
El suelo es un ecosistema altamente complejo debido a la diversidad de sus características físicas, químicas y biológicas. Conocemos su valor principalmente por su rol agrícola, pero también sustenta nuestros bosques, constituye un hábitat megadiverso para numerosos tipos de organismos, funciona como una esponja y filtro de agua, y representa el principal sistema de almacenamiento de carbono y reciclaje de nutrientes del planeta.
Más allá de estos beneficios conocidos, existen procesos invisibles pero cruciales para su equilibrio, tales como la red de microporos que permite la circulación del agua y el transporte de microorganismos (Figura 1). Además, el suelo tiene la capacidad de actuar como un almacén natural donde algunos virus permanecen resguardados durante meses o incluso años. Tal es el caso para los baculovirus que infectan a las orugas.
Todo comienza cuando una oruga muere a causa de una infección viral; su cadáver libera millones de partículas virales que la lluvia y el viento dispersan sobre las hojas o hacen caer al suelo. Una vez ahí, el suelo las protege de la luz ultravioleta del sol. Tiempo después, estas partículas vuelven a la superficie gracias al arado del agricultor o a la acción de las lombrices de tierra e insectos rastreros. De ahí, las partículas son transportadas al follaje del cultivo por el viento y las salpicaduras de la lluvia, para finalmente ser ingeridas e infectar a la siguiente generación de orugas (Figura 2).

Estudios realizados en México revelaron que una importante proporción de los suelos maiceros albergan baculovirus de forma natural. Esto se debe a la estructura resistente de las partículas virales y a su capacidad para adherirse a determinados componentes del suelo, particularmente a minerales como las arcillas. De hecho, hasta 60% de los suelos en Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo resultaron positivos por la presencia del virus del gusano cogollero del maíz (Spodoptera frugiperda) en cantidades suficientes para iniciar infecciones naturales en esta plaga. Asimismo, en otras regiones reportaron la detección de baculovirus viable en muestras durante más de 40 años, lo cual subraya la gran capacidad de persistencia de estos patógenos.

No obstante, un estudio realizado con un baculovirus que infecta al gusano terciopelo de la soya (Anticarsia gemmatalis) en EE.UU. sugiere que la presencia de bacterias y hongos en el suelo podría reducir la persistencia del virus durante un periodo de hasta dos años. Esta observación requiere una investigación más profunda dado que la abundancia y diversidad de los microorganismos del suelo están determinadas, entre otros factores, por la humedad, el tipo de suelo y su interacción con las raíces de las plantas, las cuales liberan sustancias como aminoácidos y azúcares capaces de modificar las comunidades microbianas. Del mismo modo, la radiación solar puede elevar la temperatura de las capas superficiales del suelo hasta 45–60 °C, niveles suficientes para inactivar los baculovirus. Actualmente, nuestras investigaciones buscan determinar los factores que influyen en la persistencia de las poblaciones de virus en el suelo, mediante la evaluación de variables ambientales, como la temperatura y la humedad, y de factores relacionados con el cultivo, particularmente las prácticas de manejo del suelo y la presencia de raíces (Figura 3).
Como los baculovirus son patógenos naturales específicos a las orugas que no presentan riesgos para los humanos u otros animales o polinizadores, estos virus contribuyen a la reducción del uso de insecticidas sintéticos en el país, fortaleciendo la soberanía y el derecho de la población a recibir alimentos seguros.
Referencias:
- Williams, T. (2023) Soil as an environmental reservoir for baculoviruses: persistence, dispersal and role in pest control. Soil Systems, 7(1), 29. https://doi.org/10.3390/soilsystems7010029.
- Maier, R. M., Pepper, I. L., Gerba, C. P. (2009) Environmental microbiology, segundaedición, pp. 365-383. Academic Press, Nueva York.