o «señor de las cuatro direcciones».
La leyenda popular cuenta que el nombre de esta montaña deriva de Pedro, un corpulento soldado apodado “Pedrote”, que viajaba con Hernán Cortés hacia Tenochtitlán en 1519 y que cargaba un cofre de madera. Hay que imaginar que, “Pedrote”, al ser visto a la distancia por sus compañeros que marchaban por detrás, cerca de la cima, donde naturalmente no hay árboles, notaron la semejanza entre Pedro y su cofre con la montaña y la enorme roca cuadrada en la cima, y la nombraron el Cofre de Pedrote. Con el tiempo, el nombre derivó en Cofre de Perote.
El Cofre de Perote emerge de una larga y compleja historia geológica que se remonta a unos 20 millones de años. Después de un largo periodo de quietud, erupciones masivas dieron su forma final hace casi dos millones de años, y en un periodo de entre 240 y 400 mil años, continuos escurrimientos de lava formaron laderas rocosas y el colapso de los domos al oriente configuró paisajes abruptos en dirección al mar. En esta complejidad geológica, la vida avanzaba y retrocedía en la montaña debido a marcados ciclos de calentamiento y enfriamiento de las condiciones climáticas.
Por su ubicación geográfica, el Cofre de Perote ha favorecido condiciones climáticas amplias y variadas, desde las tierras bajas hasta la cima. Los cambios en la temperatura, asociados directamente a la elevación, se combinan con la entrada de vientos cargados de humedad procedentes del mar para generar una diversidad de ambientes en su compleja topografía.
A gran escala, hay una franja altitudinal donde se concentran las nubes y las lluvias, donde crecen los bosques tropicales de montaña o bosques mesófilos. Por encima de esta franja, las asociaciones vegetales son más bien secas y de climas templados a fríos como los bosques de pino-encino y de coníferas, y más arriba, donde ya no hay árboles, hay pastizales naturales. Por debajo de la franja de nubes predominan los bosques tropicales de tierras bajas, ya sean secos o húmedos, según su exposición al viento. Toda esta diversidad geológica y climática ha favorecido la evolución de un gran número de especies de plantas y animales en el Cofre de Perote. Razón por la cual el Nauhcampatépetl representa un escenario ideal para comprender los factores que modulan la distribución de la biodiversidad y cómo las especies responden al cambio climático.
El cambio climático, un fenómeno impulsado por las actividades humanas, se ha intensificado desde la revolución industrial, hace aproximadamente 250 años, debido a la emisión descontrolada de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y metano a la atmósfera. La acumulación de estos gases de efecto invernadero ha resultado en el incremento de la temperatura a escala global. Los efectos del cambio climático sobre la vida del planeta son múltiples y complejos. En este escenario, las montañas y los insectos brindan información relevante y confiable sobre los efectos del aumento de la temperatura.
Uno de los grupos de insectos útiles para explorar cómo ha cambiado la diversidad en las montañas debido al aumento de la temperatura es el de los escarabajos coprófagos. Estos insectos, que se alimentan y reproducen en el excremento de vertebrados, son sensibles a variaciones de temperatura y humedad. Al alimentarse de excremento y enterrarlo en el suelo, contribuyen a mejorar sus condiciones fisicoquímicas y a controlar poblaciones de parásitos e insectos plaga que afectan tanto a los animales silvestres como a los domésticos. Contribuyendo de esta manera al funcionamiento de los ecosistemas naturales y los agroecosistemas, como los pastizales para el ganado.
Los escarabajos coprófagos son diversos en las montañas de México. Una característica de estas montañas es que en ellas ocurre el traslape de especies de escarabajos coprófagos con distinta historias biogeográficas y, por lo tanto, con diferentes requerimientos ecológicos: las neotropicales, adaptadas a climas cálidos provenientes del hemisferio sur, que habitan las tierras bajas, y las especies holárticas, adaptadas a climas templados provenientes del hemisferio norte, que son frecuentes en las partes altas de las montañas. El traslape de fauna de distinta afinidad biogeográfica ha dado lugar a lo que hoy se conocemos como la Zona de Transición Mexicana.
Un estudio de largo plazo en el Cofre de Perote, que abarca desde la década de los 90 hasta el 2015, muestra que la diversidad y la distribución altitudinal de los escarabajos coprófagos han cambiado en 25 años como consecuencia del aumento de la temperatura. En este periodo se detectó la pérdida del 16% de las especies y el declive del 31% del total de individuos. Esto coincide con el patrón global descrito por los entomólogos como el colapso de los insectos, con implicaciones aún desconocidas para el funcionamiento de los ecosistemas y el bienestar humano.
