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Mmantiene el libre comercio para la mayor parte de los productos, pero incorpora nuevas obligaciones como reglas de origen más estrictas para la industria automotriz

El T-MEC: lo bueno, lo malo y lo feo

Tratado Para México el tratado ha traído buenos resultados, como por ejemplo la consolidación del acceso al principal mercado de exportación, alcanzando un 80% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte firmado entre México, Estado Unidos y Canadá (TLCAN) en 1992 fue sustituido por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2020 por 16 años. El objetivo principal es generar mejores condiciones comerciales entre los tres países reduciendo los costos y promoviendo el intercambio de bienes.

El T-MEC mantiene el libre comercio para la mayor parte de los productos, pero incorpora nuevas obligaciones como reglas de origen más estrictas para la industria automotriz, requisitos de contenido regional y salarios mínimos para parte de la producción automotriz, nuevas normas sobre comercio electrónico y flujo de datos, capítulos específicos sobre medio ambiente y combate a la corrupción, un mecanismo más ágil para resolver controversias laborales y comerciales y una cláusula de revisión periódica (artículo 34.7).

Para México el tratado ha traído buenos resultados, como por ejemplo la consolidación del acceso al principal mercado de exportación, alcanzando un 80% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos; certidumbre jurídica a empresas internacionales, favoreciendo inversiones en sectores como automotriz, aeroespacial, dispositivos médicos, electrónica, manufactura avanzada, y centros logísticos; fortalecimiento de las cadenas de suministro de Norteamérica; protección frente a nuevos aranceles, y mayor modernización institucional (justicia laboral, libertad sindical, propiedad intelectual, comercio digital, aduanas, transparencia). Esto ha promovido el empleo manufacturero orientado a la exportación y han aumentado las inversiones en infraestructura industrial, parques industriales y logística asociada al nearshoring.

Sin embargo, en el camino se generó una elevada dependencia del mercado estadounidense, así como gran vulnerabilidad ante decisiones políticas de Estados Unidos. El T-MEC entró ahora en su primera revisión obligatoria y Estados Unidos decidió no apoyar la extensión automática del acuerdo por otros 16 años. El tratado sigue vigente hasta 2036, pero entra en un esquema de revisiones anuales, lo que incrementa la incertidumbre para empresas e inversionistas, principalmente en temas relacionados con el sector automotriz, aranceles al acero y aluminio, mayor integración regional, controles sobre insumos provenientes de China, seguridad económica y cadenas de suministro y cumplimiento laboral y ambiental.

Lo anterior significa que en el corto plazo el comercio continúa bajo las reglas del T-MEC, la mayoría de las exportaciones mantiene acceso preferencial al mercado estadounidense y no habrá cambios automáticos en los aranceles. En el mediano plazo la inversión dependerá de la certidumbre que ofrezcan las negociaciones. Seguramente México buscará preservar su ventaja competitiva como plataforma manufacturera para Norteamérica, pero la relación comercial estará cada vez más influida por temas de seguridad económica, competencia tecnológica y reducción de la relación con Asia. Esas son las ataduras.

Ahí el reto, para salir del embudo nuestro país deberá tomar decisiones importantes que fortalezcan la competitividad. Eso implicará diversificar mercados para reducir la dependencia con Estados Unidos, impulsar el desarrollo de tecnología propia, transitar hacia energías limpias, reducir riesgos como los relacionados con la eficiencia hídrica y formar recursos humanos especializados, entre otros. Para México es indispensable aprovechar esta coyuntura para reconfigurar las políticas comerciales y dejar de depender de un solo mercado y sus decisiones.

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