Un resultado sobresaliente de este estudio es que, en promedio, los escarabajos coprófagos del Cofre de Perote se han desplazado alrededor de 200 metros hacia lugares de mayor altitud. Esto sugiere que en el Cofre de Perote un gran número de especies de escarabajos coprófagos están en movimiento impulsados por el aumento de la temperatura (Figura 1). Lo que da lugar a la tropicalización de las montañas como resultado del aumento de la temperatura en la montaña.

Este estudio y otros muestran que la temperatura del Cofre de Perote ha aumentado entre 1,0 y 1,4 °C en las últimas décadas. Aunque parece un cambio mínimo en las condiciones térmicas de la montaña, este incremento ha afectado de manera distinta a las especies de escarabajos coprófagos según su afinidad biogeográfica. Las especies neotropicales, típicas de las zonas bajas, se han desplazado a lugares más frescos en la montaña. Mientras que las especies holárticas, comunes en las partes altas, redujeron su rango de distribución en la montaña (Figura 1).
La expansión de las especies neotropicales y la contracción de las especies holárticas en la montaña han dado lugar a dos procesos biológicos opuestos: por un lado, la homogeneización de las comunidades de escarabajos coprófagos en las tierras bajas y medias de la montaña. Es decir, actualmente las comunidades de estos insectos son más similares entre sí que en el pasado. Y, por otro lado, la diferenciación de las comunidades de las partes altas. Es decir, actualmente las comunidades de escarabajos coprófagas son más distintas entre sí que en el pasado (Figura 1).
El desplazamiento de los escarabajos de las partes altas de la montaña, adaptadas a condiciones frías y marcada estacionalidad, como es el caso de las especies holárticas, es un fenómeno preocupante. Pues estas especies tienen pocas opciones para responder al incremento de la temperatura, ya que no existe un lugar más alto térmicamente óptimo al que desplazarse, lo cual respalda la hipótesis de la extinción en la cima de las montañas. La extinción local y la disminución de las poblaciones de especies holárticas en algunos sitios donde antes estaban presentes y abundantes tienen consecuencias para la diversidad y el funcionamiento de los ecosistemas de la alta montaña. Un ejemplo de esto son dos especies del género Onthophagus: Onthophagus aerofuscus y Onthophagus chevrolati, reportadas en la Lista Roja de especies en peligro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Ambas especies son comunes en bosques de pino-encino y pastizales naturales por encima de los 1.600 metros de elevación (Figura 2).
En general, aún no entendemos los efectos del cambio climático sobre la historia natural de las especies. Sin embargo, sabemos que el incremento de la temperatura puede modificar la actividad de búsqueda de alimento, afectar las tasas de crecimiento y el tamaño corporal, e incluso el éxito reproductivo de las especies. Por lo tanto, comprender cómo responden las especies al cambio climático es esencial para diseñar estrategias de conservación efectivas. Esta es la razón por la que los estudios de largo plazo son fundamentales para anticipar cómo responderán los ecosistemas de montaña y sus habitantes al cambio ambiental global.
Este estudio demuestra que las montañas y los escarabajos coprófagos de la Zona de Transición Mexicana pueden ser útiles como centinelas de alerta temprana del cambio climático. Pequeñas variaciones en las condiciones climáticas pueden inducir cambios rápidos detectables en la distribución altitudinal de estos insectos. El estudio de los insectos en las montañas es crucial para orientar la conservación de la biodiversidad. Por esta razón, proteger los ecosistemas de montaña y reducir la pérdida de los bosques, ambientes donde puedan refugiarse las especies de los efectos del cambio climático, contribuye a que las especies tengan mayores oportunidades de adaptarse a un mundo ambientalmente cambiante.

* Instituto de Ecología A.C
** Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica A. C.
Referencias
- Hernández-Rivera A et al. 2026. Upwards and downwards: 25 years of global change in the elevational distribution of dung beetles on a mountain of the Mexican Transition Zone. Journal of Biogeography, 53: e70187.
- Luna Gil A et al. 2025. Altitudinal distribution of high mountain forest species in Mexico. Trees, Forests and People, 22: 100990.
- Meza-Joya FL et al. 2025. Forecasting range shifts in terrestrial alpine insects under global warming. Ecology and Evolution, 15: e70810.
- Wagner DL et al. 2021. Insects decline in the Anthropocene: Death by a thousand cuts. Proceedings of the National Academy of Sciences, 118: e2023989118.
Slider. Cofre de Perote (o Nauhcampatépetl). Fotografía: Álvaro Hernández Rivera.